
En enero se amplía el abanico de opciones de alimentos de temporada. Tras pasar el pleno invierno, cuando la temperatura del agua es la más baja, llegan a la mesa mariscos y pescados con una carne más firme y un sabor más profundo, así como verduras y algas con mayor densidad nutricional. Desde pescados invernales como el capelán, la almeja berberecho, el bacalao y el abadejo, hasta la espinaca, el hijiki, el alga wakame fresca y el taro. Los ingredientes de temporada que crecen soportando el frío intenso ayudan de forma natural a reforzar el organismo. Cuanto más frío hace, más determina el estado físico «lo que comes».
Capelán, con huevas y carne bien llenas
El capelán alcanza su mejor momento en enero, justo antes del desove, cuando las huevas y la carne están más desarrolladas. En esta época, más que a comienzos de invierno, la carne es más tierna y las huevas vienen bien llenas, aportando un sabor profundo a los platos de caldo. Es rico en proteínas y calcio, por lo que ayuda a cuidar la salud muscular y ósea, que puede resentirse con las olas de frío. Va muy bien en preparaciones que se cuecen a fuego lento, como el guiso de capelán o el capelán estofado, y su sabor suave y tostado se integra de manera natural en el caldo. Al cocinarlo, conviene hacerlo despacio a fuego medio-bajo para evitar que las huevas revienten. Si pierde frescura puede aparecer olor a pescado, por lo que es importante cocinarlo cuanto antes tras la compra.
Bacalao, carne firme y sabor más profundo
El bacalao, en enero y febrero, antes de la época de desove, desarrolla una carne más firme y un sabor más intenso. Tiene poca grasa y mucha proteína, por lo que es un pescado fácil de comer incluso en pleno frío. Los platos de caldo claro, como la sopa de bacalao o el caldo limpio, ayudan a calentar el cuerpo y a recuperar el apetito que suele disminuir con el frío. Es rico en vitaminas del grupo B y aminoácidos, por lo que resulta adecuado en épocas invernales de mayor desgaste físico. Eso sí, si se cuece demasiado tiempo la carne puede deshacerse con facilidad, por lo que es importante ajustar el tiempo de cocción. Si no está fresco puede oler a pescado, así que conviene comprobar cuidadosamente el estado de limpieza y preparación.
Abadejo, el pescado reconstituyente tradicional que brilla en invierno
El abadejo se ha considerado desde antiguo un pescado representativo del pleno invierno. Aunque cambie la forma —fresco, semiseco o seco—, en esta estación se consume especialmente mucho. Es rico en aminoácidos, lo que ayuda a la recuperación del cuerpo cansado por el frío, y se caracteriza por resultar suave para el estómago. La sopa de abadejo fresco o el caldo de abadejo son menús reconstituyentes típicos del invierno que ayudan a destensar el cuerpo agarrotado por las bajas temperaturas. Gracias a su sabor ligero, encaja bien incluso en días en los que los alimentos muy condimentados resultan pesados. No obstante, los productos salados o deshidratados pueden tener un contenido elevado de sodio, por lo que conviene moderar la cantidad.
Almeja berberecho, un umami que se intensifica cuanto más baja está la temperatura del agua
La almeja berberecho, en enero y febrero, cuando la temperatura del agua es la más baja, desarrolla una carne más firme y maximiza su umami característico. Por eso se considera que en esta época sabe más intensa que en diciembre. Es rica en hierro y taurina, lo que ayuda a aliviar la fatiga que se siente con facilidad en invierno y a mantener una buena circulación sanguínea. Si se toma hervida y aliñada o en mezcla, se aprecia su textura elástica y ofrece suficiente sabor incluso sin condimentos fuertes. Si no se depura bien antes de cocinarla, puede quedar arena, por lo que hay que tener cuidado. Como tiende a tener cierta salinidad, es mejor no ajustar la sal en exceso.
Taro, un ingrediente reconstituyente oculto que se busca en invierno
El taro se cosecha desde finales de otoño hasta el invierno, pero su consumo real se concentra en invierno. Es rico en almidón y minerales, lo que ayuda a reponer la energía gastada por el frío intenso. En platos de caldo, como la sopa de taro, aporta a la vez saciedad y calidez. También destaca su textura ligeramente viscosa, que envuelve el estómago con suavidad. Sin embargo, el taro crudo contiene compuestos irritantes, por lo que debe consumirse siempre cocinado, y es recomendable usar guantes al manipularlo. Es un buen ingrediente para dar variedad a la mesa invernal.
Espinaca, apoyo a la circulación sanguínea que se vuelve lenta con el frío
La espinaca, en pleno invierno, en enero, desarrolla hojas más gruesas y aumenta su densidad nutricional. Es rica en hierro y folato, lo que ayuda a la circulación sanguínea, que tiende a volverse más lenta con el frío. En especial, si en invierno se tienen manos y pies fríos o se nota fatiga con facilidad, es un buen alimento para añadir a la dieta. Al escaldarla y aliñarla o incorporarla a sopas, la pérdida de nutrientes suele ser baja, y puede consumirse con una cocción breve. También ayuda a equilibrar la dieta en una temporada en la que aumentan los platos grasos. Si se cuece demasiado tiempo puede perder textura, por lo que conviene mantener la cocción corta.
Wakame fresca, la verdura marina tierna que se disfruta en enero
El wakame fresco es un alga que solo se puede disfrutar de verdad entre el invierno y el inicio de la primavera. En particular, el wakame fresco de enero tiene una estructura tierna y un aroma intenso, por lo que es ideal para sopa de wakame o para una ensalada avinagrada. Es rico en yodo y diversos minerales, lo que ayuda a mantener el metabolismo en invierno. Además, si se toma junto con platos marinos grasos, ayuda a limpiar el paladar y dejar una sensación más fresca. Usarlo tras un escaldado ligero favorece conservar su textura y aroma. Si se cuece demasiado tiempo puede volverse correoso, por lo que es importante ajustar el tiempo de cocción.
Hijiki, un alga invernal ideal para reponer minerales
El hijiki es un alga que se recolecta en invierno, y en enero su aroma y sus nutrientes se estabilizan al máximo. Es rico en calcio, hierro y fibra dietética, por lo que ayuda a reponer minerales que tienden a faltar en invierno. Si se utiliza en guarniciones o ensaladas aliñadas, destaca su textura al masticar, y al combinarlo con marisco el sabor se vuelve más profundo. Su aroma característico puede gustar o no, por lo que conviene no excederse con el aliño. Tras escaldarlo y enjuagarlo bien, la textura queda notablemente más suave.