
En la traumatología japonesa se denomina «síndrome locomotor» a la situación en la que se debilitan huesos, articulaciones, músculos y nervios y cae la capacidad de desplazamiento; se utiliza como indicador de salud para anticipar la fragilidad y la necesidad de cuidados de larga duración. Con la ayuda de expertos nacionales, Comedydotcom repasa en seis entregas las señales del cuerpo que primero afloran en la vida cotidiana —ponerse los calcetines, subir escaleras o cruzar un paso de peatones—. 〈Nota del editor>
Si duele la rodilla, se acorta el tiempo de caminata. Si duele la espalda, se aplaza la salida. Al principio parece una decisión razonable: se descansa porque duele. Pero, meses después, las escaleras se vuelven todavía más duras y hasta hacer la compra pesa. Y aparece la pregunta: “Si he descansado, ¿por qué estoy más débil?”.
El dolor en la vejez no es solo un problema de la zona afectada. El dolor reduce la actividad, y la menor actividad conduce a una pérdida de fuerza. Cuando cae la fuerza muscular, empeora el equilibrio; y cuando el equilibrio falla, aumenta el riesgo de caídas. Ese círculo vicioso alimenta el «síndrome locomotor» (Locomotive Syndrome).
Se trata de un estado en el que, al deteriorarse de forma conjunta las funciones de los huesos, las articulaciones, la columna, los músculos y los nervios, se debilita la capacidad para caminar y moverse. En particular, en personas mayores en las que coinciden artrosis de rodilla, estenosis del canal espinal, osteoporosis y sarcopenia, es frecuente que un problema arrastre a otro.
Yu Jun-il, profesor del Hospital Universitario de Inha (Traumatología), lo resume así: “Descansar porque duele es una reacción natural al principio, pero el problema aparece cuando ese periodo se alarga”. Y añade: “Aunque solo se reduzca la actividad durante 2~3 semanas, los músculos de las piernas se debilitan de forma visible”. También advierte: “Si se camina menos por el dolor, empieza un círculo vicioso en el que disminuye la propia capacidad de caminar”.
Dónde empieza el círculo vicioso y dónde hay que cortarlo
Este círculo vicioso no es una idea abstracta. En el «esquema conceptual del síndrome locomotor» (Park Hyun-tae, profesor de la Universidad de Dong-A·Laboratorio de Investigación en Salud Digital), presentado en el 77.º Congreso de Primavera de la Sociedad Coreana de Geriatría, se observa que el dolor (Pain), la rigidez (Stiffness), la debilidad muscular (Muscle weakness) y la reducción del equilibrio (Reduced balance) no avanzan en una sola dirección.
Es una estructura de «interacción» en la que los cuatro factores se engranan y se refuerzan mutuamente. El resultado es la dificultad para levantarse y para caminar; y, si progresa, desemboca en limitaciones en la vida diaria, deterioro de la calidad de vida e incluso la necesidad de cuidados de larga duración.

Park Hyun-tae, profesor de la Universidad de Dong-A, divide este proceso en cinco etapas. Comienza en la etapa 1, de salud y actividad; pasa a la etapa 2, en la que disminuye la actividad y aumenta el riesgo; a la etapa 3, en la que aparecen síntomas iniciales como dolor y rigidez; a la etapa 4, en la que se deterioran de forma evidente las funciones de ponerse en pie y caminar; y avanza hasta la etapa 5, en la que la vida cotidiana queda muy limitada.
El experto sitúa el tramo de la etapa 2 a la etapa 3 como la «mejor ventana de prevención» (best prevention window). Es decir, cuando aún no hay síntomas claros y la actividad acaba de empezar a disminuir, es el momento más fácil para cortar el círculo vicioso.

En otras palabras, el momento en el que surge la pregunta “Si he descansado, ¿por qué estoy más débil?” puede ser la señal de que ya se ha entrado en el inicio del círculo vicioso. No conviene dejar pasar sin más el periodo en el que se camina menos por el dolor: ese es el momento de intervenir.
