Pechuga de pollo: si la comes «así», ¿pierde menos sequedad y cambia la proteína?

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Evitar una cocción prolongada reduce la sequedad… y combina bien con ensaladas

La pechuga de pollo se considera un alimento proteico representativo. Con poca grasa y mucha proteína, contribuye a mantener la masa muscular durante la dieta. Foto=ClipartKorea

Cuando las celebridades se ponen a dieta, uno de los alimentos que más suelen elegir es la pechuga de pollo. Se ha convertido en un clásico por su bajo contenido en grasa y su alto aporte de proteínas. Para adelgazar de forma saludable, resulta clave asegurar una ingesta suficiente de proteína, porque durante una dieta es frecuente perder masa muscular. La ternera y el cerdo son sabrosos y ricos en proteínas, pero aportan muchas calorías. Incluso en los cortes magros puede haber grasas saturadas, por lo que conviene moderar su consumo. La pechuga de pollo, en cambio, tiene un inconveniente: suele quedar seca y menos agradable al paladar. ¿Cuál es la mejor manera de comerla?

Alimento de dieta con poca grasa y colesterol… rica en proteínas, contribuye a mantener la masa muscular

La pechuga de pollo está formada solo por fibras musculares, de ahí su característico color blanco. En comparación con la ternera o el cerdo, contiene menos grasa y colesterol y más «grasas buenas» (ácidos grasos insaturados). Es adecuada como alimento de dieta y se digiere y absorbe bien. Frente a otras carnes, la pechuga de pollo presenta un contenido de proteína (23%) muy alto, lo que contribuye a mantener la musculatura y la inmunidad. Por eso, deportistas y modelos que controlan el peso la incorporan como un básico de alimentación saludable. La proteína del pollo favorece la activación de los nervios cerebrales y ayuda a superar el estrés.

Si se combina pechuga de pollo, caballa y huevos… se cubre la ingesta diaria de proteínas

Una pieza de pechuga de pollo (aprox. 100 g) contiene alrededor de 20 g de proteína. Es suficiente para la cantidad de proteína necesaria en una comida. Esa cantidad equivale a la de un trozo de caballa del tamaño de la palma de la mano (100 g), o 3 huevos grandes, o un bloque de tofu (300 g). Si se alternan estos alimentos en las tres comidas, no hay que preocuparse por la ingesta diaria de proteínas. Como guarnición, es aún mejor acompañarla con proteína vegetal, como soja o tofu.

Evitar una cocción prolongada reduce la sequedad… combina bien con ensaladas

Si la pechuga de pollo se calienta durante demasiado tiempo, se vuelve áspera y pierde sabor. Es preferible cocinarla al vapor en lugar de hervirla. Si se deja en leche unos 30 minutos, desaparece el olor característico del pollo y la carne queda más tierna. Si no gusta ese olor, conviene añadir zumo de limón. Si se deshilacha la pechuga de pollo en trozos fáciles de comer y se añade a una ensalada, se puede consumir de forma práctica. Si se toma junto con diversas verduras de hoja (fibra dietética), fruta (componentes antioxidantes) y aceite de oliva (ácidos grasos insaturados), el resultado es una dieta saludable sin nada que envidiar.

¿Qué tal una sopa fría de pechuga de pollo?

También se puede preparar una sopa fría de pechuga de pollo (para 2 raciones). Hay que preparar alga kombu, pepino, sal, pimienta molida, ajo picado, salsa de soja para sopa, hielo, etc. Se pone el kombu en agua fría (1 taza) y se deja infusionar durante 10 minutos. La pechuga de pollo se introduce en agua hirviendo (3 tazas) y se cuece durante 10 minutos. Tras enfriarla, se deshilacha finamente y se mezcla con sal, pimienta molida y ajo picado. El pepino se corta en láminas finas, se espolvorea con sal y se deja reposar. Se mezcla el agua de kombu con el agua en la que se coció la pechuga de pollo (2 tazas), sal (1/4t), salsa de soja para sopa y hielo. Se colocan el pepino escurrido y la pechuga de pollo, y se vierte el caldo frío. Si se añade vinagre a la sopa fría de pechuga de pollo, también ayuda a controlar la glucemia.

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