
El aumento de pacientes con cáncer en Corea del Sur es especialmente acusado. Las advertencias sobre el incremento de casos ya no sorprenden.
La incidencia del cáncer tiende a crecer en todos los grupos de edad. También se han disparado los casos entre jóvenes de 20 y 30 años. Esto pone en cuestión el análisis del sector médico que atribuye el fenómeno principalmente al envejecimiento.
El problema es que la mayoría de los tipos de cáncer no presentan síntomas específicos en las fases iniciales. Cuando las células cancerosas son pequeñas, apenas afectan al organismo. Por eso, la respuesta más eficaz suele pasar por prevenirlo con cambios en los hábitos de vida y detectarlo pronto mediante revisiones periódicas.
Kim Sang-il, director del Hospital H+ Yangji —un centro reconocido por su competitividad en el ámbito de los chequeos médicos, comparable a la de grandes hospitales universitarios—, recalcó que «al final, en el tratamiento del cáncer no hay nada más importante que la detección precoz».
Kim dirige un hospital general de ámbito regional y, al mismo tiempo, es especialista en Hematología y Oncología Médica, con experiencia en quimioterapia antineoplásica. Le preguntamos qué aspectos conviene cuidar en las pruebas de cribado para prevenir el cáncer.
-A menudo se oye a los médicos hablar de la importancia de los chequeos. ¿Hay algún tipo de cáncer que se detecte con más frecuencia que otros?
«Es difícil afirmar de forma tajante, en términos de número de casos, “qué cáncer se detecta más”. Aun así, entre los cánceres representativos en los que el efecto del chequeo es relativamente claro destacan el cáncer gástrico y el cáncer colorrectal. El cáncer gástrico puede detectarse de forma precoz con una gastroscopia, y el colorrectal con una prueba de sangre oculta en heces o una colonoscopia. En particular, si el cáncer colorrectal se detecta en la fase de pólipo y se extirpa, ayuda a evitar que progrese a cáncer».
-Parece que, según la edad o el sexo, también cambiarán las pruebas que conviene hacerse sí o sí.
«En primer lugar, el cribado nacional del cáncer no debe pasarse por alto bajo ningún concepto. Hombres y mujeres de 40 años o más deben hacerse una gastroscopia cada 2 años, y hombres y mujeres de 50 años o más deben realizarse cada año la prueba de sangre oculta en heces. Las mujeres de 20 y 30 años necesitan estar al día con el cribado de cáncer de cuello uterino, y a partir de los 40 cobra importancia el cribado de cáncer de mama.
En el caso del cáncer de hígado, normalmente se considera de alto riesgo a quienes tienen cirrosis o hepatitis B o C. Estas personas deben someterse a cribado de cáncer hepático cada 6 meses a partir de los 40 años. El grupo de alto riesgo de cáncer de pulmón lo forman las personas de 54 a 74 años con un historial de tabaquismo de 30 paquetes-año o más. Estas personas son población diana del cribado de cáncer de pulmón.
Por sexo, a las mujeres les conviene centrarse en el cáncer de cuello uterino y el de mama; a los hombres, en el cáncer gástrico y colorrectal y el de pulmón. Además, aunque no forma parte del cribado nacional del cáncer, si hay antecedentes familiares o síntomas, los hombres a partir de la mediana edad pueden plantearse también la prueba de cáncer de próstata».
-El cáncer es conocido por no tener síntomas iniciales específicos. Aun así, ¿hay señales por las que sea imprescindible acudir al hospital?
«La pérdida de peso sin una razón concreta es la más representativa. El cansancio sin causa aparente, la fiebre, la tos o la indigestión también son síntomas prodrómicos frecuentes. La presencia de sangre en las heces o en la orina, notar un bulto y, en el caso de las mujeres, un sangrado vaginal anormal, también pueden considerarse señales de alarma.
Por supuesto, no se puede concluir nada solo con los síntomas. Pero si estos se repiten o empeoran progresivamente durante 2 o 3 semanas, hay que hacerse pruebas. En especial, quienes tienen antecedentes familiares o consumen tabaco y alcohol no deben pasar por alto ni los cambios pequeños».
-Al final, parece clave corregir los hábitos de vida. Si tuviera que elegir un solo hábito especialmente perjudicial para la salud, ¿cuál sería?
«Lo más obvio es una alimentación irregular y muy irritante. Si a eso se suman una carga de trabajo intensa, el estrés y la falta de sueño, el resultado es realmente poco deseable. Pero hay algo aún más importante: el hábito de pasar por alto la indigestión, el ardor de estómago o el dolor abdominal pensando “como soy joven, no pasa nada”. Es cierto que el cáncer gástrico y el colorrectal están influidos por los hábitos de vida, pero si no se ignoran señales pequeñas y se realizan chequeos de forma temprana, el pronóstico puede mejorar. En definitiva, hay que identificar pronto las señales del cuerpo».
-Durante el tratamiento del cáncer, ¿hay algún punto que quiera recalcar a los pacientes o a sus familiares?
«En el tratamiento del cáncer, lo importante no es buscar un truco especial. Lo esencial es cuidar el estado del propio cuerpo para poder completar hasta el final un tratamiento validado. En ese sentido, es una pena que pacientes y familiares se dejen influir por información no verificada. Se entiende cómo se sienten. Probablemente escucharán muchos consejos sobre determinados alimentos, complementos alimenticios o remedios populares. Pero, especialmente durante la quimioterapia, si se combinan esas cosas por cuenta propia, se afecta a la eficacia del tratamiento. También puede suponer una carga para la función hepática o renal. Por eso, aunque se quiera probar algo, recomendaría enseñar primero al equipo médico la lista de ingredientes o el nombre del producto y consultarlo».