El dolor reduce la marcha, y menos marcha reduce el músculo
Con artrosis de rodilla, aparece dolor cada vez que se camina. Entonces, de forma natural, se reduce la distancia recorrida. Con estenosis del canal espinal, cuanto más se camina, más se entumecen y pesan las piernas, y se tiende a parar a menudo. Si esto se repite, disminuye la actividad diaria.
El problema llega después. Cuando baja la actividad, se pierde musculatura en los muslos y los glúteos. Estos músculos son clave para levantarse de una silla, subir escaleras y sostener el cuerpo cuando se tropieza.
Con menos músculo, incluso con el mismo dolor se camina de forma más inestable. La zancada se acorta y la punta del pie tropieza con el suelo con más frecuencia.
Si además hay osteoporosis, el riesgo aumenta aún más. Al perder el equilibrio y caer, puede derivar en fracturas de muñeca, columna o cadera. Una sola fractura vuelve a reducir la actividad y debilita todavía más los músculos.
Ni aguantarlo ni hacer ejercicio a lo loco es la respuesta
Si hay dolor, aguantar y resistir no es la mejor solución. Pero también puede ser peligroso quedarse solo con el mensaje de “hay que hacer ejercicio” y ponerse a caminar sin más o empezar con sentadillas.
Si el dolor de rodilla es intenso y se repite el ejercicio de subir escaleras, el dolor puede empeorar. O, si hay estenosis lumbar, forzarse a caminar sin más puede intensificar el entumecimiento de las piernas.
Primero hay que identificar la causa que bloquea la marcha. Hay que distinguir si el problema principal es el dolor, si la pérdida de fuerza es importante, si el riesgo de fractura por osteoporosis es alto o si existe claudicación neurógena, para poder retomar el ejercicio con seguridad.
El tratamiento farmacológico, las infiltraciones y la fisioterapia no están para sustituir el ejercicio. Cumplen una función de puente: reducen el dolor para permitir volver a moverse. El objetivo del tratamiento no es solo bajar la puntuación del dolor. Es volver a caminar, levantarse y recuperar el radio de actividad cotidiana.
Yu Jun-il, profesor de la Universidad de Inha, insiste: “Si tras tratar el dolor uno piensa ‘ya estoy bien’ y se queda quieto, el efecto no dura mucho”. Y añade: “La razón de ponerse una inyección o tomar medicación es controlar el dolor y crear las condiciones para poder volver a caminar”. En otras palabras, recuperar el movimiento después del tratamiento debe ser el verdadero siguiente paso.
Hace falta un tratamiento que permita volver a moverse
También hay resultados de investigación que indican que, tras controlar el dolor, combinarlo con ejercicios de fuerza cambia la velocidad de recuperación. En un estudio coreano de intervención de 4 semanas, el grupo que combinó estimulación eléctrica muscular (EMS) y ejercicio de resistencia mostró mejoras más claras en fuerza, velocidad de la marcha y tiempo para ponerse en pie que el grupo que solo hizo ejercicio de resistencia y que el grupo que no recibió ninguna intervención. Significa que el círculo vicioso se rompió de verdad cuando no se terminó solo con el tratamiento para calmar el dolor, sino que después se añadió ejercicio para recuperar la fuerza.
La gestión del síndrome locomotor empieza por romper ese círculo vicioso. Controlar el dolor, recuperar la fuerza, restablecer el equilibrio y prevenir caídas y fracturas. Para ello, hace falta un enfoque integral que evalúe conjuntamente el estado de las articulaciones, la columna, los músculos y los huesos.
«Caminar menos porque duele» puede ser, al principio, una elección para proteger el cuerpo. Pero si ese estado se prolonga, el cuerpo se debilita más rápido. Por eso, el objetivo del tratamiento del dolor no debe quedarse en hacer que la persona descanse. Debe ser conseguir que vuelva a caminar.
