Creía que era un golpe de calor, pero ¿un ictus isquémico? Si el mareo viene con «este síntoma», llame al 119

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Habla pastosa o parálisis en un lado: señales para sospechar un ictus isquémico. Conviene recordar la «regla FAST»

En un sofocante día de verano, si le late la cabeza todo el día y aparecen problemas de pronunciación o parálisis, puede que no sea un simple golpe de calor, sino una obstrucción de un vaso sanguíneo cerebral. Foto=Getty Image Bank

Tras la temporada de lluvias, ha vuelto el calor asfixiante. Con este bochorno es fácil sufrir un golpe de calor, por lo que conviene extremar las precauciones.

Se suele hablar de “golpe de calor” cuando, en un entorno caluroso, el organismo no logra regular bien la temperatura corporal. Los síntomas más típicos son el dolor de cabeza y el mareo. Algunas personas también refieren opresión en el pecho, indigestión o un cansancio extremo.

Cuando se sufre un golpe de calor, duele la cabeza y aparece una sensación de aturdimiento. Sin embargo, el mareo en verano no siempre es un síntoma pasajero provocado por el calor: también puede ser la señal de una urgencia médica causada por la obstrucción de un vaso sanguíneo cerebral.

Ictus isquémico por obstrucción de un vaso: ¿también ocurre en verano?

El ictus isquémico (infarto cerebral) es una enfermedad en la que se obstruye un vaso que lleva sangre al cerebro, lo que impide que lleguen oxígeno y nutrientes. Si esta situación se prolonga, el tejido cerebral se daña y puede derivar en parálisis de la cara o de una extremidad de un lado del cuerpo.

Es fácil pensar que el ictus isquémico solo ocurre en el frío invierno. Pero, en realidad, en verano se registran más pacientes con ictus isquémico.

Según las estadísticas del Servicio de Revisión y Evaluación del Seguro de Salud (HIRA), en el verano de 2023 (junio-agosto) el número de personas atendidas por ictus isquémico fue de 500.764. En el invierno de ese mismo año (diciembre-febrero) la cifra fue de 479.902, es decir, en verano hubo más de 20.000 pacientes adicionales. En 2025, el número de pacientes en verano (487.750) superó por un estrecho margen al de invierno (485.743).

La explicación es que, con el calor del verano, las personas sudan mucho y el organismo se queda corto de agua. En esas condiciones, la sangre se concentra y se forman coágulos (trombos), lo que crea un entorno en el que los vasos se obstruyen con mayor facilidad.

Además, la exposición al calor intenso puede dilatar los vasos periféricos y hacer que la presión arterial baje de forma transitoria. En personas mayores, en quienes ya tienen factores de riesgo de enfermedad cerebrovascular o en quienes ya presentan estrechamiento de los vasos cerebrales, es más fácil que se produzca una obstrucción.

En particular, en los últimos 3 años, el porcentaje de pacientes de 60 años o más dentro del total acumulado de pacientes con ictus isquémico es del 85,2%. En este grupo, cuya capacidad de regulación térmica disminuye de forma más marcada con la edad, el riesgo de ictus isquémico en verano aumenta aún más, por lo que deben extremar la vigilancia.

Ictus isquémico: ¿en qué se diferencia del mareo común?

Si aparece un ictus isquémico, hay que recibir tratamiento de inmediato en urgencias. Si se pierde la “ventana de oro”, conocida habitualmente como de 4 horas y 30 minutos, aumenta el riesgo de daño cerebral permanente y de parálisis física grave. Las neuronas que mueren no se recuperan, por lo que actuar rápido es lo más importante.

Yoon Won-gi, director del Centro de Ictus del Hospital Guro de la Universidad de Corea, subrayó: “Solo con un mareo simple es difícil sospechar con fuerza un ictus isquémico, pero hay síntomas que, si aparecen a la vez, pueden interpretarse como señales de peligro”.

Según Yoon, si el mareo aparece de forma repentina y se acompaña de inestabilidad al caminar, diplopía (síntoma por el que los objetos se ven duplicados y superpuestos), trastorno de la articulación, parálisis de un lado del cuerpo o disminución de la sensibilidad, hay que sospechar un ictus isquémico y acudir sin demora a urgencias o a un especialista en neurología o neurocirugía.

Conviene recordar las principales señales de sospecha de ictus isquémico con la “regla FAST”.

F (Face, parálisis facial): al sonreír, una comisura de la boca cae o la cara se vuelve asimétrica.

A (Arms, parálisis de brazos): pérdida de fuerza en una extremidad de un lado o embotamiento de la sensibilidad.

S (Speech, alteración del habla): el habla se vuelve pastosa o no se pueden decir frases con fluidez.

T (Time, actuar a tiempo): si aparecen síntomas, trasladarse de inmediato a urgencias llamando al 119.

Yoon insistió: “Aunque estos síntomas aparezcan de forma transitoria y desaparezcan en unos minutos o en unas horas, nunca hay que quedarse tranquilo”. Esto se debe a que incluso los síntomas temporales conllevan un alto riesgo de progresar a un ictus isquémico real dentro de las 48 horas posteriores a su aparición.

“Cuando se realicen actividades al aire libre en verano, hay que beber con frecuencia agua templada para evitar la concentración de la sangre. Es importante hidratarse antes de sentir sed”, dijo, y añadió: “No obstante, los pacientes con enfermedades de base que requieren limitar la ingesta de líquidos, como insuficiencia cardiaca o insuficiencia renal, deberían consultarlo con su médico responsable”.

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