Mi hijo parpadea constantemente y arruga la nariz o hace «snif, snif» sin motivo… ¿podría deberse a ‘este síntoma’?

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Foto=Getty Images Bank

Si un niño parpadea con frecuencia sin una razón aparente, se aclara la garganta, arruga la nariz de manera repetida o emite sonidos como «snif, snif», es más probable que se trate de un «tic» que de una simple manía. En particular, los tics pueden aparecer o empeorar cuando se acumulan la tensión y el cansancio por cambios de entorno, como el inicio del curso o la incorporación al colegio; por ello, si el menor presenta estos síntomas, se requiere una atención y un manejo especialmente cuidadosos.

Un tic es un síntoma motor o vocal que aparece de forma repentina, rápida y repetitiva. Entre los más frecuentes se incluyen el parpadeo, fruncir el ceño, sacudir la cabeza, abrir la boca, encoger los hombros, gruñidos, aclararse la garganta, olfatear (snif) y la repetición de sonidos concretos. 

Al principio, los tics pueden pasar desapercibidos al interpretarse como simples hábitos o costumbres. Además, algunos tics pueden aparecer y luego desaparecer. Sin embargo, si estos síntomas se repiten varias veces al día y continúan durante más de varias semanas, es recomendable consultar con un especialista en psiquiatría y salud mental. 

Lee Ji-won, profesora del Departamento de Psiquiatría y Salud Mental del Hospital de Bucheon de la Universidad Soonchunhyang, explicó: «Aunque los trastornos por tics también pueden presentarse en adultos, por lo general comienzan por primera vez en la infancia y la adolescencia, entre los 5 y 10 años», y añadió: «Si, alrededor del periodo de entrada en la escuela primaria, el niño repite de forma persistente conductas o sonidos inusuales, conviene observarlo con atención».

El trastorno por tics, clasificado como un trastorno del neurodesarrollo, es el resultado de la acción combinada de factores genéticos, ambientales y cerebrales/neurológicos. En particular, diversos estudios han señalado de forma consistente que las alteraciones en los circuitos cerebrales relacionados con el control del movimiento y en la regulación de neurotransmisores como la dopamina se asocian con los síntomas de tics. 

El estrés o los cambios ambientales pueden ser factores que agraven los tics. La profesora indicó: «El estrés actúa como un desencadenante que precipita los síntomas en niños con predisposición a presentar tics», y añadió: «Dado que es difícil predecir con exactitud la evolución en el momento en que aparecen los primeros síntomas, es importante vigilarla observando con calma los cambios de los síntomas y la vida cotidiana del niño». 

Una parte considerable de los tics mejora en el transcurso de semanas a meses o incluso desaparece de manera natural. Se sabe que, al pasar por la pubertad, tienden a atenuarse gradualmente y que, al llegar a la adolescencia tardía o a la edad adulta, en un 60–80% de los casos los tics desaparecen o disminuyen de forma notable. 

No obstante, si los síntomas persisten durante más de un año y se diagnostica, por ejemplo, el síndrome de Tourette, o si son lo bastante graves como para interferir en la vida diaria, es necesario recibir tratamiento.

El tratamiento puede incluir, junto con el ajuste del entorno (manejo del estrés del niño, mejora del sueño, etc.), terapia conductual o tratamiento farmacológico cuando sea necesario. 

La profesora aconsejó: «Si los tics no son graves, no es imprescindible recurrir a medicación», y añadió: «Es importante consultar con un especialista en psiquiatría y salud mental para encontrar el método de tratamiento más adecuado para el niño». 

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