En la traumatología japonesa se define como ‘síndrome locomotor’ el estado en el que se debilitan huesos, articulaciones, músculos y nervios y disminuye la capacidad de desplazamiento. Se utiliza como indicador de salud para anticipar la fragilidad y la necesidad de cuidados de larga duración. Con la ayuda de especialistas, Comedydotcom repasa en seis entregas las señales del cuerpo que suelen aparecer primero en la vida diaria, como ponerse los calcetines, subir escaleras o cruzar un paso de peatones. 〈Nota del editor>

“Hay que hacer ejercicio”.
Es una frase habitual tanto en el hospital como en casa. Y es cierta. Pero, cuando uno intenta caminar, le duele la rodilla y se le entumece la zona lumbar. Con solo andar un poco, las piernas se vuelven pesadas.
Mucha gente tiene claro que necesita moverse, pero aun así no consigue empezar. En esos casos, la fuerza de voluntad no basta: lo primero es identificar qué está bloqueando el paso.
¿Qué le impide caminar?
El ‘síndrome locomotor’ (Locomotive Syndrome, síndrome de deterioro de la función motora) describe un estado en el que se deterioran a la vez las funciones de los huesos, las articulaciones, la columna, los músculos y los nervios, y disminuye la capacidad para caminar y moverse. No se trata de una simple falta de ejercicio. Es un problema en el que el dolor, la pérdida de fuerza, la osteoporosis, el deterioro del equilibrio y la claudicación neurógena se combinan y reducen la movilidad de una persona.
El primer punto es el dolor. Si hay artrosis de rodilla, aparece dolor cada vez que se camina. Entonces baja el nivel de actividad, y esa reducción acaba conduciendo a una pérdida de fuerza. Si existe una enfermedad lumbar, estar de pie o caminar durante mucho tiempo puede provocar hormigueo y dolor en las piernas. En ese estado, caminar mucho sin más puede empeorar los síntomas.
También conviene revisar el estado de los huesos. Si hay osteoporosis, aumenta el riesgo de fractura en caso de caída. Las fracturas de columna o de cadera reducen de forma importante la actividad posterior y pueden agravar aún más la sarcopenia.
La fuerza y el equilibrio también cuentan. Si los músculos del muslo y la cadera están débiles, cuesta levantarse de una silla. También resulta difícil sostener el cuerpo en las escaleras. Si, además, disminuye el sentido del equilibrio, cuando se tropieza con la punta del pie no se recupera la postura y aumenta el riesgo de caída.
En la estenosis del canal espinal, la claudicación neurógena —frecuente en estos casos— también puede pasar desapercibida. Al principio se puede caminar, pero al superar cierta distancia las piernas se entumecen y se vuelven pesadas. Luego, tras descansar un poco, se puede volver a caminar. Sin embargo, es fácil confundirlo con una simple bajada de forma.
Yoo Jun-il, profesor del Hospital de la Universidad de Inha (Traumatología), explica que “primero hay que separar las causas que bloquean el paso”. Y subraya que “el orden del tratamiento y del ejercicio cambia según se trate de dolor, fragilidad ósea, pérdida de fuerza o claudicación neurógena”.
No basta con evaluar una vez y darlo por terminado
En el manejo del síndrome locomotor, el orden importa.
Primero se evalúa la capacidad actual para caminar. Se revisan conjuntamente la fuerza para levantarse de una silla, la longitud de zancada en dos pasos, la velocidad de la marcha, los antecedentes de caídas y el grado de dolor.
Después se identifican las barreras que impiden caminar. Se distingue si el problema es el dolor, la debilidad ósea, la falta de fuerza o la presencia de síntomas neurológicos de origen espinal. Luego se trata según la causa. Se controla el dolor articular o de columna, y la osteoporosis se trata para prevenir fracturas. La sarcopenia debe abordarse con ejercicio y nutrición a la vez.
El siguiente paso es volver a moverse. Mediante entrenamiento de la marcha, fortalecimiento de la musculatura de las extremidades inferiores, ejercicios de equilibrio y educación para prevenir caídas, se recupera el movimiento en la vida cotidiana. Tras el tratamiento, conviene reevaluar a los 3∼6 meses. No hay que mirar solo el dolor: también deben revisarse la velocidad de la marcha, levantarse de la silla, la prueba de dos pasos y si ha habido caídas.
Park Hyun-tae, profesor de la Universidad de Dong-A (Laboratorio de Investigación en Salud Digital), describió este proceso como una estructura repetitiva de ‘detección→análisis→intervención→reaprendizaje’. Es un circuito en el que se detectan (Sense) la marcha y la postura con wearables y cámaras, se analiza (Analyze) el nivel de riesgo, se prescribe (Intervene) ejercicio personalizado o terapias digitales, y después se ajusta la intensidad del entrenamiento (Learn & Adapt) a partir de la retroalimentación sobre adherencia y efectos.
Este pasaje ilustra por qué el manejo del síndrome locomotor no debe terminar con una sola prueba.

