
El camarón, además de sabroso, aporta muchas proteínas y pocas calorías, lo que lo ha convertido en un habitual de las dietas y de la alimentación saludable. Aun así, persisten las advertencias: “tiene un alto contenido de colesterol” o “puede provocar alergias”, y por eso conviene consumirlo con prudencia.
¿Qué efecto tiene realmente el consumo de camarón en el organismo? Recientemente, el medio estadounidense HuffPost repasó sus beneficios para la salud a partir de las recomendaciones de expertos en nutrición.
Para empezar, su perfil nutricional es favorable. Janelle Cornell, nutricionista científica clínica principal de la empresa de salud Viome, explicó: “El camarón es rico en proteínas, bajo en grasa y en calorías, y contiene de forma natural selenio e yodo, entre otros nutrientes beneficiosos para la salud tiroidea”. De hecho, por cada 100 g, el camarón aporta solo alrededor de 100 kcal, pero su contenido proteico alcanza los 20~24 g, lo que lo convierte en un excelente alimento para adelgazar. Otra gran ventaja es que es rico en vitamina B12 y fósforo, y que se encuentra entre los mariscos con menor contenido de mercurio.
Lee Hee-won, profesora asociada del Departamento de Nutrición de la University of South Florida, también señaló: “El camarón contiene abundantes micronutrientes como los ácidos grasos omega-3 y la astaxantina, un potente antioxidante”, y agregó que “esto ayuda a reforzar el sistema inmunitario y la salud cerebral y, si se combina con una dieta equilibrada, también resulta eficaz para el control del peso”.
Ahora bien, el camarón arrastra una preocupación recurrente: el “colesterol”. Por lo general, 8~9 camarones grandes (unos 85 g) contienen alrededor de 170 mg de colesterol, aproximadamente la mitad de la cantidad diaria recomendada para un adulto. De ahí que muchas personas crean que comer mucho camarón elevará de forma brusca los niveles de colesterol en sangre.
En este punto, los expertos insistieron en que el colesterol que se ingiere con los alimentos no influye tanto en el colesterol sanguíneo como suele pensarse. Cornell precisó: “En la mayoría de las personas, la grasa saturada influye más en el colesterol ‘malo’ (LDL) que el colesterol que se consume, y el camarón apenas contiene grasa saturada”.
Sin embargo, la situación es distinta en el 25~30% de “hiperrespondedores”, en quienes el colesterol dietético se traduce en un aumento del colesterol en sangre, especialmente del LDL, conocido como “colesterol malo”. Como estas personas se ven muy afectadas por el colesterol que ingieren, necesitan ajustar la cantidad de alimentos con alto contenido de colesterol, como el camarón.
También conviene extremar la precaución si se padece gota o alergias. El camarón contiene una gran cantidad de purinas, que en el organismo generan ácido úrico, por lo que las personas con gota, hiperuricemia o cálculos renales de ácido úrico deben evitarlo o limitarlo estrictamente.
Tampoco deben pasarse por alto las señales de alarma del cuerpo tras su consumo. Si después de comer camarón se hinchan de repente las articulaciones, se enrojecen y aparece dolor, podría tratarse de síntomas por un exceso de purinas. Si aparecen urticaria, hinchazón o síntomas respiratorios como dificultad para respirar, podría ser una alergia a los crustáceos, por lo que debe interrumpirse el consumo de inmediato. La alergia a crustáceos, como el camarón, es una de las más frecuentes en adultos. Puede aparecer en la edad adulta aunque antes no existiera, por lo que conviene tener cuidado.
