
“La clase que más me impactó en la facultad de medicina fue la de primer curso sobre ‘cómo dar la mano’.”
\n\n\n\nAsí lo afirmó la residente de Medicina Familiar Kim Min-jin, a quien entrevistamos en el Centro de Salud Northgate de la histórica ciudad universitaria de Oxford en el Reino Unido. Tiene un perfil poco común: se graduó en la Barts and The London School of Medicine and Dentistry (Facultad de Medicina y Odontología) y cuenta con habilitación para ejercer como médico tanto en Corea como en el Reino Unido. Cuando le preguntamos por su experiencia en la facultad británica, su respuesta fue sorprendente.
\n\n\n\nReunir a jóvenes aspirantes a médicos para corregir uno por uno la fuerza del apretón de manos, el tono de voz, el manejo de la mirada y la postura al estar de pie... Es una escena simbólica que muestra hasta qué punto la medicina británica valora la relación entre médico y paciente.
\n\n\n\n“A decir verdad, al principio no entendía por qué hacían esa clase. Era una clase que realmente detestaba.”
\n\n\n\nEl núcleo de la clase era claro: ese breve instante en que el paciente abre la puerta del consultorio y estrecha la mano del médico es el punto de partida de todo. Los profesores repetían sin cesar que “esos segundos que deciden la primera impresión son el punto de inflexión que determina si el paciente seguirá confiando en usted como profesional o buscará a otro médico”.
\n\n\n\nOtra característica de la enseñanza en las facultades británicas es que no te dan la “respuesta correcta” en bandeja. Kim explicó: “En el Reino Unido, con lo que el profesor nos cuenta en clase no basta para abarcar todo lo que puede salir en un examen”. Esto contrasta con la cultura de Corea, donde la facultad suele señalar claramente qué entra en el examen y los estudiantes reciben de los mayores materiales no oficiales y recopilaciones de preguntas transmitidos por estudiantes de cursos superiores para estudiar.
\n\n\n\nElla añadió: “A veces los profesores se centran en enseñar en profundidad sus áreas de investigación o intereses y acaban pasando por alto contenidos que resultan importantes para los exámenes. Al final, tienes que identificar por ti mismo aquello que crees que puede salir en el examen, estudiarlo y compartirlo con colegas y alumnos mayores. No todo el conocimiento proviene directamente del profesor”. Es decir, desde temprano se aprende la importancia del conocimiento que se adquiere fuera de los libros de texto, en las prácticas hospitalarias.
\n\n\n\n“Si no se lo preguntas al paciente, no hay consulta” La pregunta que plantea la sanidad británica
\n\n\n\nEn el Reino Unido, el paciente elige su proceso terapéutico. Por ejemplo, si sospecha por sí mismo de un trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) y acude al médico de cabecera (GP), el médico le entrega al paciente una lista con información de tres o cuatro centros donde se pueden realizar consultas psiquiátricas.
\n\n\n\nKim explicó: “Tras enviar la lista de centros al paciente, le pedimos 'léala y dígame cuál le parece mejor'. El paciente, teniendo en cuenta la ubicación o el sistema del centro, elige directamente el servicio que mejor se adapta a sus necesidades y nosotros solicitamos la colaboración según esa decisión”. Es una sanidad estrictamente centrada en la demanda (el paciente), no en la oferta (el proveedor).
\n\n\n\nEsta filosofía impregna la atención cotidiana. Kim subraya que pedir el consentimiento del paciente en todo el proceso es una regla de oro en la consulta.
\n\n\n\n“Incluso para una analítica o una radiografía (rayos X) siempre pregunto: ‘Esto es lo que pretendo hacer; ¿qué opina usted?’ Si el paciente se niega, no podemos prescribir nada en absoluto”.
\n\n\n\nSignifica que el derecho a la autodeterminación del paciente prima por encima de todo.
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“Puede ser cáncer, pero…” La confianza que se construye con la sinceridad
\n\n\n\nEn las facultades británicas hay clases que se repiten año tras año: los estudiantes se sientan frente a actores profesionales. El actor interpreta hoy a un “paciente” o a un “familiar” que debe recibir el diagnóstico de un cáncer o la noticia de la muerte inminente de un ser querido. Los estudiantes practican cómo comunicar las noticias más duras y dolorosas como si fuera en la vida real. Al lado, el profesor observa el tono, la expresión y la elección de palabras del estudiante y le da retroalimentación inmediata.
\n\n\n\n“¿Cómo consolaría a alguien que acaba de recibir un diagnóstico de cáncer? ¿O cómo daría la noticia por primera vez a un paciente que todavía no sabe que tiene cáncer?”
