
Los fármacos contra la demencia no funcionan en todos los pacientes. Existe un ‘momento óptimo’ —una especie de ventana terapéutica— en el que el efecto del tratamiento es mayor.
A menudo se confunden la enfermedad de Alzheimer y la demencia, pero no son lo mismo. La demencia describe el estado en el que el cerebro está dañado y disminuye la capacidad cognitiva. En cambio, la enfermedad de Alzheimer es una patología en la que se acumulan proteínas tóxicas en el cerebro; a medida que progresa, el daño a las neuronas acaba provocando demencia.
En otras palabras, la enfermedad de Alzheimer es una de las causas de la demencia. Además, existen más de 100 causas de demencia, como la demencia vascular (que aparece como secuela de enfermedades cerebrovasculares) o la demencia con cuerpos de Lewy (caracterizada por la presencia de alucinaciones). Aun así, 7 de cada 10 pacientes desarrollan demencia a causa de la enfermedad de Alzheimer.
En los últimos años han aparecido varios tratamientos para la enfermedad de Alzheimer. Con ello, también ha crecido la expectativa de poder frenar la demencia.
¿Los fármacos contra la demencia pierden eficacia si se deja pasar la ‘ventana de oro’?
Los dos medicamentos más utilizados actualmente en la práctica clínica comparten un mecanismo similar: actúan sobre el proceso que desencadena la demencia.
Leqembi (principio activo: lecanemab), desarrollado conjuntamente por la biofarmacéutica estadounidense Biogen y la japonesa Eisai, elimina las proteínas tóxicas del cerebro asociadas a la enfermedad de Alzheimer.
El posterior Kisunla (principio activo: donanemab), de Eli Lilly, funciona de manera parecida. Al eliminar las proteínas tóxicas, retrasa el deterioro de la función cognitiva en pacientes con enfermedad de Alzheimer.
Por su mecanismo de acción, ambos tratamientos requieren condiciones específicas para resultar eficaces.
- Que la demencia esté aún en una fase inicial
- Que exista acumulación de proteínas tóxicas en el cerebro
- Que se administre de forma continuada y se vigilen estrictamente los efectos adversos
En la práctica, estos dos tratamientos aportan poco en pacientes con demencia a partir de fases intermedias, cuando el daño de las células cerebrales ya es grave.
“Comprobar el momento con un análisis de sangre”
El problema es que hay pocos métodos para determinar hasta qué punto ha avanzado la enfermedad en pacientes con Alzheimer. Habitualmente, para el diagnóstico se realiza una tomografía por emisión de positrones (PET).
Con esta prueba se puede comprobar visualmente, por regiones, cuánto ha disminuido la función de las células cerebrales y cuánta proteína tóxica se ha acumulado.

El inconveniente es el coste. Cada prueba cuesta, de media, 1.000.000 de wones, y puede llegar a 1.600.000 de wones. Además, no está cubierta por el seguro nacional de salud.
También preocupa la exposición a la radiación, ya que el procedimiento implica introducir isótopos radiactivos en el organismo.
Recientemente, un equipo conjunto del Hospital Severance de Gangnam, el Hospital Cristiano Severance de Wonju y la empresa estadounidense de diagnóstico C2N propuso un método para sustituir la PET por un análisis de sangre.
El equipo reclutó a 237 pacientes de una clínica de demencia que se habían sometido a ambas pruebas. Se incluyeron personas con función cognitiva normal, pacientes con deterioro cognitivo leve y pacientes con demencia grave, entre otras fases.
Tras analizar sus datos, el equipo elaboró un modelo capaz de predecir el estado de progresión de la enfermedad de Alzheimer a partir de los resultados del análisis de sangre. En particular, distinguió con más del 90% de precisión cuánta proteína tóxica se había acumulado.
De este modo, se ha establecido un método para seleccionar por separado solo a los pacientes que previsiblemente se beneficiarán del efecto de los nuevos fármacos.
La neuróloga Cho Hanna, profesora del Hospital Severance de Gangnam y responsable del estudio, señaló: “Si primero se realiza una verificación inicial con un análisis de sangre y, en una segunda fase, se hace la PET solo al grupo de pacientes en el que cabe esperar un efecto terapéutico, aumentará la eficiencia de la atención y de las pruebas y se reducirá la carga para los pacientes”.
