
Después de lavarse la cara, es fácil creer que solo se ha limpiado bien si la piel queda “chirriante”. Sobre todo en días con maquillaje, por miedo a que queden restos, algunas personas recurren a limpiadores muy potentes o se frotan la piel una y otra vez. Pero una cosa es limpiar bien y otra, muy distinta, limpiar con demasiada fuerza.
Hay que retirar el maquillaje, el protector solar, el sebo y otros residuos que se quedan en la piel, pero un exceso de limpieza puede convertirse, precisamente, en una carga para la piel. Los tensioactivos (surfactantes) presentes en los limpiadores eliminan el sebo y la suciedad, pero también pueden afectar a las proteínas y los lípidos del estrato córneo. Algunos estudios señalan que la exposición repetida a tensioactivos agresivos puede influir no solo en la tirantez, la sequedad o la irritación tras el lavado, sino también en la función de barrera cutánea.
La Academia Estadounidense de Dermatología (AAD) recomienda, al lavarse, utilizar un limpiador suave y no abrasivo, hacerlo con agua tibia y con los dedos, con delicadeza. Frotar la piel como si se estuviera “raspando la suciedad” puede provocar irritación. En particular, si la piel es seca o sensible, conviene ajustar la frecuencia de lavado y la intensidad de la limpieza al estado de la piel.
Por la mañana, sebo; por la noche, maquillaje: cambia el objetivo de la limpieza
En los últimos tiempos, además de buscar más poder de limpieza, gana terreno una tendencia: segmentar el ‘cleansing’ según “qué hay que retirar”. La premisa es sencilla: la piel no está igual por la mañana que por la noche.
El objetivo principal de la limpieza matutina es retirar el sebo, el sudor y los contaminantes que se acumulan en la piel durante el sueño. Por la noche, en cambio, toca eliminar también el maquillaje, el protector solar y el polvo y la suciedad que se adhieren desde el exterior a lo largo del día. La AAD aconseja igualmente retirar por la mañana los contaminantes que permanecen en el rostro durante el sueño y, antes de acostarse, eliminar el maquillaje y el polvo, entre otros.
Esta “segmentación funcional” del lavado empieza a plasmarse también en productos de la cosmética coreana. La empresa de estética médica Vaim (VAIM) lanzó recientemente, dentro de su línea de cuidado de la piel Juvelook, dos limpiadores que diferencian el objetivo de la limpieza de mañana y de noche. La propuesta pasa por usar por la noche un “limpiador en leche” para retirar maquillaje y protector solar, y por la mañana un “limpiador en gel” para controlar el sebo y las células muertas acumuladas durante la noche.

El limpiador en leche incorpora, entre otros, ceramidas 10x, y el limpiador en gel contiene ingredientes limpiadores de tipo aminoácido y componentes de cuidado exfoliante de baja irritación. En una prueba de aplicación en humanos realizada por Vaim, tras usar el limpiador en leche el área de residuos dentro de los poros se redujo un 97,15% y el maquillaje de base un 94,98%. En el caso del limpiador en gel, tras un solo uso, el área de residuos dentro de los poros y la cantidad de sebo excesivo disminuyeron un 77,99% y un 77,16%, respectivamente. En una prueba en la que se combinaron ambos productos, la empresa explicó que también se confirmó una mejora del equilibrio de agua y grasa y del balance de pH. Estos resultados se obtuvieron bajo condiciones de ensayo establecidas y pueden variar según la persona.
Un representante de Vaim señaló: “Como el ‘cleansing’ es el inicio del cuidado de la piel que se repite a diario, hay que considerar no solo lo bien que elimina, sino también la carga que deja en la piel tras el lavado”, y agregó: “Hemos dividido las funciones de la leche y el gel para adaptarlas a los distintos objetivos de la limpieza de mañana y de noche”.
Mejor suave que “chirriante”
La clave de una limpieza correcta es retirar los residuos sin eliminar en exceso el sebo que la piel necesita. Es preferible usar agua tibia en lugar de agua caliente y lavar suavemente con los dedos después de hacer suficiente espuma con el limpiador. Frotarse la cara durante mucho tiempo o repetir el lavado varias veces “para dejarla impecable” puede, por el contrario, irritar la piel.
También importa la forma de secarse después. En vez de restregar la cara con la toalla, conviene presionar ligeramente una toalla limpia y suave sobre la piel para que absorba la humedad. Si justo después del lavado la piel se nota muy tirante, se enrojece o escuece, puede ser una señal de que el poder de limpieza es excesivo o de que se está sometiendo la piel a una irritación demasiado intensa durante el proceso.
