
Mantener la piel limpia y cuidada no depende solo de tratamientos específicos: lo primero es consolidar buenos hábitos. En particular, si en la ducha te lavas la cara igual que el cuerpo, dejando que el chorro caiga de lleno sobre el rostro, conviene corregirlo cuanto antes. Estas son algunas pautas para ducharse protegiendo la piel.
Chorro de la ducha, evita que toque directamente el rostro
Al ducharse, lo habitual es aprovechar para hacerlo todo de una vez, desde lavarse el pelo hasta lavarse la cara. Pero exponer el rostro directamente al chorro puede resultar agresivo para la piel.
La piel de la cara es más sensible que la de brazos y piernas, y por eso acusa más la temperatura y la presión del agua. Si la presión de la ducha es alta, la precaución debe ser aún mayor. Para proteger la piel, lo mejor es recoger el agua en las manos o en el lavabo y lavarse la cara así.
Mejor cepillarse los dientes antes de lavarse la cara
El orden de la higiene facial también influye. Si tienes la costumbre de cepillarte los dientes después de lavarte la cara, conviene invertirlo. Componentes del dentífrico como el flúor o los abrasivos pueden causar problemas cutáneos si entran en contacto con la piel.
Quienes tienen la piel sensible o con tendencia al acné deberían lavarse la cara después de cepillarse los dientes. Así, además, pueden retirar con más cuidado cualquier resto de pasta dental que haya quedado en el rostro.
También es importante ajustar la temperatura del agua a tibia. Si te lavas con agua caliente, la humedad de la piel se evapora con facilidad y se altera el equilibrio entre grasa y agua.
Si estos hábitos se repiten, se debilita la barrera cutánea, que es el estrato córneo (la capa más externa de la epidermis). Como resultado, disminuye la capacidad de la piel para protegerse de los estímulos externos, se reseca con facilidad y aumenta la tendencia a la inflamación.
El agua excesivamente fría también puede reducir la elasticidad
Conviene evitar, en la medida de lo posible, la costumbre de terminar la ducha con agua fría. Si te lavas la cara y el cuerpo con agua fría, los vasos sanguíneos de la piel se contraen y se dilatan de forma brusca, lo que puede reducir la elasticidad.
Al aclararte, es preferible usar un agua algo más fresca que la tibia. Aunque no sea tan fría como el agua helada, puede ayudar a contraer temporalmente los poros dilatados.
Usa la toalla con suavidad y aplica la hidratante en menos de 3 minutos
Al secarte, está totalmente desaconsejado presionar con fuerza la piel o frotarla enérgicamente. Si usas la toalla con demasiada fuerza, pueden aparecer pequeñas y grandes lesiones en la superficie cutánea. Lo recomendable es retirar el agua que escurre y, después, dar ligeros toques para que la toalla absorba la humedad restante.
También es importante aplicar la crema hidratante inmediatamente después de secarse. Si pasan 3 minutos tras lavarse la cara, el contenido de agua de la piel cae por debajo del 30%. Cuanto más se retrase la hidratación, más se deteriora la piel.
