
El ictus es una de las principales causas de muerte en Corea del Sur y una enfermedad con alto riesgo de secuelas o de recaída incluso después del tratamiento. En particular, el infarto cerebral —cuando se obstruye un vaso sanguíneo del cerebro— provoca un daño cerebral mayor cuanto más se retrasa la atención, por lo que la rapidez con la que se recibe tratamiento tras el inicio de los síntomas determina el pronóstico.
Kim Moon-chul, especialista en patología cerebrovascular y director del Hospital S Pohang, señaló: «Las enfermedades cerebrovasculares tienen causas de aparición y estados vasculares distintos en cada paciente, por lo que es difícil valorarlas solo con criterios uniformes». Y agregó: «Si de repente aparecen síntomas neurológicos distintos a los habituales, conviene acudir al hospital con rapidez y de forma proactiva, aunque pueda parecer excesivo».
–Cuando se habla de ictus, a menudo se piensa en alguien que se desploma de repente o pierde el conocimiento. Pero también puede empezar con señales de aviso más leves. ¿Qué síntomas deben llevar a acudir sin demora a urgencias?
«Lo primero que hay que observar es la parálisis o una alteración de la sensibilidad en un lado del cuerpo. Si de repente se pierde fuerza en un brazo o una pierna, o aparece una sensación anómala que nunca se había experimentado, es una señal de alarma. Aunque esos síntomas aparezcan y mejoren en 1~2 minutos, si son nuevos hay que ir rápido al hospital.
También hay que reaccionar con rapidez si de repente no se ve bien por un ojo o si no se ve una parte del campo visual. Lo mismo ocurre si aparece diplopía (ver doble), si el habla se vuelve de repente pastosa o si disminuye el nivel de conciencia.
El mareo y el dolor de cabeza pueden ser difíciles de distinguir para una persona sin formación, porque no siempre es fácil saber si son señales peligrosas o no. Si aparece de repente un mareo que no se tenía habitualmente, o un dolor de cabeza con un patrón que nunca se había sentido, conviene acudir a urgencias. La forma de no pasar por alto un ictus es sospecharlo y acudir al hospital incluso si parece un poco exagerado».
–Se suele decir que en el tratamiento del ictus es importante la ‘ventana de oro’. También se oye que esa ventana es de ‘4,5 horas’…
«Antes se hablaba de la ventana de oro como ‘3 horas, 4 horas y media’, pero ahora ya no es fácil explicarlo solo con una cifra de horas. La regla más importante es ‘venir al hospital lo antes posible, aunque sea un minuto o un segundo antes’.
Cuando un vaso se obstruye y se corta el aporte de sangre, las células cerebrales siguen dañándose. En un minuto pueden dañarse aproximadamente 1.800.000~2.000.000 de neuronas. Mientras que hay zonas ya dañadas de forma irreversible, alrededor puede quedar tejido cerebral que se puede salvar si se restablece pronto el flujo sanguíneo. La clave del tratamiento es salvar ese tejido en la mayor medida posible.
Sin embargo, la velocidad a la que progresa el daño cerebral varía según el paciente. Depende de qué vaso se ha obstruido y por qué, y de cuánto se haya desarrollado la circulación colateral —el flujo alternativo de sangre alrededor del vaso bloqueado—, entre otros factores. Con pruebas de imagen se comprueba cuánto tejido cerebral salvable queda y se decide si tratar o no.
Incluso en pacientes a los que les ha pasado bastante tiempo desde el inicio de los síntomas, el tratamiento puede ser posible si en las pruebas de imagen se confirma que queda tejido cerebral salvable. Por el contrario, aunque haya pasado poco tiempo, en algunos pacientes puede ser más peligroso forzar la reapertura del vaso.
Por eso no se debe pensar que ‘hasta tantas horas está bien’. Si se sospecha un ictus, hay que venir al hospital lo antes posible. Y, a la inversa, aunque haya pasado mucho tiempo, el tratamiento puede ser posible, así que hay que desplazarse al hospital sin demora».
–Cuando en un chequeo de salud se detecta por casualidad un aneurisma cerebral, muchas personas se preguntan si ‘hay que operarse o someterse a un procedimiento sí o sí’.
«El aneurisma cerebral es una enfermedad que, si se rompe, puede provocar una hemorragia cerebral. En particular, el sangrado por rotura puede ser tan grave como para poner en peligro la vida. El problema es que, antes de romperse, a menudo no presenta síntomas específicos. Por eso no son pocos los casos en los que se detecta de forma incidental al realizar una resonancia magnética (RM) o una tomografía computarizada (TC) por un chequeo o por otro motivo.
Ahora bien, no todos los pacientes a los que se les detecta un aneurisma cerebral deben operarse o someterse a un procedimiento de inmediato. Para decidir si tratar o no, se revisan de base la localización, el tamaño y la forma del aneurisma, y se consideran conjuntamente diversos factores de riesgo, como la edad del paciente, la presencia de hipertensión o tabaquismo, los antecedentes familiares y el número de aneurismas. Por ejemplo, si hay tabaquismo o hipertensión, si existen antecedentes familiares o si hay varios aneurismas, el riesgo de rotura puede aumentar.
En última instancia, lo importante es comparar dos riesgos. Hay que sopesar el riesgo de rotura si se deja el aneurisma tal cual frente al riesgo de complicaciones si se realiza una cirugía o un procedimiento antes de que se rompa. Si se considera que el riesgo de rotura es mayor que el riesgo del tratamiento, se trata de forma activa; y, por el contrario, si la probabilidad de rotura es baja y el riesgo asociado al tratamiento es mayor, se puede optar por no tratar de inmediato y observar la evolución.
Eso sí, ‘observar’ no significa no hacer nada y dejarlo sin control. Hay que comprobar periódicamente si hay cambios en el tamaño o la forma del aneurisma. El intervalo de las pruebas de seguimiento tampoco se fija de manera uniforme, sino que debe decidirse con el especialista responsable integrando la edad y el estado de salud del paciente, los factores de riesgo y las características del aneurisma, entre otros elementos».
–Tras el tratamiento del ictus, muchos pacientes temen una recaída. ¿Cuál es el riesgo real de recurrencia? Y, después del alta, ¿qué es imprescindible cumplir para prevenirla?
«Quien ha sufrido un ictus una vez tiene un riesgo mucho mayor de volver a padecerlo que quien no lo ha tenido. Según algunos estudios, hay informes que sitúan ese riesgo hasta en 16,5 veces. Por tanto, aunque el primer tratamiento termine con éxito, no significa que todo haya terminado. Después, es importante un manejo continuado para prevenir la recurrencia.
Lo más básico es tomar de forma constante la medicación prescrita. Según la causa del ictus, se pueden recetar fármacos para prevenir la formación de trombos, como antiagregantes plaquetarios o anticoagulantes, y no deben suspenderse por cuenta propia.
También hay que controlar de forma activa la causa y los factores de riesgo que provocaron el ictus. Si hay hipertensión, hay que controlar estrictamente la presión arterial; si hay diabetes, la glucemia. En el caso de la hipercolesterolemia, también es importante fijar valores objetivo y gestionarla con pruebas periódicas.
Mejorar los hábitos de vida también es imprescindible. Conviene dejar de fumar y evitar el alcohol en la medida de lo posible. Hacer ejercicio con regularidad y mantener un peso adecuado también ayuda. En definitiva, mantener de forma constante la toma de medicación, el control de los factores de riesgo y unos hábitos de vida saludables es la base para prevenir la recurrencia».
