
Se han publicado los resultados de un estudio que indican que con solo caminar unos 30 minutos al día puede generarse en la sangre un entorno con actividad anticancerígena capaz de inhibir la proliferación de células de cáncer de mama. En particular, se señala que podría ayudar a prevenir un tipo de cáncer de mama que, en mujeres jóvenes, tiende a progresar de forma más rápida y agresiva.
El equipo de investigación de Linda Laizane, doctoranda en bioquímica médica en la Universidad Rīga Stradiņš (Letonia), analizó en 18 mujeres sanas premenopáusicas, con una edad media de aproximadamente 41 años, el efecto del ejercicio aeróbico sobre proteínas (biomarcadores) relacionadas con la actividad anticancerígena en la sangre.
Como metodología, se extrajo sangre inmediatamente después de que las participantes caminaran en una cinta de correr a distintas intensidades, y se evaluó cómo esa sangre afectaba a células cancerosas. Entre los hallazgos, el equipo se centró en los cambios de las «miocinas», proteínas secretadas por el músculo durante el ejercicio.
Los resultados mostraron que, con solo realizar 30 minutos de caminata de baja intensidad, se inducen cambios en la sangre asociados a actividad anticancerígena, lo que se relaciona con una disminución de la velocidad de proliferación de las células cancerosas.
Cuanto mayor fue la intensidad del ejercicio, más se reforzó este efecto; y al ejercitarse durante 30–45 minutos a una intensidad de moderada a alta, se confirmó un aumento de la actividad anticancerígena en aproximadamente la mitad de los biomarcadores.
El equipo verificó el efecto exponiendo directamente la sangre extraída justo después del ejercicio a células de cáncer de mama HER2 positivo, conocidas por su comportamiento agresivo. Como resultado, se observó que, en un entorno sanguíneo rico en miocinas, la velocidad de división de las células cancerosas disminuía de forma significativa.
HER2 es una proteína presente en la superficie de las células mamarias y desempeña un papel en la regulación del crecimiento y la reparación celular. Sin embargo, si se producen alteraciones en el gen que regula esta proteína, la división celular puede aumentar en exceso y conducir a la formación de tumores. Aproximadamente entre el 15% y el 20% de todas las pacientes con cáncer de mama corresponden al subtipo HER2 positivo.
El equipo explicó que, aunque estos resultados se basan en respuestas biológicas inmediatas observadas tras una única sesión de ejercicio, respaldan la evidencia de que la actividad física puede contribuir no solo a la prevención del cáncer de mama, sino también a frenar la progresión de la enfermedad.
La investigadora Linda Laizane afirmó: «Con solo 30 minutos de ejercicio de alta intensidad pueden activarse factores anticancerígenos en la sangre, y para mantener este estado es importante hacer ejercicio de forma continuada». Añadió: «Aunque sea difícil ir al gimnasio, aumentar simplemente el ritmo de la caminata cotidiana puede ser una forma práctica de inducir un efecto anticancerígeno».
Según el equipo, realizar ejercicio de intensidad al menos moderada durante 30 minutos al día, cinco veces por semana, puede ayudar a aumentar de manera regular las miocinas y hormonas beneficiosas en la sangre. No obstante, subrayaron que se necesitan estudios adicionales para aclarar el significado clínico a largo plazo de estos efectos.
Este estudio se presentó en la «15.ª Conferencia Europea sobre Cáncer de Mama (European Breast Cancer Conference)», celebrada en Barcelona, España.
