
A simple vista no parece algo urgente. Por eso se pospone con más frecuencia. Pero no es una enfermedad que deba despacharse como una simple molestia. Hablamos de patologías quirúrgicas muy ligadas a la vida diaria, como la hernia, la ginecomastia y la mama accesoria (mama supernumeraria). En una hernia, el intestino o el ovario pueden quedar atrapados y evolucionar hacia necrosis tisular; y la ginecomastia y la mama accesoria pueden provocar no solo dolor, sino también cambios posturales y retraimiento psicológico.
Lee Seong-ryeol, director del Hospital Damsoyu, recalcó: “Estas patologías quirúrgicas no son algo que deba abordarse a la ligera basándose solo en la experiencia del médico; hay que tratarlas con criterios de manual, basados en la medicina basada en la evidencia”.
-Aunque la ingle esté abultada, si el dolor no es intenso, no son pocos los casos en los que se le resta importancia. Dado que una hernia es un estado en el que un órgano o tejido se ha salido, se dice que, si se deja sin tratar, puede derivar en problemas mayores. ¿Por qué no debe tomarse a la ligera una hernia?
“La hernia es una enfermedad en la que un órgano o tejido se desplaza hacia fuera a través de un punto débil de la pared abdominal o de la ingle. Aunque por fuera parezca un simple bulto, el verdadero peligro empieza después. En particular, si el órgano queda encajado en el orificio herniario, puede bloquearse el flujo sanguíneo y producirse necrosis. Una afección que, en origen, se resolvería cerrando el orificio puede convertirse, si se deja evolucionar, en una cirugía mayor que implique resecar el intestino y volver a unirlo. En las niñas, también puede ocurrir que el ovario se desplace hacia la zona de la hernia, por lo que hay que extremar la precaución.”
Cuando se sospecha una hernia, la primera señal que hay que observar es clara: algo que antes no estaba, un día aparece de golpe. En los niños, suele detectarlo la familia al cambiar el pañal; en los adultos, es frecuente que se den cuenta al ducharse. Al estar de pie o al hacer fuerza, la ingle o la zona alrededor del ombligo se abultan, y al tumbarse puede reducirse. Sin embargo, si no se reduce bien, se endurece o el dolor se intensifica, hay que acudir a consulta con mayor urgencia.
-¿Cuál es el malentendido más frecuente de los padres sobre la hernia pediátrica?
“El malentendido más común es pensar: ‘Como aún es pequeño, hay que retrasar la operación’. No es correcto decir de forma generalizada, ante una hernia pediátrica típica, ‘hagámosla después del primer año’. Según los criterios de los manuales de cirugía, el estándar es operar lo antes posible una vez se diagnostica.”
Por supuesto, hay excepciones. En casos en los que el riesgo de la anestesia y de la propia cirugía es alto —como en recién nacidos con peso extremadamente bajo ingresados en una UCI neonatal—, operar tras un poco más de crecimiento puede ayudar a reducir complicaciones. Pero, según explicó, esas situaciones especiales no deben aplicarse por igual a todos los niños. “El médico no debe hablar desde su propio criterio o experiencia, sino explicar basándose en la evidencia clínica que aparece en los manuales.”
La hernia pediátrica y la hernia del adulto difieren desde la causa. En los niños, a menudo se debe a que persiste un conducto que debería haberse cerrado de forma congénita, por lo que el núcleo de la cirugía es cerrar con precisión ese orificio. En cambio, en los adultos, con la edad se debilita toda la pared abdominal y la región inguinal, y pueden aparecer varios puntos vulnerables, no solo uno. Es decir, aunque por fuera parezca que hay un único punto, en realidad pueden coexistir otras zonas débiles.
-Antes de una cirugía de hernia en adultos, no es raro sentir inquietud por “si es seguro colocar una malla sintética dentro del cuerpo”. También existe un rechazo difuso por el hecho de introducir un material extraño en el organismo.
