
Prácticos y sabrosos, el perrito caliente y la hamburguesa son dos de los grandes clásicos de la comida rápida. En el ajetreo del día a día es fácil recurrir a ellos, pero, si se piensa en la salud, también es normal que generen dudas. Si hubiera que elegir entre los dos, ¿cuál sería la opción relativamente más saludable?
En ambos casos se trata de carne entre pan. Por eso, la diferencia clave para la nutrición y la salud está en la “salchicha” y en la “hamburguesa” (patty). En términos generales, la hamburguesa suele ser una opción mejor que el perrito caliente.
La salchicha del perrito caliente, un “procesado cárnico” típico
La salchicha que se utiliza en el perrito caliente es un procesado cárnico ampliamente conocido. Se elabora triturando y mezclando distintas partes de cerdo o ternera, a las que se añade sal y especias, y sometiéndolas después a ahumado o curado. En este proceso, a menudo se incorporan nitratos y nitritos para dar color y mejorar la conservación. En particular, el nitrito está clasificado como carcinógeno del grupo 2 por la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), dependiente de la Organización Mundial de la Salud (OMS), y se señala como una de las principales causas que elevan el riesgo de cáncer colorrectal, enfermedades cardiovasculares y muerte prematura. Además, el perrito caliente suele componerse de salchicha, pan y salsas, sin verduras, por lo que su aporte de fibra dietética es claramente insuficiente.
La carne de la hamburguesa (patty), hecha en su mayoría con ternera
En cambio, la carne de la hamburguesa (patty) suele elaborarse triturando ternera. Los patties comerciales pueden incluir condimentos o conservantes, pero, en esencia, pasan por un proceso de elaboración más simple que las salchichas. La diferencia también es clara en el perfil nutricional. De media, las salchichas contienen más sodio y más grasas saturadas que una hamburguesa, mientras que el patty de hamburguesa aporta más del doble de proteínas que la salchicha. Además, la hamburguesa suele incorporar verduras frescas como lechuga, tomate y cebolla, lo que permite ajustar en cierta medida el equilibrio nutricional.
Eso no significa que la hamburguesa sea, sin más, un alimento saludable. Si la carne se asa a la parrilla directamente sobre la llama o se quema en exceso a altas temperaturas, pueden generarse sustancias nocivas como los hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAP). Y si se añaden grandes cantidades de queso o beicon, o salsas muy intensas, las calorías, las grasas y el sodio se disparan y desaparecen todas las ventajas para la salud.
Si quieres disfrutar de la comida rápida de forma más saludable

Para comer comida rápida de forma más saludable, conviene fijarse en la elección de los ingredientes. En ambos casos, es recomendable sustituir el pan blanco de harina refinada por un panecillo integral, más rico en fibra dietética. Al comer perrito caliente, es preferible elegir una salchicha con un contenido de carne del 80% o más, y optar por productos sin nitritos y bajos en sal. Como topping, se recomienda acompañarlo con chucrut (col fermentada) con fibra dietética o pepinillos bajos en azúcar, y usar también salsas como kétchup bajo en azúcar o mostaza.
En el caso de la hamburguesa, hay que escoger un patty con un contenido de ternera del 90% o más. Si el patty es excesivamente grueso, puede aportar demasiadas grasas saturadas, por lo que se recomienda reducir el tamaño para disminuir la carga calórica. Si se añaden generosamente verduras frescas como lechuga, tomate, cebolla o aguacate, puede aumentar mucho la densidad nutricional. Siempre que sea posible, prepararla en casa en lugar de recurrir a patties comerciales es una forma segura de reducir los aditivos.
Eso sí: las patatas fritas y la cola que suelen acompañar por costumbre a la hamburguesa son una bomba de grasas saturadas y azúcar, así que, si se piensa en la salud, es mejor evitarlas.
