
Las chanclas de baño reúnen las condiciones ideales para que proliferen bacterias y moho. En unas chanclas que no se limpian se acumulan piel muerta y suciedad del suelo del baño. Para evitarlo, conviene lavarlas con regularidad y secarlas por completo.
Por qué proliferan tan bien las bacterias en las chanclas de baño
Las chanclas de baño están expuestas de forma continua al agua y la humedad. Como cada día se les adhieren el agua del suelo, los restos de jabón y la piel muerta, se crea un entorno propicio para la proliferación de bacterias.
En especial, en las chanclas cuyo diseño no permite que el agua drene, es posible que se acumulen suciedad o moho en la zona donde apoya la planta del pie. En las fases iniciales de la contaminación, una limpieza constante y un secado suficiente pueden mejorar el estado higiénico.
Método ultrafácil para limpiar las chanclas de baño
El percarbonato de sodio es un producto de limpieza habitual, eficaz para eliminar moho y malos olores. Primero, prepara una bolsa de plástico lo bastante grande como para que quepan las chanclas con holgura. Después, vierte agua templada y añade aproximadamente 2/3 de un vaso de papel de percarbonato de sodio. En este punto, conviene extremar la precaución: si se usa agua demasiado caliente, el material de las chanclas puede deformarse.
Cuando el percarbonato de sodio se haya disuelto bien en el agua, introduce las chanclas y ata la abertura. Déjalas así durante al menos 30 minutos y, de vez en cuando, da la vuelta a la bolsa o agítala para que la solución de limpieza penetre en todos los rincones de las chanclas.
Hay que guardarlas en vertical para que no se acumule el agua
Pasados unos 30 minutos, ponte guantes de limpieza y frota a conciencia las chanclas con un cepillo. Una vez terminada la limpieza, conviene aclararlas bien bajo el grifo para que no quede solución de percarbonato de sodio. Esto se debe a que, si los residuos de percarbonato de sodio entran en contacto directo con el pie, pueden provocar una irritación excesiva.
Es importante secar por completo las chanclas lavadas en un lugar bien ventilado. Si se dejan secar en vertical, el agua escurre mejor y también se ahorra tiempo de secado. Si, incluso después de ducharte, acostumbras a colocarlas en vertical para que no se acumule el agua, puedes reducir la aparición de moho y malos olores. No obstante, si tras la limpieza persiste la decoloración o el material está dañado, lo recomendable es sustituirlas por un producto nuevo.
