¿Son fiables las calorías de la etiqueta? Las ‘calorías reales’ que tu cuerpo absorbe pueden ser otras

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Un equipo de la Universidad Estatal de Arizona desarrolla un nuevo modelo de cálculo que incorpora el papel de la microbiota intestinal

El método actual de cálculo de calorías subestima, de media, en unas 140 calorías diarias las calorías que el cuerpo humano absorbe. Foto=Getty Image Bank

Se repite a menudo que, aunque dos productos indiquen las mismas calorías, comer ultraprocesados como galletas o chocolate engorda más. Un estudio aporta resultados que apuntan en esa dirección.

La cifra de calorías que aparece en las etiquetas puede no coincidir con la energía que el organismo acaba absorbiendo. El motivo es que, durante la descomposición de los alimentos por parte de la microbiota intestinal, cambia el balance final de calorías que obtenemos.

Un equipo de la Universidad Estatal de Arizona (EE UU) ha desarrollado un nuevo modelo matemático, ‘DAMM (digestion, absorption and microbial metabolism)’, que busca predecir con mayor precisión las calorías que el cuerpo humano absorbe al incorporar también la actividad de la microbiota intestinal. El estudio se publicó recientemente en la revista internacional 《PLOS One》.

Los límites de un método de cálculo de calorías con 100 años de antigüedad

Hasta ahora, las calorías de los alimentos suelen calcularse con la ‘fórmula de Atwater’, desarrollada hace más de 100 años. Es un método sencillo: multiplica la cantidad de proteínas, carbohidratos y grasas de un alimento por coeficientes fijos (por cada 1 g: proteínas y carbohidratos 4 kcal, grasas 9 kcal). Es un sistema práctico, pero tiene una limitación clara: no incorpora la actividad de la microbiota intestinal, que desempeña un papel clave en la digestión.

La profesora Rosa Krajmalnik-Brown, que lideró la investigación, explicó: “La digestión no es un proceso exclusivamente humano, sino una cooperación sofisticada entre nuestro cuerpo y la microbiota intestinal”, y agregó: “El modelo DAMM propone un método potente y novedoso para mostrar de forma cuantitativa cómo estos socios microbianos contribuyen al equilibrio energético humano”.

Las ‘calorías ocultas’ que produce la microbiota intestinal

El modelo DAMM desarrollado por el equipo sigue todo el recorrido de los alimentos por el tubo digestivo. Primero calcula los nutrientes que el organismo absorbe directamente en el tracto gastrointestinal superior y, después, analiza cómo los restos no digeridos llegan al colon y son descompuestos por la microbiota intestinal.

El equipo sostiene que, durante la digestión, la microbiota intestinal genera una nueva fuente de energía llamada ‘ácidos grasos de cadena corta (SCFA)’. El organismo absorbe estos ácidos grasos de cadena corta y los utiliza como calorías adicionales. Según el análisis del modelo, la energía obtenida a partir de los ácidos grasos de cadena corta asciende a una media de unas 140 calorías al día, lo que representa aproximadamente el 7,4% de la energía total ingerida. En la práctica, son ‘calorías ocultas’ que el método tradicional de cálculo pasaba por alto.

Al comparar los resultados de un estudio dietético realizado en adultos sanos con las predicciones del modelo DAMM, el equipo comprobó que DAMM estimaba con mucha mayor precisión que la fórmula de Atwater la cantidad real de calorías absorbidas.

Una dieta rica en fibra reduce las calorías totales absorbidas

Las calorías absorbidas, además, varían de forma notable según el tipo de dieta. El equipo proporcionó a los participantes, por separado, una dieta rica en fibra y una dieta occidental basada principalmente en alimentos procesados.

El análisis mostró que una dieta rica en fibra aumenta la producción de ácidos grasos de cadena corta al aportar más sustrato a la microbiota intestinal. Sin embargo, de forma paradójica, cuando se consumió una dieta alta en fibra, el total de calorías absorbidas fue menor. La razón es que, al descomponer la fibra, la microbiota intestinal consume una cantidad considerable de energía para su propia supervivencia y proliferación.

Es decir, cuanto más trabajan los microbios, menos calorías finales llegan al cuerpo. Según el equipo, quienes siguieron una dieta occidental (centrada en alimentos procesados) ingirieron unas 116 calorías más al día que quienes siguieron una dieta rica en fibra. Aun así, las personas que consumieron la dieta alta en fibra sintieron menos hambre.

Esto sugiere que, más que limitarse a reducir la cifra de calorías ingeridas, crear un entorno saludable de microbiota intestinal podría ser más eficaz para la obesidad y el control del peso.

El investigador Taylor Davis, primer autor del estudio, afirmó: “DAMM no es solo una herramienta para analizar dietas, sino un marco diseñado para evolucionar de forma continua”, y añadió: “A medida que se acumule nuevo conocimiento sobre las interacciones entre dieta, metabolismo y microbios, podremos integrarlo en el modelo y hacerlo avanzar conjuntamente”.

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