
Con la llegada del tiempo de principios de verano, el sol aprieta. No son pocos los que comprueban que, aunque por la mañana se hayan aplicado el protector solar con esmero, por la tarde la piel escuece o se ve más apagada. Los especialistas insisten en que, más allá de elegir un producto concreto, lo determinante es usar una cantidad suficiente y convertir la reaplicación en un hábito. Sobre todo al inicio del verano, cuando la radiación se intensifica, una aplicación correcta marca en gran medida la eficacia de la protección frente a los rayos ultravioleta.
¿Basta con una sola aplicación?…con el paso del tiempo la protección puede disminuir
El protector solar actúa al formar una barrera en la superficie de la piel que bloquea la radiación ultravioleta. Sin embargo, con el paso de las horas esa capa puede desaparecer en parte por el sudor y el sebo, el roce de la mascarilla o el hábito de tocarse la cara con las manos. En particular, cuanto más tiempo se pasa al aire libre o cuanto mayor es la intensidad del ejercicio, más probable es que esa barrera se debilite.
La Academia Estadounidense de Dermatología (AAD) recomienda reaplicar el protector solar, por lo general, cada 2 horas cuando se realizan actividades al aire libre. Si se ha nadado o se ha sudado mucho, conviene reaplicarlo con mayor frecuencia. Los especialistas explican que, con una sola aplicación por la mañana, es difícil mantener el mismo nivel de protección frente a los rayos ultravioleta durante todo el día.
Si la cantidad es insuficiente, también cambia el SPF…hay que aplicar más de lo que parece
Muchas personas extienden el protector solar en una capa fina o usan solo una pequeña cantidad por la sensación pegajosa. Pero los valores indicados en el producto, como SPF50 y PA++++, se obtienen cuando se aplica la cantidad establecida. Si se reduce la dosis, la protección real también puede disminuir.
De hecho, estudios han señalado que es habitual que los consumidores utilicen menos de la mitad de la cantidad recomendada. Para el rostro, a menudo se aconseja exprimir una cantidad equivalente a la longitud de dos falanges del dedo índice y del dedo corazón. Los dermatólogos recomiendan que, si resulta difícil aplicar una capa gruesa de una sola vez, también puede hacerse en dos tandas.
Orejas, cuello y dorso de las manos: es fácil olvidarlos…zonas donde el envejecimiento cutáneo aparece con facilidad
La mayoría se centra en el rostro, pero no tantos como parece se aplican con cuidado también en las orejas, el cuello, la nuca y el dorso de las manos. Sin embargo, estas zonas también están expuestas de forma continuada a la radiación ultravioleta. En dermatología, de hecho, se comenta a menudo que hay casos en los que la edad se nota antes en el cuello o en el dorso de las manos que en la cara.
La radiación ultravioleta puede penetrar profundamente en la piel y afectar a la hiperpigmentación, la pérdida de elasticidad y la formación de arrugas. En especial, para quienes pasan mucho tiempo conduciendo o realizan con frecuencia actividades al aire libre, es importante cuidar no solo el rostro, sino también el contorno de las orejas y el cuello. El dorso de las manos también se considera una zona con alta exposición a los rayos ultravioleta en la vida cotidiana.
En interiores tampoco hay que confiarse…si pasas mucho tiempo junto a una ventana, plantéate reaplicar
Aunque muchas personas piensan que “si estoy en interiores, no pasa nada”, se sabe que los rayos UVA atraviesan en gran medida el vidrio. De hecho, quienes trabajan junto a una ventana o pasan mucho tiempo en oficinas o cafeterías con grandes ventanales pueden estar expuestos a más radiación ultravioleta de lo que creen.
Los estudios indican que la exposición prolongada a los UVA puede influir en el fotoenvejecimiento y la hiperpigmentación. Los expertos aconsejan que, si se trabaja a menudo junto a una ventana o se sale con frecuencia durante la pausa del almuerzo, puede ayudar adquirir el hábito de reaplicar el protector solar una vez por la tarde. En definitiva, la clave del protector solar no es buscar un producto caro, sino aplicar una cantidad suficiente y volver a aplicarlo cuando sea necesario.