
Como dice el refrán «con el sol de primavera se saca a la nuera», la luz primaveral influye en la piel más de lo que parece. Es fácil tomarse a la ligera la radiación ultravioleta porque no “pica”, pero en realidad acelera el envejecimiento cutáneo. Los expertos subrayan que «el problema de los rayos UV en primavera es que se perciben como menos irritantes y es fácil bajar la guardia». Si se descuida, puede derivar en manchas (melasma), arrugas y pérdida de firmeza, por lo que son importantes los hábitos de cuidado en el día a día.
Rayos UV en primavera: aunque parezcan más débiles, penetran en profundidad en la piel
La luz de primavera puede sentirse menos intensa que la de verano, pero los UVA, que influyen en el envejecimiento cutáneo, están presentes de forma constante independientemente de la estación. Esta radiación llega hasta la dermis y va dañando poco a poco el colágeno y la elastina.
El problema es que este proceso apenas se percibe. Como avanza sin dolor ni enrojecimiento, la mayoría se confía y, con el tiempo, se manifiesta como pérdida de elasticidad y líneas finas. Además, incluso en interiores puede afectar a través de las ventanas, por lo que conviene protegerse sin importar la estación ni el tiempo.
Preparación antes de salir…en el protector solar, importan el «momento y la cantidad»
Es mejor aplicar el fotoprotector con tiempo y calma que hacerlo deprisa justo antes de salir. Según el producto, puede requerirse un tiempo de absorción, por lo que es importante que se asiente bien sobre la piel antes de salir. También es clave usar una cantidad suficiente. Para el rostro, hay que aplicar más de lo que suele pensarse para lograr un efecto protector adecuado. En lugar de una sola capa fina, es más eficaz aplicar en dos capas.
Reaplicar cada 2–3 horas…el hábito clave en primavera
El protector solar aplicado por la mañana se elimina con facilidad con el paso del tiempo por el sudor, el sebo y el roce. En primavera, cuando aumentan las actividades al aire libre, el tiempo de exposición a los rayos UV se alarga, por lo que se necesita un cuidado adicional. Los expertos recomiendan reaplicar cada 2–3 horas. Si resulta difícil reaplicar con frecuencia, incluso el simple hábito de volver a aplicarlo una vez más después de comer ayuda a reducir el daño cutáneo causado por los rayos UV.
Limpieza inmediata al volver…eliminar también las partículas finas
En primavera, además de los rayos UV, las partículas finas (polvo en suspensión) y el polen también provocan irritación en la piel. Si se mantiene esta situación durante mucho tiempo, puede aumentar la respuesta inflamatoria y facilitar la aparición de hiperpigmentación. Al volver a casa, es importante lavarse la cara lo antes posible para eliminar los contaminantes de la superficie cutánea. En especial, conviene realizar la limpieza con un método poco irritante pero que elimine bien las impurezas.
Y terminar con hidratación…fase de recuperación del daño por rayos UV
La piel expuesta a los rayos UV pierde agua con facilidad y su barrera cutánea se debilita. Si en ese momento no se hidrata lo suficiente, la sequedad puede favorecer la aparición de arrugas. Tras la limpieza, es importante estabilizar la piel rápidamente con una crema hidratante o productos calmantes. Para ralentizar el envejecimiento cutáneo, la fotoprotección debe ir acompañada de un «cuidado reparador».