La radiación ultravioleta, enemiga de la piel y también letal para los ojos

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Mitos y verdades sobre la salud ocular en verano: «Compruebe el nivel de protección UV de sus gafas de sol»

En verano, protegerse de la radiación ultravioleta no es algo que solo necesite la piel. Una exposición inadecuada puede tener efectos letales también en los ojos. Foto=Pixabay

Ha vuelto la temporada de actividades acuáticas del verano.

Antes de disfrutar de unas vacaciones, conviene revisar la salud ocular. Con las indicaciones de Lee Seung-il, director de la Clínica Oftalmológica Samsung de Cheongdo, repasamos las principales enfermedades oculares del verano y las pautas correctas de prevención y manejo.

Radiación ultravioleta, letal no solo para la piel, también para los ojos

Cuando se habla de protección frente a la radiación ultravioleta en verano, es fácil pensar solo en la piel, pero los ojos también son vulnerables a los rayos UV.

La radiación ultravioleta es un factor ambiental representativo que provoca estrés oxidativo en los tejidos oculares, lo que desencadena desnaturalización de proteínas y daño celular.

No solo desnaturaliza el cristalino y eleva el riesgo de cataratas, sino que también puede dañar las células de la mácula —la zona central de la retina— y provocar pérdida de visión e incluso ceguera. Además, incrementa las especies reactivas de oxígeno (ROS) dentro del globo ocular, lo que acelera el envejecimiento y favorece la inflamación.

Por eso, al elegir unas gafas de sol —un imprescindible del verano— conviene priorizar, antes que el diseño, el nivel de protección UV, el color de la lente y el objetivo de uso.

El criterio clave al escoger gafas de sol es, en primer lugar, comprobar la certificación UV400. Hay que verificar antes que nada si cuentan con «UV400», que significa un bloqueo de rayos UV del 99~100%. Incluso con lentes transparentes, si tienen certificación UV400, la radiación ultravioleta queda completamente bloqueada.

Otra cuestión importante: que la lente sea más oscura no implica que la protección frente a los UV sea mejor. Al elegir el color, más que «cuán oscuro es», hay que valorar si «se ajusta a la situación (conducción, actividades al aire libre, etc.)», para mejorar el contraste del campo visual y reducir la fatiga ocular.

Conjuntivitis muy contagiosa, la clave es «lavarse las manos» y «separar las toallas»

En enfermedades frecuentes del verano como la queratoconjuntivitis epidémica o la conjuntivitis por adenovirus, es fundamental cortar las vías de transmisión del virus a través de los ojos, las manos y los objetos.

En particular, el adenovirus tiene una gran capacidad de supervivencia —puede vivir desde varias horas hasta varios días en superficies—, por lo que se transmite con facilidad a través de las manos. Lavarse las manos con jabón durante al menos 30 segundos tras salir a la calle o antes de tocarse los ojos puede reducir de forma notable el riesgo de infección.

Los principales síntomas de la conjuntivitis epidémica son enrojecimiento conjuntival, picor, dolor, legañas y sensación de cuerpo extraño. Suele aparecer primero en un ojo y, pasados unos días, trasladarse al otro. Dado que la tasa de infección secundaria en el hogar es muy alta, tanto las personas infectadas como las no infectadas deben evitar compartir toallas, almohadas o mandos a distancia, y no deben frotarse los ojos con las manos.

En actividades acuáticas, conviene evitar las lentes de contacto

Usar lentes de contacto al realizar actividades acuáticas es una de las principales causas de enfermedades oculares.

Esto se debe a que el cloro presente en el agua de las piscinas, aunque elimina bacterias, también daña la barrera protectora del ojo (la película lagrimal) e irrita la córnea y la conjuntiva. Si se ha realizado una actividad acuática con las lentes puestas, hay que retirarlas inmediatamente después y lavar los ojos con lágrimas artificiales.

El aire del aire acondicionado, desencadenante del ojo seco… hay que parpadear con frecuencia de forma consciente

El uso prolongado del aire acondicionado en verano reduce la humedad interior y provoca síndrome de ojo seco. Si el aire frío del aparato incide directamente en los ojos, la evaporación de la película lagrimal se acelera aún más.

Para prevenir la sequedad ocular en interiores, conviene orientar el flujo de aire para que no dé directamente en la cara y, en ambientes refrigerados, parpadear con frecuencia de forma consciente o aplicar lágrimas artificiales. También ayuda no bajar en exceso la temperatura interior.

Conservación de colirios en verano: si supera los 30, baja la eficacia

En el verano, con altas temperaturas y humedad, hay que extremar las precauciones también en la conservación de los medicamentos.

Si se dejan lágrimas artificiales o colirios recetados a temperaturas superiores a 30℃, dentro del coche o en el exterior, se descomponen los conservantes y los principios activos del colirio. Esto no solo reduce la eficacia, sino que puede provocar efectos adversos como escozor o alergias. Hay que tener en cuenta que, en verano, el interior de un vehículo puede alcanzar temperaturas máximas de hasta 60℃.

Salvo algunos colirios para el glaucoma que requieren refrigeración, la norma general es conservar la mayoría de los colirios a temperatura ambiente fresca, evitando la luz solar directa. En especial, las lágrimas artificiales monodosis sin conservantes deben usarse inmediatamente tras abrirse y desechar el líquido sobrante.

Además, aunque las lágrimas artificiales pueden utilizarse cuando sea necesario, hay que prestar atención al modo de empleo. Si se aplican con demasiada frecuencia, pueden arrastrar incluso la capa mucosa que ayuda a mantener la película lagrimal y, en consecuencia, dificultar la mejoría de los síntomas.

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