
Cada vez más personas recurren a tratamientos farmacológicos contra la obesidad.
Mientras se acelera la carrera por desarrollar fármacos de nueva generación tras Wegovy y Mounjaro, la revista internacional 《British Medical Journal (BMJ)》 ha publicado un análisis a gran escala que compara la eficacia de los principales tratamientos contra la obesidad. El trabajo concluye que el medicamento que más peso hace perder no es necesariamente el que ofrece el mejor efecto preventivo frente a las enfermedades cardiovasculares.
Un equipo internacional de investigación, encabezado por la Facultad de Medicina de la Universidad de Sichuan (China), llevó a cabo un metaanálisis de 262 ensayos clínicos aleatorizados con 99.791 adultos con obesidad para comparar la eficacia y la seguridad de los principales fármacos contra la obesidad. La edad media de los participantes fue de 49 años y el índice de masa corporal (IMC) medio fue de 35; el periodo de seguimiento de los ensayos incluidos osciló entre 12 y 172 semanas.
En pérdida de peso, el mayor efecto medio lo registró la tirzepatida, con una reducción del 14,9% del peso corporal. A continuación se situaron CagriSema (14,8%), semaglutida oral (10,9%), orforglipron (9,9%), semaglutida subcutánea (9,8%) y fentermina-topiramato (8,1%). La tirzepatida es el principio activo de Mounjaro y Zepbound, que recientemente están atrayendo atención en el mercado nacional de tratamientos contra la obesidad, y la semaglutida subcutánea es el principio activo de Wegovy. Estos fármacos pertenecen a la clase de tratamientos basados en GLP-1 (péptido similar al glucagón-1), que actualmente lidera el mercado nacional de fármacos contra la obesidad.
La tirzepatida también fue la más eficaz para reducir la grasa corporal. Sin embargo, fue asimismo la que más disminuyó la masa magra —incluida la muscular—, lo que subraya la necesidad de medidas adicionales, como el control dietético y el ejercicio, para preservar la masa muscular durante el proceso de pérdida de peso.
Los efectos adversos gastrointestinales fueron frecuentes en la mayoría de los fármacos antiobesidad de la clase GLP-1. Los síntomas más representativos fueron náuseas, vómitos, diarrea y estreñimiento, y en algunos medicamentos el riesgo de que aparecieran estos efectos adversos fue mayor.
Al evaluar el efecto preventivo frente a las enfermedades cardiovasculares —cuyo riesgo es elevado en pacientes con obesidad—, el patrón fue distinto al observado en la pérdida de peso. La semaglutida subcutánea redujo el riesgo de mortalidad por cualquier causa en un 19%, el riesgo de infarto de miocardio en un 28% y el riesgo de insuficiencia cardiaca en un 57%. En cambio, la tirzepatida, pese a ser la más eficaz para perder peso, redujo el riesgo de insuficiencia cardiaca en un 51%, pero en este análisis no se demostró de forma concluyente una reducción del riesgo de mortalidad por cualquier causa ni del riesgo de infarto de miocardio.
Los investigadores señalaron: “Este estudio ayudará a pacientes y profesionales sanitarios a elegir comparando los beneficios y los riesgos de cada fármaco contra la obesidad en función de los objetivos del tratamiento”, y añadieron: “Algunos tratamientos de nueva generación requieren estudios adicionales para confirmar sus efectos clínicos y su seguridad a largo plazo”.
