
El huevo es un alimento habitual y fácil de encontrar, pero en el supermercado no siempre resulta sencillo elegir. Muchos dudan entre el huevo marrón y el blanco, o se preguntan si los huevos de bienestar animal aportan ventajas para la salud. Estos son los criterios —del color al código impreso en la cáscara— que conviene revisar para escoger buenos huevos.
Cáscara y yema: el color⋯ ¿es un criterio importante?
Los huevos que se venden en el supermercado se agrupan, a grandes rasgos, en dos tipos: marrones y blancos. El color de la cáscara depende sobre todo de la raza de la gallina. El huevo blanco no tiene un valor nutricional especialmente superior al huevo marrón.
Con el color de la yema ocurre algo similar. Aunque las yemas van de un amarillo vivo a un naranja intenso, un tono más oscuro no implica más nutrientes ni mayor frescura. El Ministerio de Seguridad de Alimentos y Medicamentos (MFDS, por sus siglas en inglés) señala que el color de la yema solo refleja diferencias en el pienso y no guarda relación con el valor nutricional.
¿Por qué cambia el color de la yema? Depende, entre otros factores, de los pigmentos presentes en el pienso que ha comido la gallina. Los huevos de gallinas alimentadas con piensos que contienen xantofila (xanthophyll), un pigmento vegetal, tienden a tener yemas más oscuras. En cambio, los piensos elaborados con trigo o maíz blanco producen yemas de un amarillo más claro.

No hace falta empeñarse en huevos fecundados o de bienestar animal
En definitiva, el color de la cáscara o de la yema no sirve como criterio absoluto para juzgar la calidad. Al revisar el aspecto exterior, conviene comprobar si la cáscara está dañada y el grado de suciedad. La Asociación Coreana de Avicultura indica que los huevos frescos son los que no presentan roturas, están limpios y tienen una forma ovalada.
Tampoco es necesario insistir en comprar solo huevos fecundados o de bienestar animal. Se considera que suelen tener menos olor a pescado y un sabor más intenso, pero no presentan grandes diferencias frente a los huevos convencionales en nutrientes como las proteínas o el colesterol.
Si la fecha de puesta es de hace 2~3 semanas, el huevo es relativamente fresco
También es imprescindible comprobar la fecha de puesta y la fecha de consumo preferente, entre otros datos. La fecha de puesta se identifica en el código impreso en la cáscara. El código se compone de la fecha de puesta, el número de identificación del productor y el número del entorno de cría. Por ejemplo, en el código ‘1007 MFDS1 2’, ‘1007’ significa que el huevo se puso el 7 de octubre. Los productos dentro de las 2~3 semanas posteriores a la puesta son relativamente frescos.
‘MFDS’ es el número de identificación que indica la granja productora. El último número se refiere al entorno de cría de las gallinas. El número del entorno de cría se divide en △número 1 (cría en libertad) △número 2 (cría en suelo) △número 3 (jaula mejorada) △número 4 (cría en jaula convencional). Cuanto más bajo es el número, más probable es que el huevo proceda de gallinas criadas en un entorno más amplio, por lo que puede considerarse de mayor calidad.

Tan importante como elegir buenos huevos es conservarlos correctamente. Basta con guardarlos en el interior del frigorífico, ajustado a 0~4 grados. La zona de la puerta o la entrada del frigorífico está más expuesta al aire exterior, lo que puede perjudicar la calidad. Si se colocan con el extremo puntiagudo hacia abajo, se puede reducir el riesgo de proliferación bacteriana, entre otros.
〈Resumen en 3 líneas〉
✔ El color de la cáscara y de la yema varía según la raza de la gallina o el pienso y no influye de forma importante en el valor nutricional
✔ Al elegir huevos, hay que comprobar si la cáscara está rota y la fecha de puesta, entre otros datos
✔ Guardar los huevos con la parte puntiaguda hacia abajo ayuda a reducir el riesgo de proliferación bacteriana
