
Muchas personas se acuestan y acaban quedándose dormidas mirando el móvil. A veces solo querían echar un vistazo rápido a las noticias o a las redes sociales, pero cuando se dan cuenta ya han pasado 30 minutos o 1 hora. Los expertos advierten de que este hábito no solo retrasa la hora de acostarse: también puede alterar sistemas hormonales clave del organismo.
Estudios recientes apuntan a que la costumbre de pasar mucho tiempo, a altas horas de la noche, frente a pantallas de dispositivos electrónicos como smartphones y tabletas puede influir no solo en la calidad del sueño, sino también en la glucemia, el apetito y el control del peso. Y lo primero que miran los especialistas es, precisamente, la llamada ‘hormona del sueño’.
Lo primero que se desestabiliza es la melatonina…disminuye la hormona del sueño
La luz azul (blue light) que emite la pantalla del smartphone ayuda durante el día a la concentración y al estado de alerta, pero por la noche puede convertirse en un problema. El cerebro interpreta esa luz como si fuera de día y puede retrasar o reducir la secreción de melatonina. La melatonina no solo induce somnolencia: es una hormona clave que regula el reloj biológico del organismo.
Un equipo de investigación de la Facultad de Medicina de Harvard (Estados Unidos) explica que la exposición a la luz azul inhibe la melatonina más que la iluminación convencional y puede retrasar el ritmo circadiano. En la práctica, quedarse dormido cada noche mirando el móvil equivale a ir posponiendo de forma continua el reloj del cuerpo. Los expertos aconsejan reducir el uso del smartphone al menos 1 hora antes de acostarse, ya que puede ayudar a la salud del sueño.
Cuando falta sueño, también cambia el apetito…por qué apetece más picar por la noche
Cuando se reduce el tiempo de sueño o empeora su calidad, también pueden cambiar las hormonas relacionadas con el apetito. En particular, se ha descrito una tendencia a que aumente la grelina, que provoca sensación de hambre, y disminuya la leptina, que genera saciedad. Un estudio de la Universidad de Chicago (Estados Unidos) también mostró que la falta de sueño puede afectar a la función de regulación del apetito.
De hecho, numerosos estudios indican que las personas que duermen poco tienden a sentirse más atraídas por alimentos dulces o grasos. Este análisis sugiere que el motivo por el que, al mirar el móvil hasta tarde, vienen a la cabeza las galletas o el picoteo nocturno está relacionado con estos cambios fisiológicos. Los expertos señalan que, si la falta de sueño se repite, también puede aumentar el riesgo de ganancia de peso y de obesidad abdominal.
Impacto también en la glucemia y la salud metabólica…cuanta más edad, más precaución
En los últimos tiempos también se investiga activamente la relación entre la falta de sueño y la capacidad de regular la glucemia. En estudios impulsados, entre otros, por los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (NIH), se ha planteado la posibilidad de que dormir poco reduzca la sensibilidad a la insulina y afecte a la función de control de la glucosa en sangre. Esto significa que, a largo plazo, puede suponer una carga para la salud metabólica.
En particular, a partir de los 40 años es frecuente que, junto con la disminución de la masa muscular, también vaya empeorando gradualmente la capacidad de controlar la glucemia. Si a eso se suma la falta de sueño, algunos análisis apuntan a que puede aumentar el riesgo de obesidad abdominal y de síndrome metabólico. En investigaciones también se ha informado de resultados que muestran una relación entre la falta crónica de sueño y un mayor riesgo de diabetes tipo 2.
Incluso puede acelerarse el envejecimiento de la piel…el ‘sueño de belleza’ no es una frase vacía
Durante el sueño se activa la secreción de la hormona del crecimiento y se producen procesos de recuperación y regeneración de la piel. Pero si se usa el móvil hasta tarde y empeora la calidad del sueño, también puede verse afectado el proceso de regeneración cutánea. De ahí que, cuando se duerme lo suficiente, la piel suela verse mejor al despertar.
La Academia Americana de Dermatología (AAD), entre otras entidades, menciona que la falta crónica de sueño puede influir en el deterioro de la función barrera de la piel, las ojeras y la pérdida de elasticidad cutánea. En definitiva, aunque lo primero que se desestabiliza por mirar el móvil sin darse cuenta antes de dormir son hormonas del sueño como la melatonina, el impacto puede encadenarse y traducirse en aumento del apetito, alteraciones de la glucemia, ganancia de peso y envejecimiento de la piel.