
En el verano húmedo, con temperaturas por encima de los 30 grados, a los niños les basta con correr un poco al aire libre para acabar empapados de sudor. También es fácil que les piquen mosquitos u otros insectos estivales.
Cuando aparecen manchas rojas o pequeñas ampollas en la piel del niño, muchos padres lo atribuyen al sarpullido por el sudor o a marcas de picaduras. Pero si la lesión se extiende, supura o aparece una costra amarilla, conviene pensar en impétigo.
El impétigo es una de las enfermedades cutáneas más frecuentes en lactantes y niños pequeños en esta época. También conocido como ‘piodermitis costrosa’, es una afección causada por una infección bacteriana de la piel. Suele aparecer cuando las bacterias entran por pequeñas heridas, zonas de picaduras o áreas rascadas. Es especialmente común en verano, cuando la humedad es alta y se suda mucho.
Por lo general, al principio se manifiesta con pequeñas ampollas o manchas rojas en la cara o alrededor de la boca, y en brazos y piernas. Después, al romperse las ampollas, aparecen costras de color amarillo intenso.
Choi Yong-jae, presidente de la Asociación de Hospitales Pediátricos y de Adolescentes de Corea (director del Hospital Infantil Tunteun de Uijeongbu), advirtió: “El impétigo es una enfermedad contagiosa” y “puede propagarse con facilidad entre niños que conviven en grupo, como en guarderías y centros de educación infantil, por lo que hay que extremar la precaución”.
El impétigo puede transmitirse a otros niños por contacto cutáneo o a través de toallas, ropa de cama y otros objetos. Choi recalcó: “En el caso de hermanos que conviven con un niño con impétigo, es recomendable usar por separado toallas o ropa y lavarse las manos de forma rigurosa”. Mientras persistan las lesiones, se aconseja hacer una pausa en lugares de convivencia colectiva como piscinas, guarderías o centros de educación infantil.
Rascarse de forma continuada una picadura también puede desencadenar el impétigo. Si se rasca repetidamente con la mano la zona picada por mosquitos u otros insectos, la piel se daña y, al entrar bacterias, puede evolucionar a impétigo.
Cuando las lesiones son pequeñas y leves, los síntomas pueden mejorar solo con la aplicación de una pomada antibiótica. Choi indicó: “No obstante, si las lesiones se extienden con rapidez, aparece mucho pus y se acompaña de fiebre, o si el dolor y la hinchazón son intensos, hay que acudir al hospital”.
Las marcas del impétigo, en la mayoría de los casos, se resuelven con un tratamiento adecuado. Sin embargo, si se rasca con fuerza o el tratamiento se retrasa, pueden quedar hiperpigmentación o cicatrices. Si hay cicatrices por impétigo, conviene bañarse con regularidad para mantener la higiene de la piel, pero es mejor evitar frotar el cuerpo con demasiada fuerza o exfoliarlo.
Choi insistió: “El impétigo es una enfermedad cutánea frecuente, pero al ser contagiosa es importante tratarla adecuadamente desde el inicio”, y añadió: “Si aparecen costras amarillas o ampollas en la piel del niño, no las toque ni las arranque con la mano; acuda a un centro médico cercano con atención pediátrica para recibir un diagnóstico y tratamiento precisos”.
