
Hay personas que mantienen una figura esbelta sin prestar una atención especial a su alimentación. En cambio, a otras les resulta fácil engordar aunque no coman mucho. Estas diferencias pueden deberse a la constitución innata, pero también a los hábitos de vida cotidianos.
La doctora en medicina tradicional coreana Oh Yoon-seo, que comparte consejos para controlar el peso después de perder «27 kg», publicó en sus redes sociales las «cinco características de las personas que nunca engordan». A continuación, analizamos en detalle cuáles son esos rasgos y en qué se fundamentan.
1.º No pensar en comida todo el día
La doctora Oh afirmó que «para las personas que no engordan, la comida no ocupa el centro del día» y que «en lugar de pensar constantemente en comer, comen cuando tienen hambre y se olvidan de la comida cuando están llenas». Un concepto similar es el de «reactividad a los alimentos», empleado en investigación. Se refiere a la tendencia a sentir fácilmente el deseo de comer ante estímulos externos, como el aspecto o el olor de alimentos apetitosos, incluso sin tener hambre.
Según un estudio del equipo del University College London (UCL) sobre la conducta alimentaria de adultos, publicado en la revista científica internacional 《Appetite》, las personas con una mayor reactividad a los alimentos y una mayor tendencia a la sobreingesta emocional presentaban un índice de masa corporal (IMC) más alto. Por el contrario, quienes mostraban una mayor reactividad a la sensación de saciedad tendían a tener un IMC más bajo.
2.º Moverse con frecuencia durante todo el día
Se trata de moverse mucho de forma natural en la vida cotidiana: caminar habitualmente, levantarse con frecuencia en lugar de permanecer sentado durante mucho tiempo o utilizar las escaleras. Estos pequeños movimientos diarios reciben el nombre de termogénesis de la actividad no asociada al ejercicio (NEAT, por sus siglas en inglés). Es la energía que se consume mediante los movimientos habituales, excluidos el sueño, las comidas y el ejercicio planificado. Desde el punto de vista del gasto energético total diario, puede haber una diferencia entre hacer ejercicio durante una hora y permanecer sentado el resto del tiempo, y levantarse, caminar y moverse de vez en cuando.
3.º Dejar los cubiertos en cuanto se está lleno
La doctora Oh explicó que «da prioridad a su propia sensación de saciedad antes que a la idea de que sería una pena dejar comida» y que «termina de comer cuando siente que está llena, aunque haya sobras o pueda tomar un bocado más». Los estudios sobre obesidad también conceden importancia a la reactividad a la saciedad. En la investigación del UCL sobre la conducta alimentaria de adultos, las personas con una mayor sensibilidad a la sensación de saciedad tendían a presentar un IMC más bajo. Cuando se reconocen las señales de saciedad que envía el organismo, poner fin a la comida resulta importante para reducir una ingesta excesiva de calorías.
4.º Quedarse satisfecho con el alimento que más apetece
También es necesario no reprimirse siempre a la hora de comer lo que apetece. La doctora Oh aconsejó «comer el alimento que se desea, pero detenerse una vez alcanzado el nivel de satisfacción propio». Las personas delgadas no necesariamente renuncian por completo a sus alimentos favoritos, como la pizza, el pollo frito, el pan o los postres: comen lo que les apetece, pero solo hasta quedar satisfechas, y paran.
5.º No comer si no se tiene hambre
La doctora Oh señaló que «no se debe comer solo porque ha llegado la hora de la comida» y que «quienes comen cuando realmente tienen hambre y no buscan comida cuando no la tienen pueden mantener una figura esbelta».
Según un estudio publicado en 2018 en la revista científica internacional 《Appetite》, después de que 46 mujeres con un peso normal tomaran un almuerzo suficiente y recibieran un tentempié, consumieron de media unas 188 kcal adicionales incluso después de haber terminado de comer. El equipo investigador concluyó que este comportamiento también estaba relacionado con un aumento de peso a corto plazo.