\n\n\n\nA través de esos escenarios, los más difíciles tanto desde el punto de vista ético como emocional, los médicos británicos incorporan técnicas de comunicación con el paciente. Kim cuenta: “Recibimos cada año formación sobre cómo hacer que una noticia chocante sea menos impactante para el paciente; este entrenamiento me fue de gran ayuda cuando traté a pacientes reales”.
\n\n\n\nUna de las claves de estas clases es evitar consuelos precipitados. Incluso si la probabilidad de cáncer es apenas del 1%, no tranquilizan al paciente con un “todo irá bien”. En lugar de eso, ponen sobre la mesa la peor posibilidad para dar tiempo al paciente a prepararse emocionalmente.
\n\n\n\nDar inicialmente falsas esperanzas y luego, tras los resultados, decir que en realidad había cáncer, y advertir desde el principio de que “los resultados pueden no ser favorables”, produce una diferencia enorme en la intensidad del choque posterior.
\n\n\n\nSe recuerda una y otra vez que la comunicación con el paciente es la clave principal para generar confianza en el médico. Reconocer juntos, médico y paciente, que en medicina no existe el “100%” y formar una relación de acompañamiento para navegar la incertidumbre es el inicio de la confianza.
\n\n\n\n‘Un buen médico’ se forma por la ‘actitud’, no por el conocimiento… la cuestión que plantea Charité
\n\n\n\nEn el centro de Berlín, donde la ópera y los teatros son parte del aire de la ciudad, se encuentra la Facultad de Medicina de la Charité. La enseñanza allí también parte del “paciente”.
\n\n\n\nLa filosofía terapéutica del Hospital St. Hedwig, afiliado a la Charité, se resume en una frase.
\n\n\n\n“El objetivo del tratamiento no lo fija el médico. Se decide junto con el paciente.”
\n\n\n\nNo se trata de adaptar al paciente al criterio del médico, sino de entrar en el mundo del paciente y establecer objetivos juntos; ese es el comienzo del tratamiento.
\n\n\n\nEn Charité enseñan desde el ingreso el “lenguaje del paciente”. En Alemania, donde la tasa de acceso a la universidad es más baja que en Corea, es indispensable entrenar a los futuros médicos para explicar la información médica en un lenguaje cotidiano y al nivel del paciente.
\n\n\n\nUn ejemplo típico es la asignatura propia de la facultad: Capacidades de comunicación, interacción y trabajo en equipo (Kommunikation, Interaktion und Teamfähigkeit). En esta materia se enseña tanto la técnica de comunicación con el paciente como la capacidad de colaborar en equipos multidisciplinares. Se repiten entrevistas con pacientes simulados (actores entrenados), la comunicación de malas noticias, la explicación de consentimientos informados, la mediación de conflictos y los ensayos de reuniones multidisciplinares.
\n\n\n\nEn el aula conviven estudiantes recién salidos del instituto en su adolescencia y alumnos de 30 o 40 años con experiencia práctica como enfermeros, fisioterapeutas u otros. También hay una gran diversidad de nacionalidades y culturas. Las experiencias y antecedentes variados de los compañeros enriquecen la discusión. Se pregunta constantemente 'por qué piensas así' o 'de qué experiencia viene esa perspectiva' para ampliar el campo del pensamiento.
\n\n\n\nDra. Mun Da-un, graduada de la Charité y especialista en neuropsiquiatría, comentó: “La diversidad cultural de Berlín cambia el clima del aula y el carácter de la educación médica. El núcleo de la enseñanza en Charité es no sólo la transmisión de conocimientos, sino la formación de la actitud de un 'buen médico'”. Una educación que enfatiza la actitud ante el paciente hace replantearse profundamente el significado de convertirse en médico.
\n\n\n\nLos estudiantes de la Charité, apenas un mes después de ingresar, ya están en las plantas y empiezan a tratar con pacientes. Puede resultar abrumador para un novato sin apenas conocimientos, pero así descubren que el médico no solo ve la enfermedad, sino que escucha la historia del paciente y establece una relación. La Dra. Mun recuerda que fue entonces cuando aprendió a mirar a los pacientes a los ojos. En el último año de prácticas (PJ), los estudiantes se enfrentan a realidades no recogidas en los libros: trabajo administrativo interminable, limitaciones del sistema hospitalario, la tensión y la responsabilidad de las guardias, y así comprenden la profesión médica de forma integral.
\n\n\n\nLa Dra. Mun afirmó: “A veces un cambio en todo el plan terapéutico empieza por una sola frase del paciente. Una buena formación cultiva la sensibilidad y la actitud para no perderse esa frase”.
\n\n\n\n(Continúa en la serie 4)
\n\n\n\n⋅ Ayuda en la interpretación de la entrevista y en la cobertura: Kim Dong-wook (intérprete) · Park Byung-ok (intérprete)
\n\n\n\nEste proyecto ha recibido el apoyo del Fondo de Promoción de Medios, financiado con tasas de publicidad gubernamental.
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