
Si, mientras el niño pega un estirón, el centro del pecho se hunde o, por el contrario, sobresale hacia delante, conviene no atribuirlo sin más a un cambio corporal propio de la edad.
El pectus excavatum —cuando el pecho se hunde hacia dentro— y el pectus carinatum —cuando sobresale hacia delante— son dos de las deformidades torácicas más habituales. Pueden observarse desde la infancia, pero durante la pubertad, cuando la estatura crece con rapidez, la deformidad puede hacerse más evidente o agravarse.
Eso no significa, sin embargo, que haya que tratar todos los casos solo porque la forma del pecho sea algo distinta. La decisión de tratar o no se toma valorando de forma conjunta el grado de deformidad y los síntomas, el estado de crecimiento y también el estrés que le provoca al niño su aspecto.
Kim Bong-jun, profesor del Servicio de Cirugía Cardiovascular y Torácica del Hospital Ilsan del Seguro Nacional de Salud, señaló el día 13 que “dado que las deformidades torácicas se detectan y se tratan con frecuencia durante el crecimiento, el papel de los tutores es importante”. En su opinión, si se sospecha un cambio en la forma del pecho del niño, lo recomendable es consultar pronto con un especialista para valorar la necesidad de tratamiento y el momento adecuado.
Si se hunde, pectus excavatum; si sobresale, pectus carinatum
El pectus excavatum es una situación en la que la parte anterior del pecho se hunde hacia dentro alrededor del esternón. En el pectus carinatum ocurre lo contrario: el esternón y la pared torácica circundante protruyen hacia delante.
La causa exacta de ambas afecciones aún no se ha esclarecido por completo. Se estima que interviene el desarrollo de la pared torácica durante el crecimiento, incluido el cartílago que conecta las costillas con el esternón. En particular, en la adolescencia, cuando la velocidad de crecimiento se acelera, la deformidad suele hacerse más marcada.
Los síntomas varían de una persona a otra. En algunos casos, solo cambia la forma del pecho y se vive sin molestias relevantes. En cambio, si el pectus excavatum es grave, el corazón puede quedar comprimido o, al hacer ejercicio, puede aparecer falta de aire y palpitaciones.
Tampoco es fácil ignorar el estrés que provoca el aspecto físico. Hay niños que no quieren mostrar el pecho y evitan nadar o desvestirse, y a quienes les incomoda llevar ropa fina. En recomendaciones clínicas internacionales recientes también se indica que, para decidir si tratar, deben evaluarse no solo el grado de deformidad torácica, sino también la función física y la carga psicológica.
El pectus carinatum se trata “presionando”; la clave es la constancia en el uso
En el pectus carinatum se utiliza ampliamente un tratamiento corrector con ortesis que aprovecha que, durante el crecimiento, la pared torácica es relativamente flexible: se presiona la zona que sobresale para corregirla.
En una encuesta realizada en 2024 a centros médicos afiliados al International Chest Wall Interest Group (CWIG), el 93% de las instituciones que respondieron indicó que utiliza una ortesis de compresión como tratamiento de primera línea para el pectus carinatum. No obstante, el número de horas de uso al día y la duración total del tratamiento varían según el centro y el estado del paciente.
En última instancia, lo que determina la eficacia del tratamiento es el uso constante.
El Hospital Ilsan explicó que, en la mayoría de los pacientes con pectus carinatum, aplica tratamiento con ortesis durante aproximadamente 7~9 meses, y que es importante llevarla de forma constante al menos 12 horas al día.
Sin embargo, para un alumno de primaria o secundaria no es fácil pasar casi la mitad del día con una ortesis puesta. Si se inicia el tratamiento solo por decisión del tutor y el niño no logra llevarla adecuadamente, es difícil obtener el efecto esperado. Antes de empezar, es necesario hablarlo lo suficiente: si el niño quiere el tratamiento y si puede asumir un uso prolongado.
El pectus excavatum se opera según el caso; se eleva el esternón con una barra metálica
No todos los pacientes con pectus excavatum se someten a cirugía. Se evalúan el grado de deformidad y los síntomas, así como si existe compresión cardíaca, y si se considera alta la necesidad de tratamiento se plantea la intervención. En algunos pacientes con pared torácica flexible también se intenta un tratamiento no quirúrgico con campana de vacío (vacuum bell) para traccionar hacia arriba el esternón hundido.
La técnica quirúrgica representativa es la cirugía de Nuss. Tras realizar pequeñas incisiones a ambos lados del tórax, se introduce una barra metálica curvada por debajo del esternón para elevar la parte anterior del pecho hundido.
El Hospital Ilsan realiza, según el estado del paciente, cirugías en las que se emplean 3~4 barras metálicas para aumentar la estabilidad de la caja torácica y mejorar la asimetría. No obstante, requiere anestesia general y puede conllevar dolor posoperatorio. Tras un periodo determinado, también es necesario someterse de nuevo a una intervención para retirar las barras metálicas implantadas.
Es difícil fijar una edad ideal de tratamiento en términos de “cuántos años”
El momento de tratar también varía según se trate de pectus excavatum o pectus carinatum y según el grado de deformidad.
El Hospital Ilsan indicó que, al considerar la eficacia del tratamiento y la posibilidad de recaída, a menudo se valora el tratamiento desde los últimos cursos de primaria hasta aproximadamente la etapa de secundaria. Si la deformidad es grave, puede tratarse antes, y el tratamiento también es posible una vez alcanzada la edad adulta.
Sin embargo, no existe una edad óptima única establecida para la cirugía del pectus excavatum. Es necesario decidir el momento del tratamiento de forma individual, integrando el estado de crecimiento, el grado de deformidad y los síntomas.
Sobre todo, al decidir si tratar, hay que fijarse menos en la forma del pecho en sí y más en qué molestias reales está experimentando el niño. Es importante comprobar si se queda sin aliento al hacer ejercicio o si tiene dolor; si el estrés por el aspecto es tal que evita nadar, desvestirse o cierto tipo de ropa; y si el propio niño está preparado para aceptar el uso de la ortesis o el tratamiento quirúrgico. En lugar de precipitarse solo por el aspecto, el tutor debe escuchar suficientemente las opiniones y las molestias del niño y tomar la decisión conjuntamente.

Kim Bong-jun subrayó: “Si el paciente pediátrico y su tutor comprenden juntos la enfermedad y el proceso de tratamiento y lo afrontan de manera conjunta, se pueden esperar buenos resultados”.
En definitiva, lo que debe hacer el tutor no es observar con excesiva preocupación la forma del pecho del niño. Lo prioritario es vigilar si, durante el rápido crecimiento en estatura, se hacen más evidentes el hundimiento o la protrusión del pecho, o si cambia la simetría entre ambos lados; y, si el niño siente molestias por el ejercicio o por el aspecto, acudir a un especialista para que confirme el estado.
