
Se ha publicado un estudio que sugiere que el hábito de añadir más sal a la comida porque está sosa puede aumentar el riesgo de depresión.
Un equipo de investigadores del Hospital Popular de Guangdong en China, tras realizar un seguimiento de los hábitos alimenticios de más de 15,000 adultos, ha publicado en ⟪Nutritional Neuroscience⟫ que el grupo que más frecuentemente añadía sal en la mesa tenía un 26% más de riesgo de experimentar depresión en comparación con aquellos que no lo hacían.
Los participantes debían informar con qué frecuencia añadían sal a la comida en la mesa, excluyendo la sal utilizada durante el proceso de cocción. Las respuestas se clasificaron en un rango desde 'casi nunca' hasta 'muy a menudo'. Esto se utilizó como un indicador indirecto para cuantificar la exposición diaria al sodio.
La evaluación de los síntomas depresivos se realizó mediante un instrumento de cribado estandarizado llamado Cuestionario de Salud del Paciente (Patient Health Questionnaire, PHQ). Este instrumento puntúa los síntomas depresivos principales, como la disminución del estado de ánimo, la pérdida de interés, los cambios en el sueño, la fatiga y la disminución de la concentración, durante las últimas dos semanas.
Cada ítem recibe una puntuación según la frecuencia, y la puntuación total se calcula entre 0 y 27 puntos. Si se supera un umbral determinado, se clasifica como síntomas depresivos clínicamente significativos. Los investigadores utilizaron estas puntuaciones para analizar estadísticamente la correlación entre el riesgo de síntomas depresivos y la frecuencia de adición de sal.
Los resultados del análisis mostraron que el grupo que más frecuentemente añadía sal en la mesa tenía un 26% más de riesgo de depresión en comparación con el grupo que casi no añadía sal. Esto indica un aumento en el riesgo relativo, y se confirmó una correlación positiva estadísticamente significativa.
Además, en el grupo con una predisposición genética a un mayor consumo de sodio, el riesgo de síntomas depresivos aumentó un 11%, y el riesgo de trastorno depresivo mayor aumentó un 28%.
Los investigadores no han podido identificar el mecanismo exacto por el cual la sal afecta el estado de ánimo, pero sugirieron que el consumo excesivo de sodio podría estimular en exceso los sistemas biológicos que regulan la respuesta al estrés, lo que podría provocar una secreción excesiva de hormonas del estrés. También explicaron que el consumo excesivo de sodio puede promover la respuesta inflamatoria, lo que podría afectar áreas del cerebro relacionadas con la regulación emocional.
Los investigadores afirmaron: “Se observó una correlación positiva significativa entre el hábito de añadir sal a la comida en la mesa y el riesgo de depresión”, y añadieron que “reducir la frecuencia de adición de sal en la mesa podría ser una estrategia efectiva para disminuir el riesgo de depresión en la población general”.
Sin embargo, los investigadores reconocieron la limitación de que este estudio se basó en los datos de hábitos alimenticios autoinformados de los participantes. Los datos autoinformados pueden estar sujetos a errores de memoria o sesgos personales. Los investigadores enfatizaron la necesidad de estudios adicionales para esclarecer la relación causal entre el consumo de sal y los cambios en el estado de ánimo.
Estudios anteriores han informado que los alimentos ultraprocesados con alto contenido de sal, azúcar y grasa están asociados con un aumento en el riesgo de desarrollar depresión.
Por otro lado, el consumo de sodio en el país supera las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) debido a las características de la dieta tradicional que incluye kimchi, sopas y guisos, así como el aumento del consumo de alimentos procesados y de restaurantes.
Según los datos de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición de la Agencia de Control de Enfermedades, el consumo promedio diario de sodio en adultos ha sido reportado en aproximadamente 3000-3500 mg en los últimos años, lo que equivale a aproximadamente 7.5-9 g de sal.
La recomendación de la OMS para el consumo diario de sodio es de menos de 2000 mg (menos de 5 g de sal). El consumo promedio en el país es considerablemente más alto que esto. Sin embargo, se ha observado una tendencia de disminución gradual en comparación con épocas anteriores en las que el consumo superaba los 4000 mg.
