El dolor crónico que atormenta a 1.500 millones de personas: ¿la clave está en frenar «esta sensación»?

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Un equipo de la Universidad de Warwick (Reino Unido) identifica el canal «TRPM2», un receptor sensorial que detecta temperaturas cálidas en las terminaciones nerviosas, como pieza clave al acoplarse a la inflamación y generar señales de dolor crónico

Una mujer se queja de dolor crónico. Si el dolor persiste durante más de 3 meses, se clasifica como dolor crónico. En todo el mundo, 1.500 millones de personas sufren a diario dolores de distinta intensidad. Se han abierto clínicas del dolor en numerosos lugares y registran una gran afluencia. El dolor crónico es una de las tareas pendientes más antiguas de la medicina moderna. Foto=Getty Image Bank

Alrededor de 1.500 millones de personas en todo el mundo sufren dolor crónico. Sin embargo, los analgésicos disponibles tienen límites: al inhibir de forma amplia las sustancias que desencadenan la inflamación, pueden provocar efectos secundarios —como trastornos gastrointestinales— y su eficacia tiende a ser temporal.

Un nuevo estudio apunta a que el sistema sensorial que percibe la temperatura cálida del entorno también funciona como un interruptor clave que activa el dolor. El análisis sugiere que, si se logra controlar adecuadamente esta sensación, podría abrirse la puerta a un efecto importante para poner fin al dolor crónico.

El equipo del Departamento de Ciencias de la Vida de la Universidad de Warwick (Reino Unido) informó de que ha identificado que el «canal TRPM2», un receptor sensorial que detecta temperaturas cálidas en las terminaciones nerviosas, se acopla a la respuesta inflamatoria y genera de forma directa señales de dolor crónico.

Los resultados muestran que determinadas sustancias químicas liberadas durante la respuesta inflamatoria (prostaglandina E2) y los autoanticuerpos actúan directamente sobre el receptor sensorial de detección de temperatura (TRPM2) presente en las neuronas y activan señales eléctricas de dolor. Hasta ahora, este receptor se consideraba únicamente un sensor del calor inocuo del cuerpo humano, pero en esta ocasión se ha demostrado que también participa en la generación del dolor.

El equipo estudió un modelo de ratón al que se le había eliminado, en las neuronas, el receptor de detección de temperatura cálida. El resultado fue que el dolor provocado por sustancias que inducen inflamación y por autoanticuerpos quedó completamente bloqueado. También se comprobó que el dolor por artritis y el dolor debido a daño nervioso se reducían de forma notable incluso cuando la respuesta inflamatoria de la propia articulación se mantenía intacta.

En particular, al inyectar en ratones con artritis un fármaco que bloquea el receptor sensorial que detecta la temperatura cálida (sensor térmico), el dolor artrítico desapareció por completo con una sola administración, y el efecto se mantuvo durante dos días.

El equipo sostiene que este hallazgo puede marcar un punto de inflexión: pasar de tratamientos centrados en antiinflamatorios analgésicos a una nueva terapia dirigida que controle de forma eficaz solo el dolor, sin suprimir la inflamación.

Estos resultados (TRPM2 is a direct pain transducer) se publicaron recientemente en la revista internacional 《Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS)》, y el portal «EurekAlert» de la Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia se hizo eco de ellos.

En Corea del Sur, los pacientes que acuden al hospital por dolor crónico, como el derivado de la artrosis degenerativa, ascienden a varios millones al año. En particular, la prevalencia de dolor crónico en la población de 60 años o más alcanza aproximadamente el 64% en hombres y el 88% en mujeres.

El dolor crónico va más allá de un simple síntoma y se clasifica como una enfermedad independiente. Se sabe que el dolor crónico que dura más de 3 meses limita la actividad física del paciente y aumenta el riesgo de depresión, trastornos del sueño y deterioro de la función cognitiva, entre otros.

Hasta ahora, los antiinflamatorios analgésicos de uso común o los parches tópicos se han basado en un enfoque que inhibe de forma amplia la producción de sustancias que provocan inflamación en el organismo. Este método planteaba la preocupación de que, con una administración prolongada, pudiera causar trastornos gastrointestinales, entre otros. El avance de la Universidad de Warwick plantea un nuevo paradigma terapéutico: sin intervenir directamente en la inflamación, permite bloquear con precisión, en la fase del receptor sensorial del sistema nervioso, únicamente las señales eléctricas del dolor.

[Preguntas frecuentes]

Q1. ¿Por qué la sensación de temperatura cálida provoca dolor?

A1. En las terminaciones nerviosas de nuestro cuerpo existe un sensor de temperatura (TRPM2) que percibe el calor externo. Pero cuando aparece inflamación en el organismo, como en la artritis, las sustancias inflamatorias estimulan de forma inapropiada este sensor y hacen que, en lugar de calor, se interprete como una intensa señal eléctrica de dolor. Ese es el núcleo de los resultados de este estudio.

Q2. Si, a partir de estos resultados, se desarrollara un nuevo analgésico, ¿en qué se diferenciaría de manera decisiva de los antiinflamatorios analgésicos o de los parches existentes?

A2. Los analgésicos o parches actuales inhiben la producción de las propias sustancias inflamatorias, que son el origen del dolor, por lo que su efecto puede ser temporal o conllevar preocupaciones por efectos secundarios. En cambio, el mecanismo identificado ahora puede describirse como un método de control del dolor personalizado de nueva generación: aunque se mantenga la inflamación en articulaciones u otras zonas, apaga con precisión solo el interruptor por el que se transmite la señal de dolor.

Q3. Si se desarrolla y comercializa un nuevo tratamiento contra el dolor a partir de estos resultados, ¿qué cambios se espera que experimenten los pacientes?

A3. Si se desarrollan inyectables o fármacos que bloqueen de forma local el funcionamiento del sensor TRPM2, un receptor de detección de temperatura cálida, podrían ser de gran ayuda para pacientes con artritis crónica y con dolor neuropático que no han obtenido suficiente efecto con los antiinflamatorios analgésicos existentes o para quienes su uso era difícil por el temor a efectos secundarios. Se espera que estos pacientes reduzcan la carga asociada al proceso de supresión de la inflamación y puedan beneficiarse de un alivio del dolor seguro y sostenido.

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