
"Durante el embarazo me dijeron que tenía la tensión un poco alta, pero ¿no se supone que después de dar a luz se normaliza?"
Hay mujeres que lo dejan pasar, convencidas de que el parto lo arregla todo. Es el caso de quienes tuvieron la tensión alta durante el embarazo, es decir, de quienes pasaron por una preeclampsia (antes llamada toxemia del embarazo).
Cada vez más mujeres padecen esta enfermedad. Según las estadísticas de nacimientos de 2024 de Statistics Korea, la edad media de las mujeres en Corea del Sur al dar a luz a su primer hijo ha subido hasta los 33,1 años. Es el nivel más alto desde que se empezaron a recopilar estas estadísticas en 1990.
El riesgo de preeclampsia aumenta en los embarazos a edad avanzada. De acuerdo con datos del Health Insurance Review & Assessment Service, el número de pacientes atendidas por preeclampsia creció cerca de un 70% entre 2016 y 2020.
Pero hay un dato aún más preocupante: dar a luz no siempre marca el «final». Cuando la tensión vuelve a la normalidad, ni el hospital ni la propia paciente suelen mantener el seguimiento. Mientras tanto, los vasos sanguíneos pueden quedar dañados en silencio.
Cuanto más tarde se da a luz, mayor es el riesgo vascular
Cada 22 de mayo se celebra el Día Mundial de la Preeclampsia. Organizaciones de salud materna de todo el mundo, como la Preeclampsia Foundation y la International Society for the Study of Hypertension in Pregnancy, lo establecieron conjuntamente en 2017.
El lema de este año es «Conoce sus síntomas (Know Her Symptoms)». A medida que gana atención el hecho de que la preeclampsia puede aparecer no solo durante el embarazo, sino también hasta 6 semanas después del parto, el objetivo es concienciar también sobre los síntomas tras dar a luz.
Con la edad, los vasos sanguíneos se endurecen y se acumula inflamación crónica. El proceso por el que los vasos de la placenta se implantan en la pared uterina se vuelve, en esa medida, más inestable. En medicina, se considera embarazo de edad avanzada a partir de los 35 años cumplidos.
El antiguo nombre de esta enfermedad, «toxemia del embarazo», es una expresión errónea. Se le puso ese nombre como si se tratara de una intoxicación, pero no tiene nada que ver con el mecanismo real de la enfermedad.
La preeclampsia (preeclampsia) también se conoce como preeclampsia (preeclampsia). La eclampsia se manifiesta durante el embarazo o alrededor del parto con convulsiones generalizadas o pérdida de conciencia. En la preeclampsia, la tensión arterial se eleva y aparece proteinuria (proteínas en la orina). Si la preeclampsia empeora, se convierte en eclampsia.
La causa de la preeclampsia está en la placenta. Si al inicio del embarazo los vasos placentarios no se implantan correctamente en la pared uterina, el aporte de flujo sanguíneo se vuelve inestable. Se dañan los vasos de todo el organismo de la madre y, a partir de la semana 20 de gestación, la tensión se dispara y aparecen proteínas en la orina. Si progresa, puede afectar incluso al cerebro, el hígado, los riñones y los ojos.
El tratamiento más fundamental es el parto. Los fármacos pueden bajar la tensión, pero no hay forma de corregir la placenta, que es la causa. Cuando la placenta se expulsa, los síntomas suelen mejorar. Como la causa aún no se ha esclarecido por completo, incluso tras décadas las opciones terapéuticas no han cambiado de forma sustancial.
¿Se acaba con el parto? El corazón lo recuerda
Por eso muchas mujeres creen que es el «final». La tensión también vuelve a la normalidad.
Tras volver a la rutina, hay mujeres que se quedan sin aliento con facilidad o notan palpitaciones en el pecho con solo subir unos pocos pisos por las escaleras. La mayoría no lo relaciona con el parto.
