
Hay momentos en los que cualquiera se pone discretamente nervioso al entrar en un bar de vinos o sentarse en un restaurante. Es fácil dudar sobre qué vino elegir, por dónde coger la copa o qué hacer cuando el personal sirve solo un poco. A muchas personas les preocupa equivocarse por intentar aparentar que saben. No hace falta complicarse: con recordar unas cuantas claves, se puede disfrutar del vino de forma mucho más natural y con estilo.
El primer sorbo de prueba sirve para “comprobar el estado del vino”
Cuando se pide vino en un restaurante, a veces el personal sirve primero una pequeña cantidad. Puede parecer una invitación a decidir si el sabor gusta o no, pero el sentido original es comprobar el estado del vino. Basta con verificar si huele demasiado a corcho o si desprende un aroma agrio, como a vinagre. Si no hay ningún problema, es suficiente con asentir o indicar brevemente que está bien. Conviene tenerlo presente: no es un trámite para cambiar el vino.
La copa se sujeta por el tallo y el brindis, con suavidad
La norma básica es sujetar la copa de vino por el tallo (stem), no por el cáliz. Si el calor de la mano se transmite, la temperatura del vino puede cambiar y, además, quedan marcas en el cristal. También conviene recordar que las copas de vino son más finas y delicadas de lo que parecen: mejor evitar chocarlas con fuerza como si fueran jarras de cerveza. Al brindar, basta con levantar ligeramente la copa y mirar a la otra persona a los ojos. En especial, si hay personas mayores o se trata de una ocasión importante, la mejor etiqueta es acompasarse al ritmo del otro.
En la cata, la clave es percibir primero el aroma
Antes de beber vino, es habitual ver a alguien girar suavemente la copa. A esto se le llama swirling y ayuda a que, al entrar en contacto con el aire, el vino libere aromas más intensos. Después, acerca la nariz a la copa, huele y, a continuación, toma un pequeño sorbo para apreciar el sabor despacio. No hace falta recurrir a expresiones complicadas como un experto. Con identificar sensaciones como “fresco”, “con cuerpo” o “suave”, el vino se disfruta mucho más.
Con saber lo básico del maridaje, el vino sabe aún mejor
El maridaje —la combinación entre vino y comida— no es tan difícil como parece. Con platos ligeros como marisco o ensaladas, suelen encajar bien los vinos blancos o los espumosos; con comidas más intensas como el bistec o el cordero, un tinto suele ser una apuesta segura. El queso también es uno de los alimentos más representativos para acompañar el vino. Los quesos cremosos combinan bien con blancos, y los quesos curados de sabor potente, con tintos. Solo con equilibrar comida y vino, la satisfacción del sabor cambia mucho.
Mejor con un aperitivo ligero que con el estómago vacío
El vino tiene un aire sofisticado, pero al final es una bebida alcohólica. Si se bebe con el estómago vacío, la embriaguez puede subir rápidamente. Por eso, es recomendable tomarlo con aperitivos sencillos como queso, frutos secos, aceitunas o embutidos. En particular, los alimentos con proteínas y grasas pueden ayudar a ralentizar la velocidad de absorción del alcohol. En cambio, los aperitivos excesivamente salados o muy picantes pueden interferir con el sabor y el aroma propios del vino. La mejor manera de disfrutar del vino es relajarse y disfrutar con comodidad de la compañía y del ambiente.