
En invierno, cuando bajan las defensas, el herpes zóster puede aparecer como un visitante indeseado. Sus síntomas se parecen a los de un resfriado fuerte y es fácil confundirlo, pero si se pierde la “ventana de oro” de 72 horas, puede ser necesario soportar un dolor intenso durante años, por lo que conviene extremar la precaución.
El herpes zóster es una enfermedad que aparece cuando el virus de la varicela-zóster (VZV), que permanecía latente en el organismo de personas que tuvieron varicela en el pasado, se reactiva al disminuir la inmunidad. Como el virus se desplaza a lo largo de los ganglios nerviosos y provoca inflamación en la piel y en las células nerviosas, desde fases tempranas se manifiesta un dolor intenso en una zona concreta, con sensación de quemazón o como si cortara un cuchillo.
Entre los síntomas más característicos se incluyen dolor neurálgico punzante, sensación de quemazón, hipersensibilidad cutánea (alodinia) y ampollas o erupción. Sin embargo, al inicio es frecuente que los síntomas se presenten solo con dolor, sin erupción, por lo que es fácil confundirlo con una simple mialgia.
Si se deja sin tratar, la complicación que más preocupa es la neuralgia posherpética (NPH). Para inhibir eficazmente la replicación del virus y minimizar el daño nervioso, es necesario iniciar el tratamiento con antivirales dentro de las 72 horas desde el comienzo del dolor; si se pierde esa ventana de oro, aumenta el riesgo de sufrir una neuralgia intensa durante meses y, en casos prolongados, durante años.
En particular, si el virus invade la zona de la cara o alrededor de los ojos y los oídos, puede dejar secuelas graves como queratitis, disminución de la visión o parálisis del nervio facial, por lo que el diagnóstico y el tratamiento precoces son, por encima de todo, fundamentales.
La clave para prevenir el herpes zóster es mantener una buena inmunidad. Seguir hábitos de vida saludables, como controlar el estrés, dormir lo suficiente y mantener una temperatura corporal adecuada, ayuda a reducir el riesgo de aparición. Además, en Corea del Sur se recomienda la vacunación frente al herpes zóster en adultos a partir de los 50 años; la vacuna reduce la incidencia en un 50–60% y, incluso si aparece, ayuda a atenuar los síntomas.
La profesora Jang Yu-gyeong, del Departamento de Anestesiología y Medicina del Dolor del Hospital Anam de la Universidad de Corea, subrayó: “El herpes zóster no es una simple enfermedad cutánea, sino una enfermedad del sistema nervioso; si se pierde el momento del tratamiento, el dolor puede cronificarse o derivar en un daño nervioso grave” y añadió: “Dado que es fácil confundirlo con un resfriado por sus síntomas iniciales similares, si persiste un dolor unilateral de causa desconocida, debe acudirse de inmediato a un especialista para su evaluación”.