Ahí está el problema. Aunque las cifras parezcan normales, las lesiones en los vasos sanguíneos no desaparecen. No son pocas las madres en las que la hipertensión persiste incluso 3 meses después del parto y, en casos graves, la normalización de la tensión y la proteinuria puede tardar hasta 2 años.
Entre el cuidado del bebé, ni se plantean hacerse revisiones. El cuerpo parece ya normal, pero el daño vascular se acumula mientras tanto, de forma silenciosa.
Un metaanálisis publicado en 2017, en el que un equipo de investigación de la Universidad de Keele (Reino Unido) analizó datos de más de 6,5 millones de mujeres de todo el mundo, mostró que las mujeres que habían sufrido preeclampsia presentaban después un riesgo de insuficiencia cardiaca aproximadamente 4 veces mayor y un riesgo de ictus aproximadamente 2 veces mayor. El riesgo se mantenía incluso teniendo en cuenta la edad, la obesidad y la diabetes. La huella que deja la preeclampsia en los vasos, el endotelio y el metabolismo puede persistir durante años y hasta décadas.
No se limita a la insuficiencia cardiaca y el ictus. Un equipo del Statens Serum Institut (Instituto Nacional del Suero de Dinamarca) publicó en 2018 en la revista médica británica 《BMJ(British Medical Journal)》 los resultados de un estudio de cohortes que siguió a 1,17 millones de mujeres danesas, y encontró también un mayor riesgo de demencia vascular. Los vasos sanguíneos afectados por la preeclampsia llegan hasta el cerebro.
El embarazo somete al corazón a una carga extrema. El volumen plasmático aumenta hasta aproximadamente un 50% a partir de la mitad del embarazo. La preeclampsia es una señal de que los vasos han llegado al límite. Incluso después de que la placenta desaparezca, los signos de inflamación y daño del endotelio vascular pueden persistir durante años.
La gestión empieza después del parto
Entonces, ¿qué hay que hacer ahora?
La campaña de este año del Día Mundial de la Preeclampsia lleva por lema «Comprueba, conoce y comparte (Check, Know, Share)». La idea es medirse la tensión, entender las cifras y consultarlo con el personal sanitario. Según una encuesta realizada este año por la Preeclampsia Foundation de Estados Unidos a unas 3.000 embarazadas, el 80% decía conocer la preeclampsia, pero solo el 8% pudo describir correctamente todos los síntomas.
Lo primero es valorar si se pertenece a un grupo de alto riesgo. Se incluyen: 35 años o más, primer embarazo, obesidad, hipertensión, diabetes, enfermedad renal, antecedentes familiares de preeclampsia y embarazo múltiple. Si se cumple хотя sea uno, conviene hablar con el médico responsable sobre la toma de aspirina.
En mujeres con ingesta insuficiente de calcio, los suplementos de calcio también ayudan. El ejercicio aeróbico regular reduce el riesgo. Si después de la semana 20 aparecen dolor de cabeza, disminución de la visión, dolor en la parte alta del abdomen o hinchazón repentina, hay que acudir de inmediato al hospital.
La American Heart Association y la European Society of Cardiology recomiendan que las mujeres que han sufrido preeclampsia revisen la tensión, la glucosa y el colesterol entre 6 y 12 meses después del parto, y que a partir de entonces controlen cada año su estado cardiovascular. Medirse la tensión en casa al menos 2 veces por semana y anotarla también es una opción. Sea cual sea el especialista al que se acuda, hay que mencionar primero el antecedente de preeclampsia. Esa sola frase cambia el plan de revisiones.
Tras el parto, la atención de la familia se centra de forma natural en el bebé. Mientras tanto, la tensión de la madre queda fuera del radar. Registremos la tensión en familia y no perdamos de vista las citas de revisión.
Si alguna vez le dijeron que durante el embarazo tenía la tensión alta, ese diagnóstico no se queda solo en la historia clínica de obstetricia. El corazón recuerda aquel momento.
