
Se planteó la posibilidad de que, si se administran a largo plazo fármacos para el tratamiento de la obesidad de la familia del péptido-1 similar al glucagón (GLP-1), usados en todo el mundo —incluida Corea—, puedan provocar inestabilidad metabólica en todo el organismo.
El 29 de este mes, un equipo de investigación conjunto del Hospital de la Universidad de Seúl, el Hospital Bundang Cha y Logsync anunció que llegó a esa conclusión tras analizar los resultados de un centenar y pico de artículos que tratan observaciones clínicas relacionadas con los tratamientos con GLP-1, así como datos sobre principios de acción biológica.
El GLP-1 es una hormona del apetito presente en el cuerpo. Actúa sobre el “hipotálamo”, una región del cerebro que controla el sistema nervioso autónomo y el sistema endocrino, para aumentar la saciedad e inhibir el apetito. El fármaco para la obesidad “Wegovy” (nombre del principio activo: semaglutida) de Novo Nordisk imita este mecanismo y produce un efecto para reducir el peso.
El equipo de investigación no se limitó a observar el efecto de disminución de peso de los tratamientos de la familia GLP-1, sino que analizó los procesos que ocurren dentro del organismo durante la administración del fármaco. Según el equipo, si tras administrar el tratamiento para la obesidad disminuye de forma crónica el aporte de carbohidratos, el organismo, en aras de la supervivencia, quema la grasa acumulada para generar energía. En este proceso, se incrementan bruscamente las especies reactivas de oxígeno (estrés oxidativo).
Para desintoxicar ese estrés oxidativo, el sistema de defensa antioxidante del cuerpo debe mantenerse en funcionamiento de forma constante; sin embargo, debido al efecto de la disminución del apetito, se reduce la cantidad de comida y también faltan los recursos internos necesarios para regenerar el sistema de defensa, lo que crea un círculo vicioso.
El equipo de investigación explicó que “si la capacidad del cuerpo para desintoxicarse no logra seguir el ritmo del mayor requerimiento oxidativo, se produce un ‘cuello de botella en la función metabólica’”.
Según el equipo, cuando esta situación continúa, se agotan las proteínas que deberían usarse para la defensa antioxidante y para mantener los músculos, lo que conduce a una pérdida muscular grave. Además, al producirse una deficiencia de micronutrientes esenciales que aportan energía al cuerpo, la función de las enzimas en el organismo cae de manera significativa. Por otra parte, también puede aparecer un estado en el que, debido a cambios en el funcionamiento del tracto gastrointestinal o de los ácidos biliares, los nutrientes esenciales no se absorban adecuadamente, aun cuando se ingiera comida.
Para prevenir este desequilibrio en el estado nutricional y metabólico, el equipo de investigación subrayó durante el proceso de administrar el tratamiento para la obesidad: △ hacer un seguimiento no solo del cambio de peso, sino de la “variación de la masa muscular”; △ comprobar si se está consumiendo una cantidad adecuada de proteínas para mantener la musculatura; △ verificar los “micronutrientes esenciales” como el hierro y el magnesio, que ayudan a la función enzimática; △ monitorizar periódicamente los niveles de enzimas antioxidantes en el organismo, que sirven como indicador para valorar la estabilidad metabólica.
El profesor Baik Seon-ha, del Departamento de Neurocirugía del Hospital de la Universidad de Seúl, señaló: “Los fármacos con GLP-1 inducen una reducción eficaz del peso, pero al mismo tiempo ponen al organismo en un estado de restricción crónica del aporte energético”. Añadió que “es necesaria una transición del paradigma en el tratamiento de la obesidad, centrado en la ‘estabilidad metabólica sistémica’, más allá del simple cambio de peso”.
Los resultados de este estudio se publicaron recientemente en la revista científica internacional 《Current Obesity Reports》.
