
Aunque hayas dormido lo suficiente, si desde primera hora notas el cuerpo pesado y el cansancio se mantiene durante todo el día, puede que la causa no sea solo la falta de sueño. Si la fatiga se repite pese a no padecer ninguna enfermedad concreta ni tener una carga de trabajo excesiva, conviene revisar los hábitos cotidianos y el estado nutricional.
◆ Ingesta insuficiente de hierro
El hierro es un nutriente imprescindible para producir los glóbulos rojos que transportan oxígeno por el organismo. Si falta hierro, los tejidos no reciben suficiente oxígeno, lo que puede hacer que te fatigues con facilidad y disminuya la capacidad de concentración. En casos graves, puede derivar en anemia y provocar un cansancio extremo hasta el punto de dificultar la vida diaria. El hierro abunda en carnes magras, huevos, tofu, legumbres, verduras de hoja verde y frutos secos; además, si se consume junto con alimentos ricos en vitamina C, como la naranja o el kiwi, mejora su absorción.
◆ Falta de actividad física
Si reduces el movimiento porque te sientes cansado, tu condición física puede empeorar aún más. La actividad física regular favorece la circulación sanguínea y mejora la función cardiopulmonar, ayudando a que el oxígeno y los nutrientes lleguen de forma fluida a todo el cuerpo. Un estudio de la Universidad de Georgia (Estados Unidos) observó que adultos con poca actividad habitual redujeron la sensación de fatiga y aumentaron su vitalidad tras practicar ejercicio ligero tres veces por semana.
◆ Saltarse el desayuno
El desayuno aporta energía al organismo y activa el metabolismo. Si lo omites, puede disminuir la concentración durante la mañana y aparecer cansancio con facilidad. Salvo que, por un motivo concreto, se mantenga un periodo de ayuno, es recomendable desayunar de forma equilibrada e incluir proteínas y fibra dietética. Acompañar con huevo cocido, verduras, fruta y cereales integrales en la medida adecuada ayuda a mantener la energía.
◆ Beber poca agua
Cuando falta agua en el organismo, puede disminuir el volumen sanguíneo y reducirse la eficiencia para transportar oxígeno y nutrientes. Esto puede intensificar no solo el dolor de cabeza o los mareos, sino también la fatiga. En especial con tiempo caluroso o después de hacer ejercicio, la pérdida de líquidos aumenta, por lo que es aconsejable adquirir el hábito de beber agua a pequeños sorbos antes de sentir sed.
◆ Beber alcohol antes de dormir
Beber puede dar la sensación de que entra sueño, pero en realidad es muy probable que empeore la calidad del descanso. El alcohol interfiere con el sueño profundo y hace que uno se despierte con frecuencia de madrugada, de modo que, aunque parezca que se ha dormido suficiente, al día siguiente se puede amanecer sin sensación de descanso. Si quieres beber, evita hacerlo justo antes de acostarte y procura dormir al menos 3~4 horas después; esto ayuda a la salud del sueño.
◆ Pensamientos negativos
Las preocupaciones repetidas y el pensamiento negativo consumen de forma continua la energía mental y hacen que la fatiga aparezca con facilidad. El hábito de anticipar situaciones que aún no han ocurrido o imaginar de manera persistente el peor desenlace puede aumentar la liberación de hormonas del estrés y agotar cuerpo y mente. Para reducir las preocupaciones, conviene centrarse en los problemas que pueden resolverse en el presente y adquirir hábitos que alivien la tensión, como la meditación, la respiración profunda o el ejercicio suave.
