
Con el inicio del otoño llega también la temporada de la azufaifa fresca, una fruta que solo se disfruta durante un periodo breve. A diferencia de la azufaifa seca, tiene más agua y una textura crujiente, similar a la de una manzana, lo que facilita comerla. Destaca, además, por su aporte de vitamina C y fibra dietética, y se presenta como un tentempié idóneo de principios de otoño para cuidar a la vez el apetito y la nutrición.
De la vitamina C a la fibra dietética⋯ beneficios nutricionales de la azufaifa fresca
La azufaifa fresca se considera una fruta con mucha más vitamina C que la manzana. La vitamina C es un nutriente antioxidante que ayuda a mantener una función inmunitaria normal y protege las células frente a las especies reactivas de oxígeno (radicales libres). También es necesaria para favorecer la formación de colágeno y mantener sanas la piel, las encías y los vasos sanguíneos.
La piel contiene antioxidantes como polifenoles y flavonoides, y la fibra dietética presente en la pulpa ayuda al movimiento intestinal y a una evacuación regular. También aporta potasio, lo que contribuye a la eliminación de sodio y al mantenimiento de una presión arterial normal. En particular, como la azufaifa fresca se come con piel, resulta aún más ventajosa para ingerir una mayor variedad de nutrientes.
Cruda y con piel⋯cómo comerla para conservar sus nutrientes
La forma más sencilla de comer la azufaifa fresca es lavarla bien bajo el grifo y consumirla con piel. Cerca de la piel se concentran la fibra dietética y los antioxidantes, y como la vitamina C es sensible al calor, comerla cruda ayuda a reducir la pérdida de nutrientes.
Si comerla tal cual resulta monótono, puede cortarse en láminas finas y añadirse a una ensalada o a un yogur natural. Si se acompaña con alimentos que aporten proteínas y grasas, como frutos secos o queso, se mejora el equilibrio nutricional del tentempié y también aumenta la sensación de saciedad. Si se prepara en zumo o en jarabe, es fácil que aumenten la cantidad consumida y los azúcares añadidos, por lo que es más adecuado tomarla como fruta fresca.
Comprueba que la pulpa sea verdosa y firme⋯cómo elegirla y conservarla
La azufaifa fresca está en buen estado cuando la piel es lisa, brillante y se nota firme al presionarla con la mano. Conviene evitar las piezas con pulpa blanda o con muchas heridas y zonas arrugadas en la piel. Los frutos con base verde y con algo de color marrón indican que ha aumentado el dulzor, pero un color más oscuro no significa necesariamente que sea más fresca.
La azufaifa fresca comprada debe guardarse sin lavar, en un recipiente hermético seco o en una bolsa de plástico, en el frigorífico. Si queda humedad, puede ablandarse con facilidad o aparecer moho, por lo que es preferible lavarla justo antes de comerla. En lugar de conservarla durante mucho tiempo, es mejor consumirla cuando aún está firme y crujiente, y separar las piezas dañadas para tomarlas primero.
Al ser una fruta dulce⋯cantidad y precaución con el hueso
La azufaifa fresca es una fruta con alto contenido de agua, pero también contiene hidratos de carbono que aportan dulzor. Si se comen varias piezas seguidas por considerarla saludable, pueden aumentar la ingesta de calorías y de azúcares. Si se controla la glucemia o se padece diabetes, conviene fijar la cantidad según el plan de comidas individual y evitar comerla toda de una vez.
En personas sensibles a la fibra dietética, un consumo excesivo puede causar molestias como distensión abdominal, gases o diarrea. Si es la primera vez que se consume o si la digestión suele ser delicada, es recomendable empezar con una pequeña cantidad. El hueso es duro y tiene un extremo puntiagudo, por lo que, en el caso de niños o personas mayores, es más seguro retirarlo antes de comerla.