
Este año también ha alcanzado ya su ecuador. A nuestro alrededor —sobre todo entre las personas de más edad— se repite una frase: «El tiempo se pasa volando». Incluso circula el dicho de que «en los 50 el tiempo va a 50 km y en los 60, a 60 km», como si el reloj acelerara a medida que cumplimos años.
Por qué varía la percepción del tiempo
La percepción del tiempo cambia no solo con la edad, sino también según la situación y de una persona a otra. ¿Por qué a veces sentimos que el tiempo se acelera y otras, en cambio, que se ralentiza?
Los expertos lo explican así: «la percepción del tiempo es muy flexible y subjetiva». Entre los factores que influyen citan el grado de atención, el estado emocional y la densidad de los recuerdos.
Cuando estamos aburridos, solemos fijarnos en el paso del tiempo y se nos hace más largo; cuando estamos absortos, sentimos que ha pasado más deprisa. Además, si estamos ansiosos o inquietos, el tiempo puede parecer que fluye más lentamente.
En cuanto a la memoria, los especialistas señalan que, si acumulamos muchas experiencias nuevas, al mirar atrás ese periodo se percibe como más largo; en cambio, si predominan las rutinas repetitivas, puede sentirse como más corto.
Los expertos también subrayan que «existe una fuerte relación, en particular, entre la percepción del tiempo y el procesamiento de la información». Es decir, cuanto más información procesa nuestra mente, más lento parece transcurrir el tiempo.
Por ejemplo, al participar en un congreso académico, al tener que procesar una enorme cantidad de información en un entorno desconocido, podemos sentir que el tiempo pasa más despacio. En cambio, cuando permanecemos en un entorno habitual y repetimos experiencias conocidas con las mismas personas, el tiempo tiende a pasar más rápido.
Por qué el tiempo se acelera con la edad
Entonces, ¿por qué, a medida que envejecemos, percibimos que el tiempo pasa más deprisa? Los expertos apuntan de nuevo al papel del procesamiento de la información.
Según explican, «a través de los mecanismos del cerebro, cuanto más información procesa nuestra mente, más se ralentiza el tiempo» y «con la edad disminuyen las experiencias nuevas y la percepción se vuelve menos vívida, por lo que el tiempo se acelera».
Según un estudio reciente con 918 adultos, el 77% de los encuestados estuvo de acuerdo en que la Navidad llega cada año más rápido. El 14% se mostró neutral y solo el 9% expresó desacuerdo.
Es habitual que, en la infancia, se describa que el tiempo transcurre lentamente. La razón principal es que, de niños, vivimos demasiadas experiencias nuevas y procesamos una cantidad enorme de información perceptiva. Además, en esa etapa percibimos el mundo de forma intensa y sin filtros, por lo que el entorno se siente más vívido.
Sin embargo, con la edad las experiencias nuevas van disminuyendo. Al mismo tiempo, la manera en que percibimos nuestro mundo se automatiza cada vez más.
Nos volvemos progresivamente menos sensibles al entorno. Como resultado, absorbemos cada vez menos información y, según esta explicación, el tiempo pasa más deprisa.
Resistirse a la aceleración del tiempo
Aun así, hay algunas formas de frenar el proceso por el que el tiempo parece acelerarse. Según diversos estudios de psicología, la «novedad de las experiencias y la densidad de los recuerdos» desempeñan un papel importante.
La vía más evidente es seguir introduciendo novedad en la vida: viajar a lugares nuevos, aprender aficiones nuevas, conocer a gente nueva, etc. Otra opción es prestar atención a las experiencias cotidianas de la vista, el oído y las sensaciones.
Concentrarse en el sabor y el aroma al comer, observar el paisaje durante un paseo o anotar cada día momentos memorables puede ayudar a «ralentizar» el tiempo al vivir de forma más consciente. También resulta útil dejar constancia de los recuerdos con un diario breve, haciendo fotos o guardando un registro de los viajes.
A más largo plazo, la práctica de la meditación puede acallar el ruido mental y cultivar una percepción consciente que filtre la aspereza de la realidad. Los expertos señalan que «estos métodos aumentan la cantidad de información que procesa nuestra mente y, por tanto, amplían nuestra percepción del tiempo» y que «aunque es frecuente experimentar que el tiempo se acelera con la edad, eso demuestra que no es algo inevitable».
