
Lia, integrante del grupo femenino de K-pop ITZY, mostró el “guante de ducha” como uno de sus básicos de baño. Su elección ha vuelto a poner el foco en la higiene y en el momento adecuado para renovar los accesorios de ducha.
En el canal de YouTube “Lia Choi”, la artista enseñó los imprescindibles que mete en la maleta cuando viaja al extranjero. En el vídeo se la ve preparando productos de limpieza facial y de baño, además de toallas faciales desechables, porque tiene la piel más bien sensible. En particular, sacó una toalla de ducha tipo guante —que se usa colocándola en la mano— y explicó que en casa también utiliza habitualmente un “guante de ducha”, aunque de otro tamaño. Lia dijo: “Como en el escenario hago coreografías intensas, sudo mucho, y a menudo me aplico productos de maquillaje con purpurina en el cuello y el cuerpo”, y explicó que por eso necesita una limpieza minuciosa.
Después añadió: “Antes usaba una esponja de ducha de malla, pero me daba una sensación rara, sin motivo”, y precisó: “En cualquier caso, me molestaba que se quedara ahí, en el baño, siempre mojada”. Recomendó el guante de ducha como un artículo que permite lavarse con más pulcritud. Entonces, ¿esa mala espina, como la que sintió Lia, es una señal de que toca cambiarlo? Repasamos cuándo conviene sustituir los accesorios de baño y cómo cuidarlos para usarlos de forma higiénica.
Que haga mucha espuma no significa que sea un utensilio limpio?
Las esponjas de ducha de malla o las toallas de ducha generan mucha espuma y resultan cómodas para frotar el cuerpo, por lo que es fácil considerarlas “utensilios limpios”. Sin embargo, durante el uso pueden quedar restos de células muertas, sebo, residuos de gel corporal y productos de maquillaje. Aunque por fuera parezca que se han aclarado con agua, en el interior de la malla, plegada y densa, los residuos se quedan con facilidad.
Además, el baño suele tener una humedad elevada y, en muchos casos, una ventilación insuficiente, por lo que una toalla de ducha mojada tiende a quedarse húmeda. En especial, las esponjas de ducha redondas tipo bola, con una estructura de capas superpuestas, acumulan agua con facilidad en el interior y tardan más en secarse por completo. Por eso, si —como dijo Lia— se tiene la sensación de que “se queda mojada y abandonada”, conviene revisar el cuidado tras el uso o la frecuencia de sustitución.
Que haga buena espuma tampoco significa que sea más higiénico. La espuma abundante mejora la sensación de limpieza, pero si tras el uso queda espuma dentro de la malla, puede convertirse, al contrario, en residuo. En particular, si el aroma del gel corporal se impregna durante demasiado tiempo o, pese a aclarar, queda una sensación resbaladiza, puede no ser simplemente “un buen olor”, sino una señal de que permanecen restos de limpiador y residuos de la piel.

En las toallas de ducha tipo guante, aclarado·secado a conciencia
La toalla de ducha tipo guante que usa Lia se coloca en la mano, lo que facilita regular la fuerza frente a una esponja de malla, y tiene la ventaja de que es sencillo sacudir el agua y dejarla secar. También ofrece una portabilidad relativamente buena cuando, como en viajes o desplazamientos de trabajo, hay que llevar los artículos de baño por separado.
Ahora bien, tanto si se trata de un guante de ducha como de una esponja de malla, después de usarlo hay que aclararlo lo suficiente para que no quede espuma, sacudir el agua y colgarlo en un lugar ventilado. Si se deja tumbado en una balda del baño o en el suelo, el agua se acumula con facilidad; por eso es mejor colgarlo para que el agua pueda escurrir hacia abajo.
Si, como Lia, se lleva el guante de ducha dentro de una funda, no conviene guardarlo inmediatamente cuando aún está mojado: hay que secarlo lo máximo posible antes de almacenarlo. Las fundas de viaje suelen estar hechas por dentro de materiales impermeables, lo que dificulta que la humedad salga; por eso también es recomendable dejar la funda abierta para que se seque.

“¿Cuándo lo cambié?” Si hay‧olor o sensación resbaladiza, es señal de sustitución
En el caso de los guantes de ducha o las toallas de ducha, es más realista decidir el momento de cambiarlos según su estado, más que por una fecha fija. Si se han guardado mal estando húmedos y desprenden olor, han cambiado de color o al tocarlos queda una sensación resbaladiza, es necesario sustituirlos.
Asimismo, si el aroma del gel corporal se queda impregnado durante demasiado tiempo incluso después de aclarar, o si la espuma no se va con facilidad, puede considerarse la posibilidad de que se hayan acumulado residuos. También es una señal de uso prolongado cuando la superficie se vuelve excesivamente áspera y se siente como si arañara la piel, o cuando la malla se estira, pierde elasticidad y la forma queda flácida.
Algunas toallas de ducha se pueden lavar, pero si incluso después del lavado persisten el olor o la sensación resbaladiza, es preferible plantearse el cambio en lugar de seguir usándolas. En las esponjas de ducha tipo bola de malla, por su estructura, resulta difícil mantener limpio también el interior, por lo que no usarlas durante demasiado tiempo puede ser una pauta de cuidado realista. La clave de la higiene de los accesorios de baño es no dejarlos mojados durante mucho tiempo y, cuando aparezcan señales que den mala espina, cambiarlos sin posponerlo.
Antes de frotar, empieza por “ablandar”… hay que reducir la fricción en la piel
Para retirar purpurina, maquillaje de color o protector solar que quedan en el cuerpo, como en el caso de Lia, un guante de ducha puede resultar más eficaz que la mano. Aun así, es mejor no frotar de inmediato, sino ablandar primero los residuos de la piel con agua y espuma y después usarlo. Aunque la malla sea más abierta, sigue siendo un utensilio que genera fricción; si se frota repetidamente la misma zona, pueden aparecer sequedad o escozor.
Además, conviene usarlo con la idea de retirar los residuos con la espuma, más que con la sensación de “rascar la suciedad”. En las zonas que no se limpian bien, en lugar de frotar varias veces, es preferible aplicar una vez más espuma y lavar. Si aparecen con frecuencia acné o foliculitis, si se está justo después de afeitarse o depilarse, o si la piel está quemada por el sol, es recomendable no forzar su uso en las zonas donde se note escozor o enrojecimiento.