
Va a ponerse los calcetines, pero la pierna no se eleva bien. Al subir o bajar del coche, nota un pinchazo en la ingle. Si camina mucho, le duele el glúteo y la parte anterior del muslo y, desde hace un tiempo, incluso ha cambiado su forma de andar.
En estos casos, casi siempre se piensa en un “problema de espalda”. Muchos pacientes se autodiagnostican una hernia discal lumbar o una estenosis del canal espinal y acuden al hospital.
Pero el origen puede estar en otro sitio. La causa del dolor no está en la espalda, sino en la “cadera”.
La cadera es una articulación profunda que une la pelvis con el fémur. Interviene en todos los movimientos dinámicos de la vida diaria: caminar, sentarse, ponerse de pie y subir y bajar escaleras.
El problema es que, cuando la cadera falla, el dolor no se limita al glúteo. Se irradia como señal de alarma hacia la ingle, la parte anterior del muslo e incluso alrededor de la rodilla.

Jung Yong-wook, director del Hospital Busan Keun y especialista en Traumatología, lo resume así: “El dolor de cadera es muy fácil de confundir con una hernia discal lumbar o con artrosis de rodilla”. Por eso, si el tratamiento no mejora el cuadro, hace falta un diagnóstico preciso. Es decir, hay que revisar de forma integral desde la localización del dolor hasta los cambios en la marcha, la movilidad articular y los resultados de las pruebas de imagen.
De hecho, un paciente varón de 68 años, el señor A, recibió hace un año el diagnóstico de “estenosis del canal espinal” y se sometió a dos procedimientos. Incluso estuvo ingresado dos meses en un hospital de medicina tradicional. Aun así, el dolor y la dificultad para caminar continuaron.
El director Jung revisó con detalle la parte inferior de la resonancia magnética lumbar que el señor A había traído de otro centro y comprobó que la necrosis ya avanzaba en la zona de la cadera. “Es un caso en el que, por centrarse solo en la estenosis del canal espinal, se retrasó la identificación de la causa en la cadera”, explicó.
¿Pinchazo en la ingle? Un SOS que envía la cadera
La primera pista para detectar una enfermedad de cadera es el dolor inguinal. Por las características estructurales de la articulación —enterrada en profundidad en el glúteo—, cuando aparece una lesión, el dolor tiende a irradiarse hacia la ingle anterior o la línea anterior del muslo, más que hacia la parte lateral del glúteo.
En especial, el dolor se intensifica al separar la pierna hacia un lado o al rotarla hacia dentro y hacia fuera. En concreto, si ▲desde algún día le cuesta sentarse con las piernas cruzadas ▲al ponerse los calcetines o cortarse las uñas nota tirantez en la zona de la pelvis ▲al subir o bajar del coche siente un pinchazo en la ingle, debe sospechar con fuerza una patología de cadera.
En cambio, en la hernia discal lumbar o la estenosis, el síntoma principal es el “dolor irradiado” que, junto al dolor lumbar, baja con hormigueo desde el glúteo hacia la parte posterior del muslo, la pantorrilla y la planta del pie. De ahí la importancia de no precipitarse con un autodiagnóstico y, desde el inicio, acudir a un equipo médico experimentado que pueda cruzar de forma multidireccional la exploración de movilidad de columna y articulaciones con radiografías y resonancia magnética.
En un hospital con especialización en patología de cadera, desde las primeras fases de la consulta se valora de manera conjunta el alcance del dolor, la exploración de movilidad articular y las pruebas de imagen, como radiografía y resonancia magnética. Si el espacio del cartílago de la cadera se ha estrechado o la forma de la superficie articular se ve distinta, también se comprueba la presencia de artrosis.
El director Jung señaló que “hay varias formas de diferenciar una patología de cadera del dolor lumbar” y explicó: “Por ejemplo, si al sentarse con las piernas cruzadas o con un tobillo apoyado sobre el muslo contrario se presiona hacia abajo la rodilla del lado doloroso y el dolor inguinal es intenso, además de que la rodilla apenas desciende, puede pensarse en un problema de cadera”.
Por supuesto, es imprescindible valorar también la exploración del especialista y los resultados de las pruebas de imagen.

Dolor inguinal en hombres de 30 a 50 años: podría deberse a necrosis de la cabeza femoral
Cuando se habla de dolor de cadera, suele pensarse en la “artrosis de cadera”, causada por el desgaste del cartílago. Se caracteriza por doler al moverse y aliviarse con el reposo. Sin embargo, al revisar los casos de prótesis total de cadera en el país, el verdadero principal responsable es otro: la “necrosis avascular de la cabeza femoral (necrosis de la cabeza femoral)”.