Estas intervenciones digitales se dividen, a grandes rasgos, en cuatro ramas. Cribado (Screening) para discriminar el nivel de riesgo; monitorización (Monitoring) para observar la marcha diaria y el nivel de actividad; intervención conductual (Behavioral) para mantener el ejercicio mediante fijación de objetivos y motivación; e intervención terapéutica (Therapeutic), como terapias digitales con evidencia clínica o rehabilitación robótica. Entre ellas, según explicó el profesor Park, el entrenamiento basado en robots y realidad virtual que consigue que el ejercicio prescrito se mantenga en la práctica es el que cuenta con la evidencia más sólida.

Esto no significa que la tecnología sustituya al médico. El smartphone, los wearables y los equipos de análisis de la marcha son herramientas de apoyo para comprobar si el plan establecido en la consulta se mantiene en la vida real. Hay que verificar de forma continuada si se recupera la velocidad al caminar, si disminuye el tiempo para levantarse de la silla y si vuelve a aumentar el nivel de actividad, porque solo así puede ajustarse la dirección del tratamiento.
Pero las limitaciones también son claras. Entre quienes inician una intervención digital, una parte importante pierde el interés en pocas semanas. Al integrar los estudios relacionados, la tasa de participación cae con mayor brusquedad entre la semana 1 y la 3 desde el inicio, y a las 8 semanas la tasa final de abandono alcanza el 25∼40%. Ocurre especialmente cuando el uso es complejo, el registro inicial es engorroso, el dolor sube y baja, o la motivación cae por tratarse de ejercicio en solitario.
Señales que requieren consulta hospitalaria
Aun así, si últimamente ha estado a punto de caerse con frecuencia, no debe pasarlo por alto. También puede requerir atención médica si le resulta difícil caminar más de 15 minutos o si, por el entumecimiento de las piernas, necesita descansar para poder volver a caminar. Si el dolor ha reducido las salidas y el nivel de actividad, o si tras un golpe leve persiste durante mucho tiempo el dolor en la zona lumbar, la cadera o la muñeca, también conviene comprobarlo.
Kim Mi-ji, profesora de la Universidad Kyung Hee (Departamento de Ciencias Médicas Convergentes), describió el síndrome locomotor como “una señal que debe identificarse de forma temprana en el camino hacia la fragilidad y los cuidados de larga duración”. Es decir, hay que detectarlo antes: no después de caerse, no después de fracturarse, no después de renunciar a salir de casa.
El ejercicio es importante. Pero, para quien no puede caminar por dolor, la primera prescripción puede no ser “camine más”. Hay que empezar por averiguar por qué no puede caminar.
El objetivo del tratamiento del síndrome locomotor es recuperar la capacidad para volver a caminar. Esa es la respuesta a la pregunta que esta serie ha venido planteando.
