Comes ajo a diario, pero… antes de llegar al músculo activa la «grasa»: por qué

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El tejido adiposo libera una proteína antienvejecimiento y es el primero en reaccionar, por delante del músculo

Una mujer de mediana edad sube unas escaleras. Subir escaleras es una actividad cotidiana representativa que requiere fuerza en las piernas y capacidad de equilibrio. Un estudio reciente ha señalado la posibilidad de que componentes del extracto de ajo envejecido participen en una nueva vía de señalización relacionada con la función muscular. Foto=Getty Image Bank

"Si comes esto y no ves la luz del sol durante cien días, te convertirás en una persona".

Es la condición que Hwanung impuso al oso al entregarle artemisa y ajo.

Desde entonces, los coreanos consumen ajo desde hace miles de años. Con un consumo anual per cápita de alrededor de 6 kg, el país se sitúa entre los primeros del mundo. Eso equivale a comer, de media, tres o cuatro dientes al día.

Un experimento con ratones ha mostrado que componentes del ajo que suelen consumir los coreanos refuerzan el músculo esquelético. Sin embargo, el mecanismo por el que el ajo ayuda al músculo resultó distinto de lo esperado. Lo llamativo es dónde arranca esa vía.

Si protege el músculo, ¿por qué actúa primero sobre la grasa?

"Toma proteínas y haz ejercicio".

Es el consejo que suelen oír las personas de mediana edad preocupadas por la sarcopenia. El músculo suele ser el primer objetivo.

Pero la vía descrita para el ajo apuntaba a otro lugar.

Un equipo conjunto del IRPA, un instituto especializado en envejecimiento de Tokio (Japón) —Productive Aging Research Organization—, y la farmacéutica Wakunaga aisló un compuesto llamado S1PC a partir de extracto de ajo envejecido (AGE: un extracto obtenido al sumergir ajo crudo en una solución alcohólica y envejecerlo durante al menos 10 meses).

S1PC no actúa directamente sobre el músculo. Su primer destino es el tejido adiposo. Allí activa una enzima llamada LKB1.

El tejido adiposo no es un simple almacén de energía. Estudios previos ya habían demostrado que también funciona como un órgano secretor que libera a la sangre la proteína antienvejecimiento eNAMPT.

La LKB1 activada favorece esa secreción, y eNAMPT viaja por el torrente sanguíneo hacia el hipotálamo del cerebro. Desde allí envía señales al sistema nervioso autónomo y, solo entonces, el músculo responde.

Grasa → cerebro → músculo.

Es una ruta distinta de la idea extendida de que el músculo solo crece cuando se estimula de forma directa.

El protagonista inesperado: el tejido adiposo

El equipo administró S1PC a diario durante 8 meses a ratones de 15 meses de edad. Aumentó la fuerza de contracción del músculo esquelético, mejoraron los indicadores de fragilidad medidos en 31 ítems y se recuperó la capacidad de regulación de la temperatura corporal, que estaba alterada.

También se realizó un ensayo clínico en humanos. Se administró una única dosis de 25 mg de S1PC a 44 hombres y mujeres japoneses sanos de 20 a 49 años. En los participantes de 40 años o más con un porcentaje de grasa corporal normal, los niveles sanguíneos de eNAMPT aumentaron 2 horas después de la toma. Cuanta más grasa corporal tenía la persona, más clara fue la respuesta. El resultado sugiere que, para que esta vía funcione mejor, podría ser necesario contar con un cierto nivel de grasa corporal.

Esto también apunta a que el tejido adiposo podría no ser solo el lugar donde se acumula la grasa, sino un órgano de señalización capaz de regular el envejecimiento y la función muscular. Por supuesto, esto no cambia la importancia del control del peso.

Las limitaciones del estudio también son claras. En el ensayo en humanos, lo único confirmado fue el aumento de los niveles sanguíneos de eNAMPT. La mejora real de la fuerza o de la fragilidad procede únicamente de los resultados en ratones.

Comemos ajo a diario, pero ¿no basta con el ajo crudo?

Corea es el segundo país del mundo que más ajo consume, por detrás de China. Entonces, ¿este estudio ya sería "cosa de otros"?

La clave está en el "envejecimiento". S1PC existe en cantidades ínfimas también en el ajo crudo, pero su concentración aumenta de forma notable durante el proceso de envejecimiento, a medida que se descompone la alicina (la sustancia responsable del olor del ajo).

Por mucho ajo crudo que se coma, es difícil ingerir suficiente cantidad de este compuesto. Como la alicina se descompone durante el envejecimiento, el AGE casi no tiene olor.

Actualmente pueden encontrarse en el mercado suplementos del tipo AGE. Eso sí: el contenido de S1PC varía según el producto, por lo que conviene revisar la etiqueta de ingredientes. El ajo negro también puede generar parte de S1PC durante el proceso de envejecimiento, pero el contenido difiere mucho según el método de fabricación.

Limitaciones y contexto

Los resultados se publicaron en el número de mayo de 2026 de la revista internacional 《Cell Metabolism》 y superaron la revisión por pares.

Hay un punto que conviene subrayar. La financiación corrió a cargo de Wakunaga, que vende productos de extracto de ajo, y el equipo presentó conjuntamente en Estados Unidos una solicitud de patente sobre este compuesto. Aún se desconoce si tiene efectos cuando las personas lo consumen durante mucho tiempo.

Durante mucho tiempo se ha considerado que el tejido adiposo es solo un lugar donde se almacenan las calorías sobrantes. Este estudio resquebraja esa idea.

Un componente del extracto de ajo activó la grasa; la grasa envió señales al cerebro; y el cerebro puso en marcha el músculo.

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