
Te levantas por la mañana con un dolor de cabeza especialmente intenso. Aunque tomes un analgésico, al llegar el mediodía vuelve a recrudecerse y, si la situación se repite durante varios días, cuesta atribuirla solo al cansancio o al estrés. Cuando un dolor de cabeza de nueva aparición empeora cada mañana, puede ser una señal de tumor cerebral.
En Corea, el número de pacientes tratados por tumores cerebrales sigue al alza. De acuerdo con las estadísticas de enfermedades de interés público del Servicio de Revisión y Evaluación del Seguro de Salud, los pacientes con tumores cerebrales benignos aumentaron un 28%, al pasar de 51.842 en 2021 a 66.350 en 2025. Los pacientes con tumores cerebrales malignos también crecieron un 13%, de 11.945 a 13.488.
Los tumores cerebrales, según su localización, pueden afectar a funciones muy diversas, como el movimiento, el lenguaje, la sensibilidad o la memoria. Incluso cuando no son malignos, su crecimiento puede comprimir nervios cercanos y desencadenar síntomas.
El síntoma más frecuente es el dolor de cabeza. Si aparece un dolor nuevo, distinto al habitual, más intenso por la mañana y que empeora con el paso del tiempo, conviene extremar la precaución. También pueden presentarse alteraciones del campo visual, vómitos, anomalías sensitivas, trastornos del lenguaje, convulsiones y otros síntomas, en función de la ubicación del tumor. En particular, cuando el tumor se forma en el lóbulo frontal o temporal, puede disminuir la memoria o dificultar el control de las emociones.
El problema es que, solo por los síntomas, no siempre resulta fácil pensar en un tumor cerebral. Muchas personas acuden primero al oftalmólogo por problemas de visión, al servicio de digestivo por los vómitos o a psiquiatría por cambios de personalidad, y el diagnóstico puede retrasarse mientras pasan por varias especialidades.
Existen varias líneas de tratamiento. Cirugía, radioterapia, quimioterapia y otras opciones se aplican de forma aislada o combinada según el tipo, la localización y el tamaño del tumor, así como el estado del paciente. Entre ellas, la clave es extirpar el tumor en la mayor medida posible mediante cirugía, minimizando al mismo tiempo el daño al tejido cerebral sano.
Los resultados del tratamiento varían mucho según el tipo de tumor. Según el Centro Nacional de Información sobre el Cáncer, en los tumores cerebrales benignos —meningioma, adenoma hipofisario y schwannoma— la tasa de supervivencia a cinco años es muy alta: 95%, 97% y 94%, respectivamente. En cambio, en el cáncer de cerebro y del sistema nervioso central, clasificado como maligno, la tasa de supervivencia relativa a cinco años entre 2019 y 2023 se queda en el 39,1%. Por eso es aún más importante la detección precoz y un tratamiento activo.

El profesor Seo Young-beom, neurocirujano de la Unidad de Tumores Cerebrales del Hospital Ansan de la Universidad de Corea, destacó que en los últimos años se están impulsando cada vez más las cirugías mínimamente invasivas. “Se aplica sobre todo a tumores de la base del cráneo, como los tumores hipofisarios. Como se introduce el endoscopio y el instrumental quirúrgico por el interior de la nariz para acceder a la lesión, en comparación con la craneotomía —abrir el cráneo— se minimiza el daño innecesario al tejido cerebral sano y cabe esperar una recuperación más rápida”, explicó.
Cuando la cirugía es difícil o el riesgo de lesión nerviosa es elevado, se considera la radiocirugía estereotáctica. Tras localizar con precisión la lesión mediante resonancia magnética (RM) y tomografía computarizada (TC), se administra radiación de alta dosis de forma concentrada. Es un procedimiento indoloro y, al no requerir incisión en el cráneo, supone una menor carga para el organismo.
En los tumores cerebrales no se ha identificado con exactitud la causa de aparición, por lo que tampoco existe un método preventivo seguro.
El profesor Seo Young-beom subrayó: “Si síntomas como el dolor de cabeza o las alteraciones del campo visual persisten o no mejoran pese al tratamiento, conviene comprobar si no se trata de un problema originado en el cerebro”. Y añadió: “En esos casos, es importante acudir a neurocirugía para ser evaluado por un especialista y, según sea necesario, confirmar primero la causa mediante pruebas de precisión como la RM o la TC, de cara a un diagnóstico precoz y un tratamiento a tiempo”.
