
Con el aumento de las actividades al aire libre y un sol más intenso en junio, se dispara la búsqueda de gafas de sol. En los días en los que se pasa mucho tiempo fuera, basta con ponérselas para ganar comodidad visual y, de paso, cambiar la impresión general. Y a medida que más gente, como la cantante Jennie, las incorpora como recurso de estilo, no son pocos quienes priorizan el diseño frente a la función.
Pero elegirlas solo por su estética no es buena idea. Su cometido principal es reducir el deslumbramiento y proteger los ojos de la radiación ultravioleta. Está bien fijarse en una montura de moda o en el nombre de una marca, pero si también se piensa en la salud ocular conviene comprobar, entre otras cosas, el marcado de protección UV y el estado de las lentes. Estos son los criterios que no conviene pasar por alto al comprar unas gafas de sol.
¿Las lentes más oscuras bloquean mejor los rayos UV?
El error más común al elegir gafas de sol es creer que “cuanto más oscuro es el color de la lente, mejor bloquea los rayos ultravioleta”. Al ver lentes negras o marrón muy oscuro, puede parecer que frenan con más fuerza la luz solar, pero la densidad del color y la capacidad de bloqueo UV son cosas distintas.
Una lente oscura puede reducir el deslumbramiento. Sin embargo, si no filtra bien la radiación ultravioleta, puede acabar siendo una carga para los ojos. Con lentes oscuras entra menos luz y la pupila se dilata; si en ese momento la protección no es adecuada, los rayos UV pueden penetrar en el interior del ojo. Por eso, más importante que el tono de la lente es comprobar primero si incorpora una protección ultravioleta eficaz.
El color de la lente se relaciona más con el deslumbramiento y la sensación visual que con el bloqueo de los rayos UV. Por ejemplo, las lentes en tonos grises distorsionan menos los colores y suelen ser una opción segura para el uso diario; las de tonos marrones aumentan el contraste y hacen que el contorno de los objetos se perciba algo más nítido. Ahora bien, aunque el color sea claro, si la protección UV es suficiente ayuda a proteger los ojos; y, al contrario, por muy oscura que sea la lente, si no ofrece esa función, difícilmente cumplirá el papel esencial de unas gafas de sol.

Primero, comprobar el marcado de “protección UV”
Al comprar unas gafas de sol, conviene revisar primero el marcado de protección frente a rayos ultravioleta que figura en la descripción del producto o en la etiqueta. En este contexto, UV (Ultraviolet) significa ultravioleta. La radiación ultravioleta no es luz visible, pero una exposición intensa puede suponer una carga para la salud ocular.
En algunos productos aparece indicado como “UV400”, “100% UV protection” o “tasa de bloqueo de rayos ultravioleta”. En el caso de UV400, el 400 se refiere a 400 nm, el límite que separa la radiación ultravioleta de la luz visible. Como los rayos UV pertenecen a un rango de longitudes de onda más cortas que la luz que podemos ver, el marcado UV400 significa que bloquea la radiación ultravioleta por debajo de 400 nm.
La exposición repetida a los rayos UV puede suponer una carga para los tejidos de la superficie ocular, la córnea y el cristalino, entre otros. En situaciones como conducir, hacer senderismo o viajar a la playa, en las que se permanece mucho tiempo bajo el sol, es preferible comprobar el marcado de protección UV antes que elegirlas solo por el diseño.
Gafas de sol usadas durante mucho tiempo: también hay que comprobar la vida útil de las lentes
Si cada año vuelves a sacar y usar unas gafas de sol compradas hace mucho, conviene revisar su estado al menos una vez. Aunque por fuera parezcan intactas, el estado de las lentes puede variar según el entorno de almacenamiento y los hábitos de uso. Si las lentes tienen muchos arañazos o el recubrimiento se ha desprendido, el deslumbramiento puede resultar más intenso que antes y la visión puede percibirse borrosa. Seguir llevándolas en esas condiciones aumenta la fatiga ocular.
No es fácil fijar un único plazo de sustitución, pero si se usan con frecuencia, conviene revisar el estado de la protección UV tomando como referencia alrededor de 2 años. La función de bloqueo de UV no se puede comprobar a simple vista y su tasa de protección también puede disminuir con el tiempo. En el caso de gafas muy usadas o con un marcado de protección UV poco claro, una opción es comprobar la transmitancia de UV en el punto de compra o en una óptica, entre otros lugares.

En relación con esto, la Agencia Coreana de Tecnología y Normas (KATS, por sus siglas en inglés) mejoró en su día los criterios de seguridad para que la información del producto incluya la tasa de bloqueo de rayos ultravioleta. En particular, entre los productos comprados durante un viaje al extranjero o importados directamente por internet, hay casos en los que resulta difícil confirmar si la protección UV es suficiente, por lo que conviene revisar con detalle la información del etiquetado.
¿Cómo evitar arañazos en las lentes? También hay que cuidar el almacenamiento‧y la limpieza
Cuando no se usan, las gafas de sol deben guardarse en su estuche específico. Si se dejan tal cual dentro del bolso, es fácil que las lentes se rayen con llaves, cosméticos o los bordes de la cartera. Para limpiar las lentes, es mejor usar un paño específico en lugar de frotarlas con la ropa o con un pañuelo de papel. Si se limpian directamente con un paño seco cuando tienen polvo, pueden aparecer microarañazos.
Después de ir a la playa o a la piscina, hay que limpiar suavemente el sudor, el sebo, la sal y el protector solar que hayan quedado en las lentes. Si hay arena o polvo adheridos, no conviene frotar de inmediato: primero hay que sacudirlos ligeramente. Enjuagar un poco bajo el grifo y luego absorber el agua con un paño específico ayuda a reducir el daño en la superficie de la lente.
El lugar de almacenamiento también importa. Si se dejan mucho tiempo en un sitio de alta temperatura, como el interior de un coche en verano, la montura puede deformarse o las lentes dañarse con facilidad. Lo mejor es guardarlas en un lugar fresco y limpiar también el sudor o los restos de cosméticos que queden en la cara interna de las lentes y alrededor de las almohadillas nasales.