
Son muchas las personas que, tras entrenar con intensidad —por ejemplo, correr maratones o jugar al fútbol—, de repente se quejan de dolor en la pantorrilla. Según un estudio, si el dolor es intenso y persiste, no debe atribuirse solo a agujetas o dolor muscular: hay que sospechar una fractura por estrés (también llamada fractura por fatiga), es decir, una microfisura en el hueso.
Un equipo de investigación de la Universidad de Tsukuba, en la prefectura de Ibaraki (Japón), analizó 14 casos de pacientes en los que aparecieron fracturas por estrés o una reacción por estrés (respuesta inflamatoria previa a la fractura) en ambas tibias. Según los resultados, los pacientes con fracturas bilaterales de tibia habían practicado principalmente, de forma intensiva, deportes como el maratón, que someten a las piernas a cargas repetitivas.
La zona de la fractura se localizaba en el punto medio de la tibia de ambas piernas. Esto sugiere que la causa principal es una sobrecarga mecánica simétrica aplicada a las dos piernas. Quienes suelen entrenar de manera intensa deberían extremar la precaución.
Estos resultados (Bilateral tibial stress fracture and stress reaction: A report of 14 cases) se publicaron recientemente en la revista académica internacional 〈JOS Case Reports〉.
El tratamiento de las fracturas de tibia varía según la localización. Las fracturas que aparecen en la parte posterior o interna de la pantorrilla (posteromedial) pueden recuperarse adecuadamente solo con tratamiento conservador, como reposo y rehabilitación. En cambio, si la fractura se produce en la cortical anterior (parte anterior) de la tibia, la curación espontánea es difícil. En ese caso, suele recomendarse tratamiento quirúrgico, insertando un tornillo dentro del canal medular.
Las fracturas en fases iniciales no son fáciles de detectar únicamente con una radiografía (rayos X). Si el dolor persiste, debe confirmarse el estado exacto mediante una resonancia magnética (RM) o una tomografía computarizada (TC).
El dolor muscular simple aparece justo después del ejercicio y desaparece tras descansar unos días. En cambio, en la fractura por fatiga, al presionar con un dedo un punto concreto se percibe un dolor sorprendentemente intenso (dolor a la palpación). Además, al principio duele solo al hacer ejercicio, pero si empeora puede doler incluso en reposo y llegar a provocar dolor nocturno que despierte a la persona.
Lo habitual es que la fractura por fatiga aparezca primero en una sola pierna. Sin embargo, si se repite un entrenamiento que aplica la misma carga a ambas piernas, la fractura puede producirse en las dos. En particular, los adolescentes en etapa de crecimiento o los principiantes que aumentan de golpe la intensidad del ejercicio tienen un mayor riesgo, porque el hueso aún no ha tenido tiempo de adaptarse.
Para prevenir las fracturas por fatiga ósea, conviene aumentar la intensidad del entrenamiento de forma gradual, usar calzado con buena absorción de impactos y, en lugar de correr sobre asfalto duro, hacerlo sobre superficies como tartán/uretano o caminos de tierra. En cuanto aparezca dolor en la pantorrilla, es aconsejable detener temporalmente el ejercicio intenso —como el maratón— y cambiar a actividades con menor carga de impacto, como la natación o la bicicleta.
[Preguntas frecuentes]
Q1. Me duelen ambas pantorrillas a la vez; ¿podría ser un problema del calzado o de las plantillas?
A1. Sí, es perfectamente posible. La fractura «bilateral» descrita en este estudio aparece cuando se produce una sobrecarga simétrica en ambas piernas. Si se sigue usando unas zapatillas gastadas cuya amortiguación ya no funciona, o se utilizan plantillas que no se ajustan a la forma del arco del pie, el impacto del suelo se transmite directamente al punto medio de ambas tibias, aumentando el riesgo de fractura por fatiga. Si últimamente ha aumentado mucho su volumen de ejercicio, conviene empezar revisando el desgaste de la suela.
Q2. Me han diagnosticado una fractura por fatiga. ¿Tengo que quedarme completamente inmóvil y en cama?
A2. El «reposo absoluto en cama» no es la respuesta en todos los casos. Están prohibidos correr o saltar, que cargan directamente la zona fracturada, pero se recomiendan ejercicios aeróbicos de baja intensidad —como nadar o la bicicleta estática— dentro de un rango sin dolor. Una actividad adecuada favorece la circulación sanguínea y ayuda a la regeneración ósea, además de prevenir la pérdida muscular por el descanso prolongado, reduciendo el riesgo de recaída cuando se retome el ejercicio.
Q3. En deportistas adolescentes (10–19 años) que entrenan con intensidad, ¿por qué hay especialmente muchas fracturas en verano (julio–septiembre)?
A3. Actúan conjuntamente dos causas principales. Primero, en países como Japón o Corea, donde las competiciones importantes se concentran en verano, la intensidad del entrenamiento aumenta de forma explosiva en poco tiempo. Segundo, con el calor y la sudoración excesiva se pierden del organismo minerales esenciales para la salud ósea —como el calcio y el magnesio—. Cuando el aporte nutricional es insuficiente, la velocidad de «destrucción» del hueso supera a la de «regeneración», creando un entorno en el que es más fácil que aparezcan microfisuras.
