
Pequeños gestos que repetimos a diario sin darnos cuenta pueden someter a dientes y encías a una tensión constante y acabar pasando factura. Aunque al principio no den la cara, con el tiempo pueden derivar en fisuras dentales o lesiones en las encías. Conviene, por tanto, extremar la precaución. Estos son algunos hábitos aparentemente menores, pero capaces de perjudicar la salud dental.
◆ Morder y rasgar con los dientes bolsas de aperitivos
La costumbre de abrir con los dientes bolsas de aperitivos o de arrancar con la boca la cinta adhesiva de cajas, entre otros, somete la dentadura a impactos innecesarios. Si se repite, aumenta el riesgo de microfisuras en el esmalte —la capa más externa del diente— o incluso de fractura. También puede sobrecargar la articulación temporomandibular, con posibles dolores o desajustes. Morder de forma habitual bolígrafos, uñas o pajitas tampoco es recomendable para la salud dental.
◆ Usar palillos en lugar de hilo dental o cepillos interdentales
Para retirar restos de comida entre los dientes, lo más recomendable es el hilo dental; si el espacio interdental es amplio, los cepillos interdentales también pueden resultar eficaces. En cambio, el uso frecuente de palillos puede irritar las encías. En particular, si se fuerzan palillos gruesos y duros, existe el riesgo de dañar el tejido gingival o de ensanchar el espacio entre los dientes.
◆ Masticar hielo duro
Masticar hielo supone una carga considerable para los dientes. Si al romperlo se aplica de forma repetida un impacto fuerte sobre la dentadura, pueden aparecer grietas o desprenderse una parte del diente. En piezas que ya han recibido tratamiento, el riesgo de daño puede ser aún mayor.
◆ Uso incorrecto del enjuague bucal
El enjuague bucal ayuda a reducir las bacterias que quedan tras el cepillado y el uso de hilo dental. Sin embargo, algunos colutorios con alcohol pueden resecar la boca y, si disminuye la producción de saliva, se crea un entorno propicio para la proliferación de bacterias que causan caries. Por ello, conviene revisar las instrucciones de uso del producto y emplearlo correctamente, por ejemplo enjuagándose con agua cuando sea necesario. En especial, si una persona sufre sequedad bucal con frecuencia, optar por un enjuague bucal sin alcohol también puede resultar útil.