“La malla sintética que se usa en hernias no es muy distinta de los stents vasculares (stent) que se emplean en procedimientos cardiovasculares. Considerar que, por el mero hecho de introducir un refuerzo en el cuerpo, es necesariamente peligroso, es un miedo excesivo. Es un material utilizado desde hace mucho tiempo y, desde la introducción de la malla, la tasa de recidiva de la hernia ha disminuido de forma clara.”
-La ginecomastia y la mama accesoria suelen despacharse como “es por engordar” o como una simple “incomodidad estética”. En la práctica, sin embargo, en muchos casos se asocian a dolor y a un deterioro de la calidad de vida. ¿Por qué deben considerarse enfermedades que requieren tratamiento quirúrgico?
“La mama accesoria es un estado en el que queda tejido mamario adicional, por ejemplo en la axila, y no es lo mismo que un simple exceso de grasa. Es relativamente frecuente en mujeres asiáticas y, tras el embarazo y el parto, puede doler intensamente, como una ingurgitación mamaria; incluso hay casos con pezón. Si fuera solo un problema estético, ¿por qué estaría cubierto por el seguro de salud?”
Explicó que la mama accesoria es una afección que va más allá de la incomodidad estética que lleva a evitar mangas cortas o tirantes: el dolor puede intensificarse con el ciclo menstrual o después del parto. Es fácil pasarla por alto como si fuera “grasa antiestética”, pero en realidad debe abordarse como una patología relacionada con la mama.
La ginecomastia tampoco es lo mismo que la simple obesidad. “La ginecomastia se refiere a la situación en la que el tejido mamario del varón se desarrolla y el pecho sobresale de forma abombada. Si queda tejido mamario y solo se hace liposucción, la recidiva es inevitable. La ginecomastia no es un problema de grasa, sino de tejido mamario.” Esto significa que una cirugía adecuada no debe limitarse a reducir grasa, sino centrarse en extirpar con precisión el tejido glandular desarrollado.
-¿Qué sufrimiento refieren con más frecuencia los adolescentes con ginecomastia que ve en consulta?
“En los pacientes adolescentes, por fuera parece un problema de apariencia, pero el retraimiento psicológico es mucho mayor. Solo llevan ropa ancha, usan bandas compresivas para ocultar el pecho y, al encorvar los hombros al caminar, incluso se altera la postura. Por lo general, los adolescentes tampoco se lo cuentan bien ni a sus padres.”
En las pacientes con mama accesoria ocurre algo parecido. Acaban evitando las mangas cortas o los tirantes y, durante la lactancia tras el parto, el dolor puede hacer que el día a día sea difícil. En definitiva, estas patologías no deben verse solo como un problema de aspecto, sino como enfermedades que provocan dolor, incomodidad funcional y retraimiento psicológico a la vez.
-Para los pacientes a los que les asusta la cirugía y sienten una ansiedad difusa, ¿qué principio le gustaría subrayar primero como director del hospital?
“Al explicar una cirugía, antes que hablar de dolor, cicatrices o recidiva, lo primero que hay que mencionar es un sistema seguro. La destreza manual del cirujano por sí sola no basta. Deben estar integrados un anestesiólogo especialista, un sistema de pruebas preoperatorias y un entorno de quirófano que reduzca las infecciones.” Puso como ejemplo elementos básicos como mantener la presión positiva en el quirófano y filtros de alto rendimiento, y explicó que estos factores son importantes para disminuir el riesgo de infección. Lo fundamental es la seguridad, y sobre ella deben asentarse la técnica y la explicación.
“La hernia, la ginecomastia y la mama accesoria, al principio, no parecen gran cosa. Por eso la gente las pospone una y otra vez. Pero, en la misma medida en que se deja pasar el tiempo, el dolor se intensifica y el retraimiento se prolonga. No son enfermedades para aguantar y resistir, sino afecciones que deben diagnosticarse con precisión y corregirse a tiempo. Más importantes que el miedo difuso o los rumores son unos principios terapéuticos firmes y un juicio clínico exacto.”
