
Cuando se encadenan días de calor extremo, muchas personas optan por ducharse con agua fría. En el momento parece que el cuerpo se refresca, pero no son pocos quienes, al poco de terminar, vuelven a notar calor y cansancio. En verano, más importante que el alivio inmediato es cómo responde el organismo después de la ducha.
Mejor que el agua fría, agua templada: por qué el frescor dura más tiempo
El agua muy fría contrae de forma momentánea los vasos sanguíneos de la piel y puede reducir temporalmente la salida del calor interno hacia el exterior. Justo después de la ducha se nota alivio, pero después, cuando los vasos sanguíneos vuelven a dilatarse, la temperatura corporal puede subir rápidamente y hacer que se perciba más calor. En especial, tras haber estado mucho tiempo activo al aire libre con altas temperaturas, un estímulo frío repentino puede suponer una carga para el organismo.
En cambio, el agua templada, ligeramente por debajo de la temperatura corporal —en torno a 32~35℃ — ayuda a liberar el calor corporal de manera más natural. Con una ducha de unos 5~10 minutos, el calor acumulado en la piel se disipa poco a poco y, tras la ducha, la sensación de frescor suele mantenerse durante más tiempo.
Prohibido ducharse nada más terminar de hacer ejercicio o salir: primero, enfriar el cuerpo
Justo después de hacer ejercicio o de realizar actividades al aire libre en plena ola de calor, la frecuencia cardiaca y la temperatura corporal central siguen elevadas. Si en ese momento se toma una ducha con agua fría, los vasos sanguíneos pueden contraerse bruscamente y provocar mareo o una sensación de tensión corporal. Además, si el sudor sigue corriendo, el efecto de la ducha también puede disminuir.
Lo recomendable es descansar en interior o a la sombra durante unos 10~20 minutos, hasta que el sudor remita, y entonces ducharse. En ese intervalo, beber agua poco a poco para reponer líquidos también ayuda a regular la temperatura corporal y puede reducir la sensación de fatiga tras la ducha.
No lo dejes solo en la ducha: repón también líquidos y electrolitos
Con el calor extremo, junto con el sudor se pierden no solo líquidos, sino también electrolitos como el sodio y el potasio. Si tras la ducha se permanece mucho tiempo expuesto únicamente al aire fuerte del aire acondicionado o del ventilador, la humedad de la piel puede evaporarse con facilidad y empeorar la sed y el cansancio.
Después de ducharse, conviene beber despacio un vaso de agua y, si se ha sudado mucho, tomar también alimentos ricos en agua y potasio, como tomate, pepino o sandía. Si se ha realizado actividad al aire libre durante muchas horas, reponer electrolitos también puede ayudar a la recuperación.
Ducharse 1 hora antes de acostarse: también cambia la calidad del sueño
Muchas personas se duchan con agua fría justo antes de dormir para aliviar el calor, pero el agua demasiado fría puede activar el organismo y, al contrario, dificultar el inicio del sueño. En cambio, una ducha a una temperatura adecuada favorece el proceso natural de descenso de la temperatura corporal central y resulta más propicia para dormir bien.
Si se toma una ducha de unos 10 minutos con agua templada una hora antes de acostarse y se mantiene la temperatura interior en torno a 24~26℃, resulta más fácil conciliar el sueño incluso en noches tropicales. El frescor inmediato puede ser mayor con agua fría, pero para una sensación de confort más duradera tras la ducha y para recuperarse del cansancio, el agua templada suele ser más favorable.