Es una enfermedad en la que la sangre no llega a la cabeza del fémur (cabeza femoral), el hueso se necrosa y colapsa. No es rara incluso en grupos relativamente jóvenes, de 30 a 50 años. De unos 14.000 pacientes al año, se detectan de nuevo alrededor de 1.800 cada año. Los hombres triplican a las mujeres.
El director Jung advirtió: “Tanto la artrosis de cadera como la necrosis de la cabeza femoral son difíciles de percibir por el paciente en fases iniciales” y añadió: “Cuando se nota el dolor, a menudo el daño articular ya ha avanzado bastante”.
¿Una caída y se acabó? La “fractura de fémur” que sacude a los mayores
En la vejez, son letales las “fracturas del cuello femoral” o las “fracturas intertrocantéricas (entre trocánteres)” causadas por caídas. El hueso no se debilita poco a poco hasta romperse: en personas mayores con osteoporosis, ocurre en un instante al resbalar o caerse.
Más del 63% de los pacientes con fractura de cadera tienen 75 años o más. Se trata de una “situación de urgencia” que requiere tratamiento inmediato.
Si el tratamiento se retrasa, puede derivar en complicaciones graves como neumonía, úlceras por presión, delirium y sarcopenia. Por eso se considera la fractura de cadera un acontecimiento clave que amenaza la salud en la vejez. En un estudio de seguimiento a largo plazo realizado en Corea, la mortalidad acumulada al año en personas mayores que sufrieron una fractura de cadera alcanzó el 17%.
Dolor que reaparece tras la cirugía… hay que valorar la experiencia en “casos complejos y reintervenciones”
El grupo más difícil de tratar es el de pacientes en los que el dolor reaparece tras una cirugía de cadera. Puede deberse a una combinación de factores: aflojamiento (laxitud) en la unión de la prótesis, desgaste, luxación, infección o nuevas fracturas alrededor. En ocasiones, el origen está en tendones o músculos, y puede ser necesaria una reintervención.
Por ello, al elegir hospital no basta con comprobar si “operan o no”. Deben contar con capacidad para diferenciar con precisión la causa, un sistema avanzado de pruebas de imagen, un circuito de rehabilitación antes y después de la cirugía y un sistema de colaboración con Medicina Interna que permita cuidar el estado general de los pacientes mayores.
En patologías de alta complejidad —como la necrosis de la cabeza femoral, la fractura de fémur o la reaparición del dolor tras la cirugía—, el diagnóstico inicial determina el éxito del tratamiento. De ahí que sea importante buscar desde el principio a un equipo médico con amplia experiencia en reintervenciones de cadera y en cirugía articular compleja y de deformidades.
[FAQ] Preguntas frecuentes de los pacientes
P1. Me duele la ingle, pero me dicen que la radiografía está normal. ¿Puedo estar tranquilo?
R1. No puede darse por seguro. En fases iniciales de la necrosis avascular de la cabeza femoral, la radiografía no muestra hallazgos claros. Si el dolor persiste, debe realizarse pruebas más precisas, como una resonancia magnética.
P2. Tras una caída, la persona mayor no puede caminar en absoluto por dolor de cadera.
R2. La probabilidad de fractura de cadera es muy alta. Incluso una caída leve sentado puede fracturar el cuello femoral en personas mayores, por lo que debe acudir de inmediato a Urgencias o a Traumatología.
P3. ¿Pueden aparecer a la vez una hernia discal lumbar y una enfermedad de cadera?
R3. Por supuesto. Como las zonas de dolor se solapan, hay que comprobar de forma multidireccional los síntomas neurológicos de la columna, el movimiento de la cadera y el patrón de marcha para diferenciar ambas enfermedades y tratarlas simultáneamente.
P4. Me han puesto una prótesis total de cadera y me ha aparecido un dolor nuevo.
R4. Las causas son diversas: aflojamiento de la prótesis, desgaste, luxación, fractura alrededor o infección, entre otras. Si la zona operada se hincha, presenta calor o le cuesta apoyar el pie, debe acudir de inmediato al hospital donde le operaron.
P5. ¿Para qué pacientes de cadera es necesaria la cirugía robótica?
R5. Depende del estado del paciente. El pronóstico es mejor cuando se aplica de forma selectiva, por ejemplo, en pacientes con deformidad articular grave que requieren un ajuste preciso de los ángulos o en quienes es necesario igualar con exactitud la diferencia de longitud entre ambas piernas.
Con la colaboración del director del Hospital Busan Keun, Jung Yong-wook (Traumatología). Se graduó en la Facultad de Medicina y en el posgrado de la Universidad Nacional de Kyungpook. Se dedica principalmente a la artroscopia y a la cirugía de prótesis articulares. Además, aborda de forma especializada el diagnóstico diferencial del dolor de cadera y el dolor tras la cirugía, así como las reintervenciones y la cirugía articular compleja. Desde 2021, también realiza artroplastias con asistencia robótica y ha acumulado experiencia clínica.

