
En cuanto tenemos un momento libre, tendemos a mirar el smartphone, pero no es tan conocido que este hábito también influye en la «edad de la piel» del rostro. Cuanto más miramos la pantalla, más se inclina poco a poco la cabeza, y se repiten finas líneas de arrugas en la misma dirección. Cuando estos pequeños patrones se acumulan, los pliegues se fijan independientemente de la expresión, y es fácil parecer mayor que la edad real. Con solo cambiar la postura al mirar el smartphone, pueden variar el contorno facial y la impresión general de la piel.
Mirar con «la pantalla demasiado cerca» → se fatigan el contorno de los ojos y la zona de los pómulos
Si colocas el smartphone justo delante de la cara, los músculos alrededor de los ojos se mueven repetidamente en un rango estrecho y la fatiga se acumula en poco tiempo. El primer cambio que suele aparecer es una «textura más áspera en el contorno de los ojos» y una «impresión apagada alrededor de los pómulos». Los estudios también indican que la distancia a la pantalla puede influir en el grado de tensión de la zona facial. Con solo alejarlo un poco, disminuye la presión en el contorno ocular y se nota que se suaviza el aspecto cansado.
Mirar con «la cabeza inclinada hacia abajo» → la zona bajo la barbilla se ve menos definida
Si se mantiene una postura con la barbilla inclinada hacia abajo, el límite nítido entre cuello y barbilla se comprime y puede verse extendido en diagonal. Cuando este patrón se repite, la zona alrededor de la mandíbula inferior puede parecer como si se hubiera ensanchado de forma natural, creando una «impresión de rostro más ancho». Al mirar el smartphone, si retraes ligeramente la barbilla, la forma de la parte inferior del rostro se mantiene algo más cerca de su línea original. Incluso un pequeño ángulo influye más de lo que parece en el cambio del contorno facial.
Usarlo con «la mirada hacia abajo» → se fija la línea de reposo
Al bajar la mirada, los músculos alrededor de la boca se mantienen en un estado de ligera tensión. Si esta fuerza se prolonga, aunque no estés haciendo ninguna expresión, es fácil que se forme una «línea base» como si las comisuras estuvieran caídas. Al mirar el smartphone, si elevas la mirada hasta la horizontal y retraes la barbilla, puedes ralentizar la fijación de esa línea de reposo. En el momento en que cambia la dirección de la mirada, la tensión de la parte inferior del rostro se modifica de forma evidente.
Mantener los «hombros hacia delante» → hinchazón facial
Si miras la pantalla durante mucho tiempo con los hombros encorvados hacia delante, se cierra el espacio anterior del pecho y se dificulta la circulación hacia la zona facial. Si este estado se prolonga, aparecen cambios que hacen que el rostro se vea pesado y apagado. Con un gesto sencillo de llevar los hombros hacia atrás y abrir el pecho, disminuye la presión que asciende hacia la cara y se percibe un flujo sanguíneo algo más fluido. Por eso, cuando se relajan primero los hombros antes que el cuello, suele reducirse la hinchazón facial.
Con solo cambiar la postura, cambia la velocidad del «envejecimiento facial»
Si elevas el smartphone a la altura de los ojos y retraes la barbilla hacia dentro, disminuyen los pliegues de la parte anterior del cuello y todo el contorno del rostro se ve más natural. Si cada 20–30 minutos inclinas la cabeza hacia atrás para relajar la parte anterior del cuello, el cuello, que ha estado rígido todo el día, se afloja y la línea mandibular se siente más cómoda. Si antes de dormir dejas el smartphone más lejos y relajas ligeramente los músculos faciales, también se nota con claridad que a la mañana siguiente disminuye la fatiga facial. Los cambios posturales retrasan las señales de envejecimiento de manera más inmediata de lo que se piensa.