
En la traumatología japonesa, el “síndrome locomotor” se define como el estado en el que se debilitan huesos, articulaciones, músculos y nervios y disminuye la capacidad de desplazamiento. Se utiliza como indicador de salud para anticipar la fragilidad y la necesidad de cuidados de larga duración. Con la ayuda de expertos de Corea del Sur, Kormedi.com repasa en seis entregas las señales que el cuerpo suele mostrar primero en la vida cotidiana: ponerse los calcetines, subir escaleras o cruzar un paso de peatones.
Hay momentos en los que, ante un paso de peatones, uno se siente extrañamente apremiado. Antes cruzaba con margen de sobra, pero últimamente lo primero que me preocupa es si llegaré antes de que se acabe el verde. Al subir escaleras, busco casi sin darme cuenta el pasamanos y, cuando intento ponerme los calcetines de pie sobre una sola pierna, el cuerpo se tambalea.
¿Es solo cosa de la edad? No necesariamente.
Antes de que la fragilidad (frailty) se haga plenamente evidente, el cuerpo suele avisar a través de la marcha. Aparecen cambios como una menor velocidad al caminar, una zancada más corta y una disminución de la fuerza para levantarse y del sentido del equilibrio.
A este conjunto de cambios acumulados se le llama “síndrome locomotor” (Locomotive Syndrome), en coreano “síndrome de deterioro de la función motora”. Es un estado en el que, al debilitarse de forma simultánea huesos y articulaciones, la columna y los discos intervertebrales (discos), los músculos y los nervios, disminuye la fuerza para caminar y moverse.
Según su gravedad, se clasifica en 2 niveles (stage 1~2) o en 3 niveles (stage 1~3), entre otros. Es una advertencia del cuerpo sobre el deterioro de la capacidad de desplazamiento antes de que derive en caídas, fracturas y cuidados de larga duración.
Kim Mi-ji, profesora de la Universidad Kyung Hee (Departamento de Ciencias Médicas Convergentes), señaló: “El síndrome locomotor a menudo ya está avanzando incluso en fases sin síntomas percibidos”, y agregó: “En un estudio de cohorte a gran escala en Japón, más del 80% de los mayores de 60 años que viven en la comunidad se clasificó como síndrome locomotor en Stage 1 o superior”. Es decir, la ausencia de síntomas no significa que la función física se esté manteniendo bien.

Calcetines, escaleras, pasos de peatones: las señales
Las señales iniciales del síndrome locomotor suelen hacerse visibles antes en la vida diaria que en las pruebas hospitalarias. Cuesta ponerse los calcetines de pie sobre una sola pierna. En casa, la punta del pie se engancha o se resbala con frecuencia. Al subir escaleras, se necesita el pasamanos. Se hace pesado llevar a casa las compras del supermercado. Resulta difícil caminar de forma continuada durante unos 15 minutos. Se va justo para cruzar el paso de peatones dentro del tiempo del semáforo.
“Antes esa distancia no me suponía nada, pero ahora, más o menos a mitad, noto las piernas pesadas”.
Kim, de 68 años, que vive en Busan, sintió por primera vez inquietud a principios de este año en el aparcamiento de un supermercado. Salió tras hacer la compra y los 200 metros hasta el coche aparcado le parecieron especialmente largos.
En el chequeo no se detectó nada fuera de lo normal. Sin embargo, la molestia continuó y, al final, cuando acudió a Traumatología, le dijeron que “la fuerza muscular y el sentido del equilibrio han disminuido mucho para su edad”.
Lo habitual es pasarlo por alto con un “ya no tengo la energía de antes”. Pero, en realidad, puede que estén fallando a la vez la fuerza de las piernas, el dolor articular, el equilibrio y la función nerviosa. Si estos cambios se repiten a partir de los 60, no conviene atribuirlos solo al cansancio o al envejecimiento.
Cómo comprobar la capacidad para caminar
El síndrome locomotor permite estimar el riesgo con algunas pruebas sencillas. En Japón se utilizan, entre otras, la prueba de levantarse (stand-up), la prueba de dos pasos (two step) y el cuestionario de 25 ítems sobre función motora (GLFS-25). Tras proponer por primera vez el concepto en 2007, la Sociedad Japonesa de Ortopedia (JOA) lo consolidó desde la década de 2010 en la práctica clínica como el “test de riesgo de síndrome locomotor” (Locomotive Syndrome Risk Test).
La prueba de levantarse evalúa la fuerza para incorporarse desde una silla o un soporte sin usar los brazos. La prueba de dos pasos consiste en dar dos zancadas lo más grandes posible y evaluar la capacidad de marcha dividiendo esa distancia por la estatura. El GLFS-25 pregunta por 25 aspectos del último mes, como dolor, caminar, subir escaleras, frecuencia de salidas y miedo a caerse.
Yoo Jun-il, profesor de la Universidad de Inha (Traumatología), explicó: “La prueba de levantarse o la de dos pasos pueden hacerse de inmediato incluso sin herramientas”, y añadió: “Pero mucha gente piensa que ‘si no duele, no pasa nada’ y acude al hospital solo cuando el deterioro funcional ya ha avanzado bastante”.
También subrayó: “Más que la cifra, importa la tendencia”, y precisó: “Si sientes que caminas distinto que hace un mes, ese es el momento de consultarlo con un especialista”.
Si hoy caminas menos que ayer, si las escaleras te dan más miedo que antes y si sales menos de casa, significa que el cuerpo ya está enviando señales.
La fragilidad no llega de repente
La fragilidad no aparece de un día para otro.
Primero se estrecha la zancada, se reduce la velocidad al caminar y se debilita la fuerza para levantarse. Después disminuye la actividad, se pierde más músculo y empeora el equilibrio. Si no se revierte esta dinámica, el riesgo de caídas y fracturas aumenta poco a poco.
No se trata de caminar rápido como una persona joven. El objetivo es conservar durante mucho tiempo la capacidad de no caerse, subir escaleras, hacer la compra y caminar con vitalidad.
La marcha es el indicador más realista de la salud en la vejez. Si el verde te parece más corto que antes, ha llegado el momento de revisar, primero, tu propio paso.
