
El estropajo que se usa para fregar los platos suele ser un punto ciego de la higiene. En un estudio alemán de 2017 se identificaron 362 tipos de microorganismos en estropajos de cocina, y se detectaron hasta 54.000 millones de bacterias por cm³. Esto se debe a que la humedad y los restos de comida se acumulan a la vez, creando un entorno propicio para la proliferación bacteriana.
La cuestión está en cómo se gestionan. Con un simple lavado es difícil reducir lo suficiente la carga microbiana. Según la investigación, el calentamiento en microondas y el lavado a alta temperatura mostraron un efecto relativamente alto de reducción de bacterias. Aun así, ningún método consigue una eliminación completa, por lo que es importante combinarlo con un buen secado y la sustitución periódica.
Calentamiento en microondas, desinfección térmica sencilla… imprescindible que esté ‘húmedo’
Si se calienta un estropajo húmedo en el microondas durante unos 2 minutos, la temperatura interna sube rápidamente y puede reducir de forma notable la cantidad de bacterias. Como permite obtener resultados en poco tiempo, se considera uno de los métodos más prácticos para el hogar.
No obstante, debe usarse siempre bien empapado en agua, y no se deben introducir estropajos con componentes metálicos. Justo después de calentarlo, la temperatura es muy alta, así que es más seguro no tocarlo de inmediato y usarlo solo cuando se haya enfriado.
Lavado a alta temperatura en lavavajillas… también es importante la fase de secado
Aprovechar conjuntamente el lavado a alta temperatura y el proceso de secado del lavavajillas ayuda a reducir los microorganismos dentro del estropajo. Tiene la ventaja de que es fácil de repetir y permite mantener la higiene de forma continuada. Sin embargo, si solo se utiliza un programa corto, el efecto puede ser limitado. Para aumentar la eficacia higiénica, debe incluirse una temperatura suficiente y también la fase de secado.
Desinfección con lejía diluida, esterilización rápida… imprescindible controlar los residuos
El uso de un blanqueador a base de cloro (lejía) diluido permite reducir las bacterias en un tiempo relativamente corto. Es un método con el que se puede esperar un efecto inmediato cuando se necesita un control higiénico. No obstante, si la concentración es alta, pueden aparecer irritación cutánea o problemas por sustancias residuales. Tras su uso, es importante aclarar bien con agua corriente y secar por completo.
Desinfección con agua hirviendo, tratamiento térmico estable… el uso excesivo puede provocar daños
Dejarlo en agua hirviendo durante un tiempo determinado es también un método básico de desinfección mediante calor. Puede aplicarse con relativa facilidad incluso sin equipos adicionales. Sin embargo, si se calienta durante mucho tiempo de forma repetida, la estructura del estropajo puede debilitarse. Teniendo en cuenta la durabilidad, lo adecuado es hervirlo durante un tiempo corto.
Bicarbonato de sodio, ayuda para eliminar suciedad… su objetivo como desinfectante es limitado
El bicarbonato de sodio ayuda a reducir la grasa y los olores, y puede utilizarse como apoyo en el mantenimiento del estropajo. Disolverlo en agua templada y dejarlo en remojo es eficaz para eliminar contaminantes. Sin embargo, su capacidad desinfectante es limitada, por lo que, en lugar de usarlo como método único, es preferible combinarlo con la desinfección térmica.
Secado completo y sustitución periódica, la clave del control higiénico
Cuanto más tiempo permanece húmedo un estropajo, más rápido aumenta la cantidad de bacterias. Tras su uso, lo básico es escurrirlo bien y dejarlo secar por completo en un lugar bien ventilado. Además, un estropajo usado durante un cierto periodo inevitablemente acumula contaminación interna, por lo que es necesario sustituirlo. En general, cambiarlo cada 1–2 meses es la medida de higiene más realista.