
No es raro que, al cabo de pocos días, las patatas nuevas compradas en el supermercado ya hayan empezado a brotar y presenten un tono verdoso. En particular, las patatas nuevas que salen en junio tienen un alto contenido de agua y una buena textura, pero su capacidad de conservación es relativamente menor. Puede parecer que guardarlas en el frigorífico alarga su vida útil, pero en realidad la velocidad a la que brotan y cambian de color varía mucho según las condiciones de almacenamiento. Repasamos por qué las patatas nuevas de temporada se estropean especialmente rápido y qué fallos de conservación suelen pasar desapercibidos.
Guardarlas lavadas... la humedad acelera la putrefacción
Mucha gente las lava por adelantado porque las patatas con tierra parecen sucias. Sin embargo, es uno de los errores más habituales y que más acorta su conservación. La humedad que queda en la superficie favorece la proliferación de mohos y bacterias y reblandece el tejido. En especial, las patatas nuevas contienen más agua que las patatas de almacenamiento habituales, por lo que incluso pequeñas cantidades de humedad les afectan más. Para conservarlas durante más tiempo, conviene mantenerlas tal cual, con la tierra adherida, ya que ayuda a preservar su capacidad de conservación. El lavado, mejor justo antes de consumirlas.
Dejarlas junto a la cebolla... puede acelerar la brotación
En muchos hogares se guardan patatas y cebollas en la misma cesta, pero los especialistas en conservación no lo recomiendan. La cebolla libera humedad y gases durante el almacenamiento, y ese entorno puede estimular la brotación de la patata. En épocas como el verano, cuando la temperatura y la humedad son altas, el efecto puede ser aún mayor. Lo aconsejable es guardarlas por separado, sin que se toquen, y mantener un espacio bien ventilado.
Dejarlas en la bolsa de plástico... si se bloquea la ventilación, se ablandan enseguida
Otro fallo frecuente es dejarlas tal cual en la bolsa de plástico del supermercado. La patata es un alimento que sigue respirando incluso después de la cosecha, pero dentro de una bolsa de plástico se acumula la humedad y se dificulta la ventilación. En ese proceso aumenta la probabilidad de que se ablanden o aparezca moho. En particular, las patatas nuevas, con mayor contenido de agua que las de almacenamiento, son aún más sensibles. Guardarlas envueltas en una bolsa de papel o en papel de periódico ayuda a reducir el exceso de humedad.
Tomarse a la ligera las patatas verdes... una señal que exige más precaución
Es bien sabido que, cuando una patata brota, puede ser peligrosa. Pero los expertos advierten de que conviene vigilar todavía más las zonas que se han vuelto verdes que los propios brotes. Cuando la patata se expone durante mucho tiempo a la luz solar o a la iluminación, se forma clorofila y la superficie se vuelve verde; en ese proceso también puede aumentar la concentración de sustancias tóxicas como la solanina y la chaconina. Si la zona verdosa es amplia o los brotes han crecido mucho, lo más seguro es no consumirla.
Conservar en el frigorífico no es siempre incorrecto
A menudo se dice que las patatas no deben guardarse en el frigorífico. El motivo es que, si se exponen durante mucho tiempo a bajas temperaturas, el almidón puede convertirse en azúcar y cambiar el sabor y la textura. Sin embargo, en verano, cuando la temperatura interior supera los 25 grados, la conservación en frío puede ayudar, por el contrario, a retrasar la brotación.
Aun así, antes de colocarlas en el cajón de las verduras, conviene envolverlas en papel de periódico o papel de cocina para regular la humedad. En especial, si se pelan o se cortan con antelación, se acelera la pérdida de humedad y el pardeamiento, y también aumenta el riesgo de contaminación bacteriana. Lo recomendable es conservar las patatas, en la medida de lo posible, con piel, y prepararlas justo antes de cocinarlas.