
Entre quienes se han sometido a un implante, una parte importante cree —de forma errónea— que el diente artificial es más resistente que el natural. En la práctica, si el procedimiento evoluciona bien, esa sensación puede aparecer de manera temporal. De ahí que no sean pocos los casos de personas que, sin distinguir entre calamar seco, cecina, cartílago crujiente o cubos de rábano encurtido, mastican con fuerza y acaban regresando al dentista por la rotura de la prótesis.
Por su estructura, el implante es vulnerable a los alimentos correosos y duros. La diferencia decisiva entre un diente natural y un diente artificial tras un implante está en la presencia o ausencia del ligamento periodontal. El diente natural tiene un ligamento periodontal entre el diente y el hueso, que actúa como amortiguador. Ese ligamento absorbe y dispersa el impacto que se genera al masticar.
En cambio, tras el implante, el diente artificial queda fijado mediante una estructura de osteointegración en la que un pilar artificial se une directamente al hueso de la encía. No existe una estructura acolchada independiente que absorba impactos como el ligamento periodontal. La presión que se produce al masticar alimentos correosos y duros se transmite íntegramente a la prótesis y al hueso de la encía.
Un estudio previo de la Facultad de Odontología de la Universidad Nacional de Seúl (mayo de 2023) sitúa en cerca del 58% la proporción de personas con implantes que ha experimentado algún tipo de efecto adverso mecánico. La conclusión se basa en un seguimiento a largo plazo, durante 14 años, de 898 implantes en 428 pacientes odontológicos.
Entre los efectos adversos, el más frecuente fue el aflojamiento del tornillo. También se registraron numerosos casos de fractura (rotura) del pilar que sostiene la prótesis o incluso de la propia raíz artificial. El pilar (Abutment) es la pieza que conecta firmemente la raíz dental artificial implantada en el hueso de la encía (raíz, Fixture) con la prótesis dental final externa (corona). Además, los implantes colocados en la zona de los molares presentaron un riesgo mucho mayor de defectos mecánicos o roturas que los colocados en otras zonas.
Las roturas mecánicas que se producen por masticar de forma forzada tras un implante pueden dividirse, a grandes rasgos, en tres tipos: fractura de la prótesis, rotura de componentes internos y daño del hueso de la encía y de la raíz dental artificial. Primero, el caso en que se rompe la prótesis dental artificial, es decir, la parte más externa o “cabeza”. Suele ocurrir al masticar en exceso alimentos duros y correosos como calamar seco, cubos de rábano encurtido, cáscara de cangrejo marinado o frutos secos. La cerámica especial o el zirconio que forman esa parte no soportan la fuerte presión y se fracturan. Como consecuencia, el borde afilado puede cortar la lengua o la cara interna de la mejilla, o provocar la molestia de que se atasque mucha comida entre los dientes.
Segundo, el caso en que se rompen los componentes internos que unen la pieza superior con la raíz artificial. Ocurre con frecuencia en personas con el hábito de masticación “tipo molino”, que consiste en girar y triturar en dirección horizontal tendones de carne o cecina. El implante es mucho más vulnerable a las fuerzas horizontales de torsión que a la presión vertical. Por ello, el tornillo interno (screw) que fija la prótesis puede aflojarse o incluso romperse. Cuando hay un problema en los componentes, el diente con implante se mueve de forma visible. En casos graves, la prótesis puede desprenderse por completo.
Tercero, el estadio más grave: daño del hueso de la encía y de la raíz dental artificial. Se produce cuando, justo después del implante, durante el periodo de osteointegración en el que el hueso de la encía y el pilar artificial se adhieren, se mastican alimentos duros de forma forzada, o cuando se acumula una sobrecarga en esa zona durante un periodo prolongado. Al no existir tejido que actúe como amortiguador, el impacto se transmite directamente al hueso. Como resultado, el hueso alrededor de la raíz dental artificial dentro del hueso de la encía se reabsorbe de forma microscópica. El implante, al perder su base de soporte, se mueve por completo. En ese caso, hay que retirar totalmente el implante existente y someterse a un nuevo procedimiento (reimplantación).
◇Cómo prevenir la rotura de un implante= Se pueden señalar tres medidas para prevenir la rotura con antelación. Primero, hay que extremar las precauciones durante el primer año tras el implante. Es el periodo en el que se produce la osteointegración, cuando el hueso de la encía y el pilar artificial se unen firmemente, por lo que no debe aplicarse una fuerza excesiva. Segundo, conviene cortar la comida en trozos pequeños siempre que sea posible. Tanto la carne con muchos tendones como la cecina, y también el kimchi de rábano entero o los cubos de rábano encurtido, es preferible cortarlos con tijeras en trozos pequeños y masticarlos repartiendo la fuerza con toda la superficie de los molares. Tercero, hay que acudir periódicamente a revisiones dentales y tomar las medidas adecuadas. El implante no tiene nervios sensoriales, por lo que es difícil percibir por uno mismo la presión al masticar. Se recomienda visitar al dentista una vez cada 6 meses o 1 año para ajustar la altura de la mordida (oclusión) y comprobar que el tornillo interno (screw) no se ha aflojado.
[Preguntas frecuentes]
P1. Si la prótesis del implante se rompe o se mueve, ¿qué pasa si la dejo tal cual?
R1. Si la prótesis del implante se rompe y el borde queda afilado, puede causar heridas en la lengua o la encía y provocar una inflamación secundaria. Si se deja sin tratar el estado de holgura por aflojamiento del tornillo interno, se seguirá aplicando de forma continua una fuerza de torsión en dirección horizontal. Esto puede hacer que el tornillo se rompa o que se dañe incluso la raíz dental artificial dentro del hueso de la encía. Si nota algo anómalo, debe acudir de inmediato al dentista para una revisión.
P2. Me han puesto un implante hace poco: ¿hay algún periodo especial en el que deba tener más cuidado al comer?
R2. Hay que tener especial cuidado durante el primer año tras la cirugía de implante. Este periodo es la fase clave de la “osteointegración”, en la que el pilar artificial y el hueso de la encía se endurecen y se unen firmemente. Si durante este tiempo se mastican de forma forzada alimentos duros o correosos y se transmite un impacto excesivo, la osteointegración puede no completarse correctamente y el hueso alrededor de la raíz artificial puede reabsorberse.
P3. ¿El bruxismo durante el sueño o el hábito inconsciente de apretar los dientes también pueden causar la rotura de un implante?
R3. Sí. Al masticar, los nervios sensoriales regulan la presión masticatoria (presión al masticar), pero durante el bruxismo nocturno o al apretar los dientes se produce una sobrecarga inconsciente de hasta 2~3 veces la fuerza máxima habitual de masticación. Esto genera de forma continua una fuerza horizontal de torsión (masticación tipo molino). El tornillo puede romperse o el hueso de la encía puede reabsorberse. Si tiene este hábito, conviene que el dentista le prescriba un dispositivo de protección en forma de férula (splint) y lo use. Ayuda a utilizar el implante durante más tiempo.
