
En medio de un frío intenso en pleno invierno, aumentan las quejas de que, aunque solo salieron un momento, los dedos se sienten adormecidos y la sensibilidad se ha reducido. No son pocos los casos en los que, al pensar '¿No será frostbite?', terminan buscando atención médica debido a dolor y cambios en la piel. El frostbite no es un problema que solo ocurre en regiones polares. Un pequeño descuido en la vida diaria puede ser el desencadenante. Especialmente, cuando se descuida lo básico de mantener la temperatura corporal, el riesgo aumenta drásticamente.
El problema no es la temperatura, sino el ‘flujo sanguíneo periférico’
El frostbite no ocurre simplemente porque el cuerpo se enfríe. Cuando estamos expuestos al frío, nuestro cuerpo reduce el flujo sanguíneo en las extremidades como manos, pies, orejas y nariz para proteger los órganos vitales. Si este proceso se prolonga, se interrumpe el suministro de oxígeno y nutrientes a los tejidos, comenzando el daño en la piel y los nervios. El problema es que los síntomas iniciales se sienten de manera ligera, como 'frío y adormecido'. En el momento en que uno se siente aliviado porque el dolor ha disminuido, el daño ya puede estar en progreso.
Aunque llevas guantes y calcetines, puede que estén ‘mal ajustados’
Aunque lleves guantes y calcetines al salir en invierno, hay muchas razones por las que puedes sufrir frostbite. Los guantes ajustados o los calcetines de algodón delgados provocan primero el bloqueo del flujo sanguíneo en lugar de mantener el calor. Especialmente, los guantes mojados o los calcetines sudados roban rápidamente el calor corporal, aumentando el riesgo de frostbite. La clave para mantener el calor no es el grosor, sino la ‘capa de aire’. Es importante elegir opciones que mantengan la capa de calor sin apretar las manos y los pies. También es necesario tener el hábito de preparar un extra si el tiempo de salida es largo.
La ilusión de que una copa de alcohol puede vencer el frío
Cuando bebes alcohol en clima frío, sientes que tu cuerpo se calienta. Sin embargo, esto es solo una ilusión causada por la dilatación temporal de los vasos sanguíneos, lo que permite que el calor se escape. En realidad, la temperatura corporal disminuye más rápidamente y la capacidad de regular los vasos sanguíneos periféricos también se reduce. Especialmente, beber antes o después de actividades al aire libre aumenta significativamente el riesgo de frostbite. Es fácil perder las señales de advertencia porque se siente menos frío. Tomar 'una copa' antes de actividades al aire libre en invierno es una elección peligrosa.
La elección de calzado, primero ‘espacio’ antes que ‘aislamiento’
Los pies son la parte del cuerpo donde más frecuentemente ocurre el frostbite. Usar varios pares de calcetines gruesos o forzar el uso de zapatos pequeños puede obstaculizar la circulación sanguínea. Debe haber suficiente espacio para que los dedos de los pies se muevan libremente para mantener la temperatura corporal. También es importante tener una suela que bloquee el frío que sube desde el suelo. Si vas a estar de pie o caminando al aire libre durante mucho tiempo, debes asegurarte de que incluso las botas de invierno tengan un buen ajuste y espacio suficiente.
Cuando la sensibilidad se ha reducido, la acción inmediata es necesaria
Si tus manos y pies se ven pálidos y la sensibilidad se ha reducido, lo primero que debes hacer es moverte a un ambiente cálido. En este momento, sumergirlos repentinamente en agua caliente o frotarlos con fuerza puede empeorar el daño. La regla es calentarlos lentamente a una temperatura tibia similar a la del cuerpo. El hecho de que el dolor regrese no significa que te hayas recuperado. Si hay cambios en el color de la piel, ampollas o dolor persistente, es seguro buscar la opinión de un profesional médico. Debes recordar que el frostbite no ocurre solo por soportar el frío, sino que es el resultado de pequeños descuidos acumulados.
